En la situación de hoy, un poco más de 13 millones de colombianos no tienen ninguna seguridad social y laboran en el rebusque.

 - El lugar común de la informalidad

La informalidad en Colombia ha oscilado entre el 60% y el 55% en los últimos 40 años.

Es decir la mayoría de los trabajadores colombianos, laboran en condiciones por fuera de un contrato laboral que implica, no estar afiliado a la seguridad social de por lo menos la salud, las pensiones y los riesgos laborales, es decir, sin ninguna garantía para su condición de trabajador y por tal motivo todos los riesgos corre por cuenta del propio trabajador, que se llama así, informal.

Esto significa que en la situación de hoy, un poco más de 13 millones de colombianos no tienen ninguna seguridad social y  laboran en el rebusque.

En el cuatrienio del gobierno del cambio de Gustavo Petro, los empresarios cada vez que el Dane ha reportado una disminución del desempleo, inmediatamente contestan que no tiene ninguna importancia que se disminuye la tasa de desempleo, puesto que lo importante es  que se disminuya la informalidad.

Dicha afirmación esconde una circunstancia muy significativa desarrollada por el empresariado.

La mayor tasa de informalidad se da en el campo que ha oscilado entre el 86% y el 82%. Esta situación refleja entonces que de los casi 5 millones, solo unos 800 mil están  con algún grado de seguridad social en los sectores agroindustriales del banano, caña, palma y flores principalmente y unos muy pocos en arroz y en café.

Se puede asegurar entonces que el empresariado en el sector rural, les niega el contrato laboral a aquellos sembradores,  cultivadores y recolectores de múltiples productos agropecuarios, empezando por el café, que a pesar de ser un cultivo histórico y de alguna manera estratégico en la economía nacional, la inmensa mayoría de esas familias cafeteras y los trabajadores que han pasado por dichas fincas, nunca han podido pensionarse, con lo cual siempre se ha señalado la evasión de esta responsabilidad empresarial en el café, posición, además, pusilánime e indiferente de la Federación Nacional de Cafeteros, que a pesar de que han manejado históricamente grandes recursos de la parafiscalidad del producto exportado, sin mayor valor agregado, nunca se han ocupado de los trabajadores.

Esta es una situación humillante para los trabajadores del campo y a pesar de que en la pasada reformada laboral se quiso formalizar las actividades rurales mediante una figura denominada contrato agropecuario, para vincularlos a la seguridad social y el reconocimiento de las condiciones mínimas de un contrato laboral, el Congreso de la República, mayoritariamente de los partidarios del empresariado y de los grandes terrateniente del país, hundieron dicha posibilidad.

Y con ello vamos más o menos percibiendo  que quienes más contribuyen a la informalidad en el campo son el propio empresariado que de esta manera disminuye profundamente sus costos laborales a costa de la sobreexplotación del trabajo rural. Así, la competitividad descansa en el trabajo esclavo en el campo.

La informalidad urbana se ve de una parte en grandes empresas nacionales o extranjeras que mediante artifugios evaden y eluden la responsabilidad contractual.

Por ejemplo la multinacional que produce y distribuye en Colombia  Vive 100 o Bon Ice, o los de Cream Helado que son distribuidos en semáforos, en las vías y en los parques públicos por una serie de personas con algún grado de edad, vestidos con ropas alusivas a dichas empresas, sin que les reconozcan las mínimas condiciones de un contrato laboral como es el salario mínimo y la seguridad social.

Trabajadores de plataformas digitales y entre otros el de los repartidores, que no son considerados trabajadores sino colaboradores y mediante esta artimaña el empresariado evade su responsabilidad contractual

El otro ejemplo muy reconocido es el de los trabajadores de plataformas digitales y entre otros el de los repartidores, que no son considerados como trabajadores sino como colaboradores y mediante esta artimaña el empresariado evade su responsabilidad contractual, desconociéndole el salario, las prestaciones sociales y la seguridad social. Y estas personas señaladas, aparecen en las estadísticas del Dane como trabajadores informales, cuando son realmente evasiones empresariales.

Cada vez que en este gobierno del cambio de Gustavo Petro se ha promulgado alguna medida a favor de los trabajadores como las reformas laboral y pensional, el incremento del salario mínimo vital, reducción de la jornada laboral, decretos que promuevan la negociación colectiva multinivel para trabajadores privados y trabajadores oficiales o la posibilidad de que se restrinjan las precarizaciones laborales derivadas de la intermediación y la subcontratación laboral, los empresarios todos a una, señalan que eso va a fomentar la informalidad y que por tal motivo no deberían reconocerse esos derechos.

Lo que en esencia hay, es una confesión de parte del empresariado, de que cada vez que se reconozcan derechos a los trabajadores ellos procederán a buscar las figuras o los procedimientos para infringir la ley y proceder a mantener una nómina en la informalidad que como ya se ha visto pues reduce los costos laborales y conlleva al trabajador a una condición de esclavo.

Estas cortas anotaciones sobre la informalidad y algunos ejemplos de ello, salta a la vista que los mayores promotores de la informalidad en Colombia es el empresariado y con ello, está íntimamente ligada a la sobreexplotación laboral y al incumplimiento, por tal motivo, de la norma laborales, que siempre ha contado, con la sola excepción en este gobierno, de un ministerio de trabajo cómplice y laxo con el cumplimiento de la ley laboral en nuestro país.

Por eso cuando el empresariado ha sostenido de que ese es el problema más delicado que tenemos en Colombia, es una declaración que esconde, que tuvieron por lo menos 33 años de gobiernos neoliberales y proempresariales, en los cuales nunca se ocuparon del tema.

En pocas palabras fariseos y oportunistas.

El otro elemento ha considerar en la informalidad, es que desde que llegó el neoliberalismo a nuestro país, con la apertura económica y los tratados de libre comercio, una de las fórmulas más apreciadas y a las cuales recurrieron siempre dichos gobiernos, fue a reducir el costo de la mano de obra, mediante leyes y actos legislativos que redujeron los derechos laborales, como la estabilidad laboral, el recargo nocturno, los dominicales  y festivos, el carácter laboral del aprendizaje, la eliminación de los regímenes especiales en materia pensional, la mesada 14, la ampliación de la edad de pensión, la eliminación de las parafiscales de salud Seena y bienestar familiar, entre muchos.

En conclusión la informalidad es parte integral de fórmulas empresariales para reducir los costos laborales, precarizando y exacerbando el trabajo de esclavitud, para aumentar sus altas ganancias y que nos han llevado a tener el vergonzoso tercer lugar en el escalón mundial de la desigualdad.

Postdata: en la reflexión de Semana Santa, ¿vamos a seguir por el cambio?  O...regresa ¿la barbarie?

X: @fabioariascut
 

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