Fernando Botero en vida y sus herederos no han logrado atajar el mercado ilegal en el que Arcadio González destacó con su habilidad a la hora de copiar gordas

 - El tolimense que se hizo famoso falsificando al maestro Botero y sus obras terminaron en manos de muchos narcos

En los años ochenta, comprar una obra de Fernando Botero en Colombia era diez veces más caro que comprarla en el exterior. Eran tiempos en los que el arte se usaba para blanquear la plata del narcotráfico. Había gente que compraba obras de arte como si estuvieran haciendo mercado.

Fernando Botero era el artista de moda. Todos los narcos querían un cuadro del artista paisa en sus casas como muestra de poder y buen gusto. Aunque también se vendía mucho hiperrealismo, como los desnudos de Darío Morales o los caballos de Manzur, y obras de Obregón, aunque en menor cantidad, o los billares y mujeres de la noche de Saturnino Ramírez, nada se comparaba con el fenómeno de Botero, el cual todavía se respira en las calles de Medellín, en las que se venden réplicas en miniatura de las esculturas del artista junto a fotografías de Pablo Escobar.

Que Fernando Botero fuera el artista elegido por los narcos no era un hecho fortuito; respondía, más bien, a la lógica de que, si las circunstancias lo requerían, sus obras podían llevarse a otro país y venderse a buen precio. Los otros grandes, como Darío Morales, Enrique Grau o Alejandro Obregón, no habían tenido la oportunidad, para ese momento, de ser tenidos en cuenta en las grandes exposiciones de Norteamérica, como sí había pasado con Botero, que desde 1961 figuraba en los grandes salones del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).

La alta demanda por las obras del artista paisa superó su capacidad de producción. Aún así, según Fernando Botero Zea, hijo del artista, quien asegura haber hecho un inventario de los trabajos de su padre, se registra una producción de 2 mil obras realizadas por el antioqueño en las décadas de los ochenta y los noventa. Muchos de estos trabajos fueron, sin duda, encargos de los capos, como se vio cuando estalló el carro bomba frente al edificio Mónaco, donde vivían los Escobar Henao: había un cuadro de Fernando Botero firmado y dedicado a Victoria Eugenia, esposa del narcotraficante.

También le puede interesar: ¿Dónde está la pintura de Salvador Dalí, avaluada en 4 millones de dólares, que los Castaño le robaron a Pablo Escobar?

Tal como lo cuenta Jairo Valenzuela Huertas, fundador y director de la galería Valenzuela Klenner, ubicada en el centro de Bogotá, uno de los efectos más notorios que produjo la desaforada demanda de “Boteros” fue su falsificación.

Entre las falsificaciones hubo unas que se acercaron tanto a los originales que empezaron a ser llamadas “Boteros pal pueblo”, las cuales eran figuras regordetas pintadas con aerosol por el tolimense Arcadio González.

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Una de las primeras en hablar del asunto fue la crítica de arte Marta Traba, quien señaló a González como uno de los muchos falsificadores de “Boteros”. En una entrevista que la argentina le concedió a María Mercedes Carranza en septiembre de 1982 para la revista Semana, aseguró que se encontraba devastada ante la contaminación de obras falsas, hechas por personajes como Arcadio González y patrocinadas por esa clase emergente de personas con recursos ilimitados, que derrochaba dinero sin tener interés ni formación para saber si lo que compraban era realmente bueno.

 - El tolimense que se hizo famoso falsificando al maestro Botero y sus obras terminaron en manos de muchos narcos
Esta pintura de Arcadio González, titulada Lilia, tiene una reinterpretación muy evidente del lenguaje plástico que usó Fernando Botero en su obra Mujer con fruta.

Arcadio González nació en el municipio de Armero, Tolima. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, se especializó en Europa y regresó al país. Fue docente por dos años en la Universidad Nacional y luego escenógrafo de televisión. Posteriormente abandonó los estudios de televisión para dedicarse de tiempo completo a la pintura y a la escultura, presumiblemente porque los “Boteros pal pueblo” que pintó se empezaron a vender hasta en 250 mil dólares, aproximadamente 3.500 millones de pesos de hoy en día, cuenta el director de la galería Valenzuela Klenner.

 - El tolimense que se hizo famoso falsificando al maestro Botero y sus obras terminaron en manos de muchos narcos
Una de las esculturas de González en las que no se ve influencia de Botero es en la “Barracuda de ojos verdes y lágrimas azules”, ubicada en San Andrés, inspirada en un cuento de Simón González.

Producción en masa de Boteros

La falsificación de obras de Fernando Botero es un fenómeno que no se reduce a Arcadio González. Se rumorea que en los ochenta había talleres dedicados a la producción de obras “estilo Botero” para satisfacer los deseos de los narcos.

Además, según Fernando Botero Zea, hijo del maestro antioqueño, la familia ha hecho un esfuerzo enorme en recursos económicos para mitigar y desmantelar el tráfico de falsificaciones de “Boteros”, que se convirtió en una plaga que se expandió por todo el mundo, en particular por China, Vietnam y Tailandia, donde las organizaciones criminales operan con mayor holgura, puesto que las leyes de propiedad intelectual no son tan efectivas como en otras partes del mundo.

Cuando se lo preguntaron, González aseguró que su obra no es una imitación del maestro Fernando Botero. Dijo que podría decirse de ellos que son mellizos, porque tienen casi la misma edad y hay un parecido físico entre los dos, pero que, aunque su obra guarda similitudes por el volumen, él pinta mujeres gordas porque le parecen más bellas que las flacas. Según el tolimense Arcadio González, su trabajo capta la belleza del volumen; en cambio, el de Botero, lo utiliza para burlarse.

También le puede interesar:

El turbio final de Tito Lombana, el escultor de los Zapatos Viejos de Cartagena, donde todos se han tomado una foto

Anuncios.