¿A EEUU le conviene el escándalo del "Ñeñe" Hernández?

Para el neoliberalismo es necesaria una paz que genere la confianza inversionista, disminuida por el desprestigio de los Acuerdos de paz por parte del uribismo

Por: Manuel Íbarra
marzo 09, 2020
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¿A EEUU le conviene el escándalo del
Foto: Instagram @josehernandezaponte

El escándalo de la ñeñepolítica, donde consta de nuevo la influencia del narcotráfico como impulsor y verdadero poder detrás del poder de la política colombiana, está demostrando que el país va de nuevo para un nuevo proceso 8.000, al presidente Duque le van a hacer la de Samper vincularlo al narcotráfico y crearle un margen de gobernabilidad; ¿culpable o no culpable? Pues no lo sabemos. Lo que sí es cierto es que hay en marcha un intento por aprovechar sus desaciertos para llegar al poder. Al respecto de lo anterior podríamos afirmar y descartar varias tesis de quien intenta tumbar al presidente Duque.

Se dice que es una campaña de subversión y desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro y ante ello es poco probable que eso sea así, si bien el tener una joya preciosa en cuanto a develaciones sobre la política colombiana, como lo es Aída Merlano, no da para más que alimentar la chismografía política a nivel hemisférico, lo cual es un escenario muy distante a una “conspiración desde la vecindad”.

Afirmar que sea la izquierda colombiana es difícil, ya que el solo canibalismo preelectoral hacia el 2022 lo evidencia, pues vemos ya cómo Robledo y Petro se pelan los dientes y a eso sumémosle las pretensiones de Camilo Romero y el centrista Sergio Fajardo, que si bien no tienen el peso de los mastines políticos como lo son Robledo y Petro, sí le restan votos en caso de no irse a una consulta, entonces pensar en que es la “izquierda” la que esté detrás de atizar el fogón político que se viene levantando menos aun si entre el espectro de lo que se considera “alternativa”. En conclusión, si bien están pulpitas las condiciones para que la “izquierda” llegue al poder, es difícil si el presidente no es depuesto en un juicio político y se convocara a elecciones, menos aun con una “alternativa” que se devora entre sí.

Es muy factible que EEUU esté detrás de ello y esta teoría puede ser cierta en el entendido de que a este país le es favorable girar hacia la paz, pero no la paz de las transformaciones sociales de fondo, sino hacia la paz del neoliberalismo y para ellos su principal obstáculo es el acecho del Centro Democrático, en especial de su ala extremista que a toda costa busca destruir los avances del acuerdo de La Habana que a ciencia cierta, si bien contempla transformaciones sociales, las cuales no se han cumplido, también cesa el fuego de los fusiles de las otroras FARC-EP y entonces una vez eliminado cualquier riesgo para la “confianza inversionista”, lo que viene es eliminar cualquier barrera que se oponga a ese fin y la actual barrera es el ala más recalcitrante del uribismo; esto puede soportarse en que si bien el presidente Duque fue ungido del uribismo en general, está gobernando con lo que el expresidente Santos dejó, de hecho él viene de la escuela del “buen gobierno” y aunque quizás producto de esa escuela, tenga cosas en bien del país, no se lo permiten porque en realidad y de fondo es un subordinado de ese ala extremista que no le permite tomar decisiones concretas y asertivas para con la realidad del país.

A ese ala extremista era claro que le era favorable subir a Duque al poder, porque si bien es un personaje que se ha cultivado académicamente como un moderno adalid de la economía neoliberal, su talante no es el de estadista, no solo por formación sino por trayectoria política, por casta familiar y por ende por su mismo carácter y al dar un salto del congreso a la presidencia es explicable porque de allí  las decisiones que toma y que lo han conducido a que tenga un manto de desaciertos que han creado un clima de incapacidad, que sumado al círculo que lo rodea, pues han alimentado una sensación de ingobernablidad que aflora en cada escándalo que ocurre en cada una de sus carteras ministeriales de gobierno.

