El famoso cuento titulado "El nuevo traje del emperador", de Hans Christian Andersen, nos enseña que muchos no ven la realidad cuando han sido inducidos previamente a desconocerla. La sinopsis de este cuento trata de un rey extremadamente vanidoso, preocupado solo por su apariencia, sus lujos y su codicia. Dos impostores le prometen un traje de seda invisible que solo los inteligentes pueden ver; todos los cortesanos, por no parecer tontos, aplauden el imaginario vestuario. Solo un niño, con honestidad innata, delata el fraude al gritar: ¡el rey está desnudo!
La moraleja es clara: no se puede creer ciegamente en lo que nos dicen a través de la trampa y el engaño de un disfraz diseñado para pescar incautos. Aterrizando el tema a Colombia, aunque no existen reyes, sí hay políticos que se creen emperadores, dispuestos a eternizarse en el poder violando lo constitucionalmente construido.
Asistimos a una metamorfosis orquestada desde la extrema derecha que busca convertirse en una falsa opción de centro. El disfraz no es creíble, pero les toca disfrazarse de tolerantes siendo intolerantes; expresan amar al pueblo, pero van en contra de sus derechos adquiridos. Se dicen amigos de la clase trabajadora mientras demandan la reforma laboral, o declaran amar a las víctimas mientras piden destruir la JEP.
Disfrazarse de centro para imitar logros que el pueblo identifica como propios del progresismo es una maniobra para ganar elecciones y, tras engañar al elector, regresar a su origen: la ultraderecha insensible y antiderechos. La idea es venderse como moderados o "mosquitas muertas". Hoy visten ese traje imaginario que representa los logros del cambio con los cuales no comulgan, intentando escapar de los demonios que los persiguen. Pero el pueblo ya descifra el viejo truco.
La contienda electoral no es una feria de vanidades ni un espectáculo; la política es el arte de producir ideas y propuestas serias. Hasta el momento, poco se ha visto de esto, exceptuando el programa de Iván Cepeda. Existen candidatos convencidos de que la política es un show, priorizando gustos estrambóticos y "espantajopismo" sobre el programa político. Me refiero al poluto candidato de cuyo nombre no quiero acordarme.
Disfrazarse de centro para que regresen los apellidos sería creer que el rey está vestido cuando está desnudo. Sería regresar al pasado. Los herederos de Laureano Gómez en Salvación Nacional y la casa Valencia representan corrientes a disposición del electorado frente a la candidatura del progresismo con Iván Cepeda, que representa la profundización de las reformas sociales.
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