Opinión

A las Farc hay que acabarlas a plomo

El odio embrutece y vuelve sorda y ciega a la gente

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febrero 11, 2016
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Por lo menos 20 millones de colombianos están convencidos de que a las Farc hay que exterminarlas a punta de bala. Si por ellos fuera colgarían de los postes de la séptima a todos los comandantes de la guerrilla y los dejarían tostar al sol hasta que los chulos los dejaran en huesos.

Uno de los miedos más grandes que tienen las Farc es lo que pasará cuando dejen las armas. Sin ellas será más fácil, para esos católicos laureanistas que siguen a rajatabla los designios de los generales y de periodistas del odio como Juan Lozano, Néstor Morales o María Isabel Rueda, perseguirlos y darlos de baja. Ya está pasando con uno de los 18 guerrilleros que fueron indultados. Wilson Antonio López no había cumplido una semana de estar libre cuando ya la Oficina de Envigado se le había aparecido en su casa en la vereda El Salado del municipio de Envigado para amenazarlo de muerte. Los comentarios, ante la denuncia que se publicó en el portal, deja en claro lo que sienten los colombianos por las Farc, John el Realista, por ejemplo, opina: “era lo minimo que merecia esta rata terrorista....lo mas comico es que el gobierno lo cuide y lo mantenga como un parasito incrustado en el colon..:::mientras a los ciudadanos de bien les botan miserias ...::gracias malpa empleado servil del terrorismo.....ah locombia ......jajaja” (sic). Mientras que un tal Carlos Huertas opinaba:  “como ño moñito...lo tenian preso por angelito de los asesinos farianos????? a otro perro con ese hueso, miserable malandrin descarado, otro mas de los infames asesinos que se han ganado la vida robando, matando, secuestrando y violando y ahora si llora como una vieja, se le olvida el daño que hizo pedazo de gusano? ser vil e inmundo, siga tragando del gobierno, ojala su pata se le apiche mas, cerdo guerrillero”(sic).

Es tal el odio hacia la guerrilla que hasta los uribistas, que en su momento le alcahuetearon al senador Uribe minar de bases norteamericanas el territorio nacional, se indignaron con la venta de Isagén no porque le estuviéramos vendiendo el agua a los canadienses sino porque, esa platica, se la iban a “mamar” los “bandidos de las Far”. El odio, azuzado no solo por los medios de comunicación sino por generales como Ómar Rubiano, comandante de la Regional No 4 de la Policía, que cubre Valle, Cauca y Nariño, quien dijo en su momento que “Las Farc matan a los policías por placer” o, cuando hace dos días, el comandante del Ejército Nacional, general Alberto Mejía, se refirió como bandidos y terroristas al ELN después de incinerar tres carros. Al no desescalar el lenguaje al general le queda fácil ordenar a sus hombres disparar a mansalva, exterminarlos como ratas.

Todavía creen que fueron las Farc
las que le pusieron un collar bomba a la señora Elvia Luz Cortés de Pachón,
y que Simón Trinidad es un narcotraficante despiadado

El odio embrutece y vuelve sorda y ciega a la gente. Ellos todavía creen que fueron las Farc y no la delincuencia común las que le pusieron un collar bomba a la señora Elvia Luz Cortés de Pachón, que Simón Trinidad es un narcotraficante despiadado que mató a mucha gente cuando, mientras era gerente del Banco del Comercio en Valledupar, perdonó a todos los deudores quemando los archivos de la institución. Creen que la guerrilla salió por generación espontánea ignorando la desigualdad, traición e injusticia en que sumió una clase dirigente a Colombia cuando el siglo XX empezaba.

Que haya un buen acuerdo de paz en La Habana no significa solo que las Farc puedan llegar al Congreso —como si en ese lugar no hubiera delincuentes— sino que Colombia podría aspirar a una sociedad más justa, más equitativa.  El abandono del Estado y los abusos de la fuerza pública obligaron al campesino a tomar las armas, que las dejen, significa que el país por fin los respetaría como ellos se merecen, como ellos quieren.

Pero, al parecer, todavía no estamos preparados para ser mejores y es por eso que los uribistas están dispuestos a seguir viendo como el Ejército, compuesto en un 90 % por muchachos de estrato 1 y 2, y la guerrilla, que está integrada en un 97 % por campesinos, se siguen matando a plomo.

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