A lo sumo previo al escándalo de ñeñe Hernández, se podría pensar que Duque fue puesto como conejillo de indias para que su mismo partido, el Centro Democrático, aunque ese partido de gobierno fungiera como de oposición ante sus decisiones, o sea, lo subieron calculando el caos que iba a ir creando progresivamente y de ese modo vender desde allí mismo, de los recovecos del Centro Democrático, la solución, puesto que una sociedad colombiana acostumbrada al paternalismo político y viendo el fracaso de las democracias corporativas y representativas, puede aplaudir una salida populista de extrema derecha y es explicable incluso en el deslinde que uribistas pura sangre recientemente protagonizaron; pero con el escenario del ñeñe, aquí lo que es evidente es que son los EEUU quienes ahora buscan deshacer del uribismo extremista o más bien de Álvaro Uribe Vélez como tal, pues ya no es funcional a sus pretensiones hemisféricas y geopolíticas, puesto que ya Uribe cuando gobernó por medio de la Seguridad Democrática, les despejó el camino de la “amenaza terrorista” que acechaba tomarse el poder en Colombia, ya Uribe les dejó del camino de la cohesión social que se fundamenta en el asistencialismo con el cual el partido de gobierno reúne fanatismo popular.

Ahora todo apunta a que es obstáculo para la “confianza inversionista” porque se necesita desde el norte un país en “paz” o sea, bajo la paz neoliberal para impulsar la reconfiguración del neoliberalismo continental y la desestabilización de los países de América, que ya no están bajo la órbita geopolítica de los EEUU y es el ala radical del Centro Democrático con Uribe a la cabeza, el principal agente desintegrador  y el espantapájaros de esos intereses de la Casa Blanca, ante lo cual, de seguro lo que se vendrá y no precisamente en Colombia, es buscar armarle el guacal a más de uno rumbo a la extradición y juicio en EEUU y nada raro que Uribe, a quien han intentado asociar con el cartel de Medellín cuando fue director de la Aeronáutica Civil, a quien han señalado de ser apóstol ideológico del paramilitarismo y que, recientemente, han pretendido vincular con el cartel de Sinaloa y el chapo Guzmán, ahora le estén sacando a relucir todo ello y armarle el guacal a EEUU y para ello tienen que sacrificar a Duque en el entendido de buscar salpicarle su elección con dineros del narcotráfico para crearle un manto de ilegitimidad y buscar de pronto por ese lado su salida y el retorno del santismo que se replegó con mala imagen, pero que ahora es la fuerza política que añoran no solo desde amplios sectores de la “izquierda” sino desde los duqueuribistas decepcionados que han visto cómo el ungido ha defraudado sus expectativas.

Además de lo anterior, recordemos que el santismo, con fuertes conexiones periodísticas y académicas viene agazapándose con fuerza, el expresidente Santos una vez salió de la casa de Nariño se replegó a una aparente vida académica en los EEUU y para nadie es un secreto que la mayoría de escándalos como el del Ministro de Defensa y el bombardeo a “niños” de las disidencias tuvo gran eco en EEUU, el escándalo del nuevo advenimiento de las posibles ejecuciones extrajudiciales estalló en el New York Times, el escándalo del reactivamiento del conflicto armado ha sonado con fuerza en EEUU, el oso monumental de Duque con el dossier contra Venezuela estalló precisamente en EEUU en la sede de la ONU; y en general cada “embarrada” de Duque tiene gran eco en EEUU; es así que nada extraño que lo que si haya es una campaña de diplomacia paralela santista en aras de reposicionarse en el poder y solo el santismo es la fuerza política que podría garantizarle a Norteamérica la paz neoliberal que acecha contra los recursos y riquezas colombianas, entonces es muy probable que el aparente retiro de Santos sea la finta que esconde la tormenta institucional que vive la república de Colombia, que incluso puede avanzar hacia salidas civicomilitares como casi sucede ante la ilegitimidad presunta del gobierno de Samper, cuando se decía que iba a ser derrocado por una horda de conspiradores militares y civiles de diversa índole.

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