A crear una nueva cultura para remar juntos

"El surgimiento de una cultura pos pandémica es una necesidad ineludible, exigencia inexcusable para instaurar un nuevo tipo de sociedad"

Por: Mateo Malahora
mayo 15, 2020
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A crear una nueva cultura para remar juntos
Foto: Pixabay

Pareciera que aún estamos en la era del nomeimportismo, sin embargo se abren puertas inéditas  para fundar otros caminos de comunidad.

En el sentimiento de las gentes obra la necesidad de  crear nuevos ejes que sostengan la organización social, y y redefinan nuevos horizontes colectivos.

Durante decenios llamamos lazos sociales a vínculos que no tenían esencias, ni ligazones, ni conexiones, y habían demostrado que, empáticamente, eran endebles en sus relaciones políticas, económicas, culturales y  estéticas, como laborales.

El mismo modo de producción capitalista, que aísla y encierra al ser humano,  quedó  averiado, tanto que los partidos, colectividades y movimientos sociales y políticos se encuentran en la línea de reflexionarlo todo, pensando en nuevas opciones y alternativas que hagan sostenible la equidad social.

Ante la hambruna de los trapos rojos, que desde hace centurias debió ser un clamor en los países pobres, se observa que el mercado mundial, patrocinado por las grandes corporaciones económicas, solo tenía como objetivo único capturar materias primas, fuerza de trabajo depauperada y comercializar sus tecnologías,  ya obsoletas, en las economías periféricas, con efectos letales.

El empobrecimiento de los países del globo, ante el caos existente, demuestra que el llamado poscapitalismo no tenía como objetivo las demandas y reclamaciones nacionales sino la desterritorializacion de los estados dependientes,  que trasladaron a las grandes metrópolis las ganancias, echando por la borda los intereses nacionales.

Es verdad que la geopolítica mundial está resquebrajada, sin embargo, goza de suficiente fuerza para reacomodarse.

Los criterios manualesco del poder financiero mundial, que establecieron categorías tales como “mundos desarrollados” y franjas “subdesarrolladas” siguen siendo los mismos, pero no tienen sentido, porque la globalización del capital ya no es admirable, sino que causa repudio y repulsión por la mundialización de  la pobreza.

El viejo concepto imperial, consistente en que en el mundo funcionaban tres cerebros: el cerebro universal, el segundo cerebro y tercer cerebro, donde los dos primeros merecían el asombro de los inmigrantes, ya no se justifica.

La peste contemporánea rompió con la mentalidad arraigada en el poder periférico, de pueblos y naciones que presumían poder alcanzar el progreso por la vía del subdesarrollo. Quedaron aún más rezagados.

Ante el caos de un Estado que se hundió en la corrupción y la descomposición social, superior al desastre del Corona Virus, nos quedan referentes de cambio como los emprendidos por Noam Chomsky, el senador demócrata de los Estados Unidos, Bernie Sanders,  el brasileño Fernando Hadad, la canadiense Naomi Klein, el pensador brasileño, ex ministro  Celso Amorim, el ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el actor mexicano Gael García Bernal, la escritora Arundhati Roy, el filósofo Srecko Horvat y la alemana Carola Rackete, rescatista de los inmigrantes marítimos en Europa.

Su liderazgo propone movilizar  a los movimientos sociales y partidos en el mundo por la defensa de la democracia, la fraternidad y la equidad.

Buscan sus promotores impulsar la creación de la Primera  Internacional Progresista.

El frente mundial se movilizará contra el autoritarismo, por una vida digna, educación y protección sanitaria gratuitas para más de la mitad de la población mundial y defensa ecológica del planeta.

La Primera Internacional Progresista defenderá la asistencia médica  universal, el derecho a la vida, la protección laboral, la cooperación internacional y sus actores convocan al mundo a “remar juntos”.

La organización aboga por un mundo democrático, igualitario, solidario, ecologista, pacífico, postcapitalista (de economía colaborativa), próspero y plural.

En septiembre —si la pandemia lo permite— se celebrará un congreso en Reikiavik, la capital islandesa, que estará organizado por el partido de Jakobsdóttir, el Movimiento de Izquierda-Verde. En él se planificará la agenda del siguiente año de la Internacional Progresista.

La plataforma será financiada exclusivamente con donaciones y las aportaciones de sus miembros. La organización no permite la financiación, ni la participación, de lobbies, ejecutivos de empresas petroleras, aseguradoras de salud, compañías farmacéuticas, multinacionales tecnológicas, la banca expoliadora, empresas de capital inversionista y multinacionales  agroalimentarias, entre otras.

La Internacional Progresista pretende actuar en tres planos: fomentar la movilización social, espolear la reflexión intelectual y promover la difusión de nuevas ideas a través de una red de medios de comunicación.

Iniciativa viable y no quimérica para nuestros tiempos.

Salam Alykum

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