Cajamarca vs AngloGold: otra historia de David y Goliat

“No se ha debatido con seriedad si lo que más le sirve al país es la explotación a gran escala de recursos naturales o su conservación”

Por: Patricia Cifuentes Osorio
Mayo 03, 2017
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Cajamarca vs AngloGold: otra historia de David y Goliat
Foto: Archivo portafolio.com

El pasado 26 de marzo, en Cajamarca (Tolima), se llevó a cabo una consulta popular. Se les preguntó a los ciudadanos si estaban o no de acuerdo con que allí se ejecutaran proyectos y actividades mineras, de los 6.296 votos, 6.165 respondieron que no. La consulta se hizo concretamente porque la multinacional AngloGold Ashanti (AGA) pretendía adelantar un proyecto a gran escala llamado “La Colosa”, el cual estaba pensado como un distrito minero para explotación de oro.

Ahora bien, AGA es la cuarta explotadora de oro en el mundo y detenta 20 minas de oro en 10 países. Cotiza en las bolsas de valores de Nueva York, Johannesburgo, Accra, Londres, Australia, París y Bruselas. Cerró en 2016 con un flujo libre de caja por valor de $278 millones de dólares, que, comparado con los US$141 millones del 2015, equivalen a un aumento del 97%. Además, En el 2011, fue acusada de contaminar el agua potable en Ghana. De hecho, Greenpeace le dio el premio de la empresa más irresponsable del mundo.

Cabe anotar, que en un documento publicado por la Universidad del Tolima en el 2014  se hacían varios cuestionamientos sobre las consecuencias que traería para los tolimenses la puesta en marcha del proyecto. El informe anota que 50 hectáreas se encuentran en zona de páramos y están además en reservas forestales con alta biodiversidad y en importantes nacimientos hídricos. Uno de los más graves impactos es que en los valles cercanos serán depositadas más de cien millones de toneladas de escombros con altos volúmenes de cianuro y con muy altas probabilidades de generar drenajes ácidos. Los residuos tóxicos serían vertidos en un dique de colas de 1.420 toneladas, el mayor del mundo hasta hoy.

Por estas y otras razones, el pueblo de Cajamarca se pronunció en contra. Sin embargo, no se habían terminado de contar los votos cuando el ministro de Minas y Energía, en nombre del gobierno nacional, afirmó que la consulta no tenía la capacidad de cambiar la ley. Se pretende así dejar sin opciones a la ciudadanía y omitir la exigencia de respetar su territorio para beneficiar a una multinacional.

Un adagio popular dice que “no se cura a un enfermo con más del mismo veneno“.  Esto es exactamente lo que está pasando en Colombia: la explotación excesiva de recursos naturales convertidos por las multinacionales en commodities, es decir, en pura mercancía, para ser negociados en las bolsas de valores del mundo.

No se ha debatido con seriedad si lo que más le sirve al país es la explotación a gran escala de recursos naturales o su conservación. No hay tampoco políticas públicas que obliguen a hacer recuperación efectiva de los ecosistemas intervenidos. Por el contrario, el gobierno nacional da todas las garantías a las empresas extranjeras para hacer lo que se les antoje, no ayuda a las comunidades a organizarse para vivir en armonía con su entorno e irrespeta derechos como los de la consulta previa.

Sin embargo, gracias a la presión de la comunidad, la multinacional decidió suspender el proyecto. El pasado 27 de abril a través de un comunicado afirmó que “diversas razones que van desde lo institucional, lo político, y particularmente lo social con la reciente consulta, nos obligan a tomar la desafortunada decisión de detener todas las actividades en el proyecto y con ello el empleo y la inversión, mientras se le da certeza a la actividad minera en el país y en el Tolima”.

No cabe duda de que esta es una victoria del pueblo de Cajamarca y un ejemplo para el país, mostrando su gran temple muy por encima del talante del gobierno nacional. Es evidente que estos gobiernos separaron hace mucho tiempo su suerte personal de la suerte de la nación y poco o nada les importa el bienestar de Colombia. El país ya no aguanta más. La solución no es seguir administrándole al enfermo más dosis del mismo veneno ni remover unas cuantas manzanas podridas. La ciudadanía debe tomar conciencia y darse cuenta de que el país tiene que cambiar.

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