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Hay preocupación en Europa y en buena parte del mundo. Alemania, el país que alguna vez fue destruido por el nazismo y que después se convirtió en una de las grandes democracias de Occidente, acaba de darle una victoria histórica a la derecha radical. La AfD, Alternativa para Alemania, obtuvo el 43,8 % de los votos en Sajonia-Anhalt.
Para algunos, la noticia despierta inmediatamente el fantasma de Adolf Hitler. ¿Está Alemania regresando a su pasado? La pregunta produce miedo, pero para responderla hay que entender qué está ocurriendo realmente.
¿Está Alemania volviendo al pasado?
No. La Alemania de hoy no es la Alemania de Hitler. Es una democracia constitucional, con elecciones libres, Parlamento, tribunales independientes, prensa libre y una sociedad civil fuerte. Además, está integrada en la Unión Europea y en las principales instituciones democráticas de Occidente.
Pero sería un error utilizar esta diferencia para ignorar el crecimiento de la derecha radical. La AfD está ganando elecciones porque una parte importante de los alemanes está perdiendo confianza en los partidos tradicionales. Para entender por qué, hay que mirar primero el lugar donde acaba de producirse esta victoria.
Un rincón de Alemania que ahora mira el mundo
Sajonia-Anhalt es uno de los 16 estados federados que forman Alemania. Está en el este del país y perteneció a la antigua Alemania Oriental comunista hasta la reunificación de 1990. Su capital es Magdeburgo y tiene algo más de dos millones de habitantes. No es una de las regiones más ricas de Alemania y durante años ha sufrido problemas de población, empleo y desarrollo. Lo que acaba de ocurrir allí importa porque muestra cómo las dificultades económicas y sociales pueden terminar transformándose en un voto de protesta.
El país que alguna vez parecía invencible
Durante décadas, Alemania fue una de las grandes fábricas del mundo. Automóviles, maquinaria, productos químicos y bienes industriales de alta calidad salían de sus empresas hacia todos los continentes. La industria generaba empleos, buenos salarios, impuestos y cotizaciones sociales. Con ese dinero Alemania pudo construir un amplio Estado de bienestar: pensiones para los jubilados, atención sanitaria, protección frente al desempleo y ayudas para quienes necesitaban apoyo.
Era un círculo que parecía funcionar muy bien: la empresa producía, el trabajador ganaba, el Estado recaudaba y la sociedad recibía protección.
Pero ese modelo comenzó a perder velocidad.
Cuando la fábrica pierde fuerza
Los datos recientes reflejan esa dificultad. En julio de 2026, la producción industrial alemana cayó 1,1 % frente al mes anterior y 1,6 % frente a julio de 2025. La fabricación de automóviles cayó 9,2 % en ese mismo mes. Un dato mensual no significa que Alemania esté en ruinas. Significa algo más importante: la poderosa máquina industrial alemana ya no avanza con la misma fuerza de antes.
¿Quién paga la cuenta del Estado de bienestar?
Aquí aparece otro problema menos visible, pero fundamental. El Estado de bienestar es el sistema mediante el cual Alemania protege a sus ciudadanos cuando enferman, pierden el empleo, llegan a la vejez o necesitan cuidados. Trabajadores y empresas aportan recursos mediante impuestos y cotizaciones, y el Estado utiliza ese dinero para financiar pensiones, salud, desempleo y otras prestaciones.
El problema es que Alemania está envejeciendo. Hay más personas que llegan a la jubilación y, proporcionalmente, menos trabajadores para financiar el sistema.
La derecha encontró el descontento
Ahí aparece la AfD, Alternativa para Alemania, un partido fundado en 2013 que con el tiempo se convirtió en una fuerza de derecha radical. El partido propone, entre otras cosas, reducir la inmigración, endurecer el control de las fronteras, defender valores tradicionales, reducir impuestos y disminuir la burocracia.
Su fuerza está en haber conseguido juntar preocupaciones diferentes. Al empresario le habla de impuestos, regulación y competitividad. Al trabajador le habla de empleo y seguridad. A las familias conservadoras les habla de valores tradicionales. Y al ciudadano preocupado por la inmigración le promete mayor control de las fronteras.
Así, la AfD está disputando a otros partidos banderas que durante mucho tiempo parecían pertenecerles exclusivamente: el empleo a la izquierda, la empresa a los liberales y la defensa de la familia y la identidad nacional a los conservadores.
AfD: ¿protesta o nuevo poder?
La victoria de Sajonia-Anhalt demuestra que la AfD ya no puede ser considerada solamente un partido de protesta. Obtuvo casi la mitad de los votos y logró movilizar a ciudadanos que antes no participaban en las elecciones. Una parte del resultado expresa rechazo al gobierno y a los partidos tradicionales; otra refleja preocupaciones sobre inmigración, economía, empleo y futuro.
Pero ganar una elección no significa automáticamente poder gobernar. La AfD obtuvo 39 de los 83 escaños y necesita 42 para alcanzar la mayoría absoluta.
La gran pregunta ahora es si la AfD podrá convertir su enorme victoria electoral en poder de gobierno.
La nueva esperanza
La elección de Sajonia-Anhalt puede ser entendida, entonces, como una advertencia. Cuando la economía pierde fuerza, cuando el futuro genera incertidumbre y cuando los ciudadanos sienten que los partidos tradicionales no los escuchan, el malestar termina llegando a las urnas.
La AfD ha sabido convertir ese malestar en votos.
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