“Me acordé que sí, que fui liberal”

“El agite del trapo rojo me llevaba de cabeza, y aunque burlado una y mil veces la gran prensa de aquellas épocas me corroboraba que había ganado y de lejos”

Por: JORGE RAMIREZ ALJURE
Mayo 18, 2018
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“Me acordé que sí, que fui liberal”

No me llamaron, precisamente, para ser claros; apenas es un decir para considerarme importante, así me cuenten los descorazonados que el gran partido es apenas una asociación de perros y gatos dirigidos por un camaleón.

Pero ahora que estamos envainados hasta el cogote me acordé que sí, que fui liberal. No sé si de la corriente del Gordo García Romero o de César Pérez García, ambos hoy en la cárcel por vergajos, pero el agite del trapo rojo me llevaba de cabeza, y aunque burlado una y mil veces la gran prensa de aquellas épocas me corroboraba que había ganado y de lejos en todas las elecciones.

Nunca me pregunté qué había ganado; me bastaba el titular a 8 coles y seguí votando hasta que me cogió la madurez gritando por copartidarios como Turbay y César Gaviria. Entonces descubrí que estuve extraviado desde siempre, desde que se apellidaba el partido del pueblo hasta que se convirtió en el adalid de la globalización posmoderna para pueblos ignaros como el nuestro.

Porque de liberales estos últimos jefes tenían poco, o mejor no eran liberales como yo lo entendía sino neoliberales. Que nada tenían que ver con el libre desarrollo de mi personalidad y la de mis semejantes sino con la abstrusa economía, que revestida de capitalista salvaje, a fuer de dejarme indefenso ante su inequidad, me podía llevar al destierro burocrático o a ser calificado de terrorista por quejarme de la que creía una inversión de valores insostenible.

Y con aquel sofisma absoluto del que nadie entendía nada entonces ni ahora —pero daba para que los vivos, ya sin arandelas ideológicas desuetas como afirmaban, se siguieran aprovechando de los bobos— el partido enfermo entonces de clientelismo cayó en padecimientos incurables.

A unos líderes los sedujo la maracachafa y la coca, otros abrazaron el paramilitarismo, los demás se transformaron en uribistas, que no sabemos si son maracachafos, coqueros o ilegales o la suma de todos los anteriores, porque aunque a todos los persigue la justicia a ninguno encuentra y a los que encuentra no confiesan ni pío.

Y los menos, entre los que estaría yo, se quedaron en el partido de los caudillos Uribe Uribe, López Pumarejo, Gaitán, Lleras Restrepo y Galán. Y por cuenta de sus convicciones primero mordieron el asfalto los 8 años de la seguridad democrática y solo volvieron a pasar bocado en los otros 8 de su viejo amigo, el descolorido Santos.

Algo hicieron sus alfiles por desempolvar los arrumados ideales: lucharon por la recuperación de tierras, por las víctimas del desplazamiento, por la paz con la Farc, pero ninguna de sus jóvenes promesas —en la política colombiana hasta los 70 todos son jóvenes y son promesas— fue capaz de oponerse a que el gorgojo terminara de arruinarlo.

Dicen que este insecto curculionidae, que a pesar del complejo apellido es muy conocido y proviene de Pereira, se conserva muy bien por fuera —es decir, en el exterior— que penetra en la bolsa cuando menos se piensa y que no obstante el ruido chillón que producen sus colmillos marcados solo se detecta cuando ha acabado con todo.

Y esta vez lo hizo con mi viejo partido y lo reconocí de inmediato. Estás en lo cierto como enseñaba el Chavo, me contestaron los viejos copartidarios. Que de 7 u 8 millones de almas que conocimos las redujo a 2 bajo su perturbador comando, y en plena carrera presidencial dejó colgado de la brocha al quijote Humberto sin posibilidades de salir de la cola ni pegarse a otro cualquiera para disimular la tragedia de su lamentable ingenuidad.

Ante tanta tragedia junta me sonó recurrir a salvarlo de sus incongruencias históricas, de su director, de sus usufructuarios de todas las épocas, tanto políticos como fundamentalistas. Y detrás de aquellos propósitos imposibles salvar al país del odio y la paranoia. ¡Y cómo quisiera hacerlo! Pero al perro no lo gorgojean dos veces.

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