La llegada de Oviedo a la vicepresidencia del uribismo pone a prueba la coherencia de la derecha frente a la diversidad sexual y sus valores tradicionales

La política colombiana siempre se ha adaptado a las necesidades y afanes del momento. Actualmente, ha entrado en una etapa en la que los partidos cambian de narrativas y se transforman utilizando el concepto de “dinamismo”, por eso es normal escuchar que “la política es dinámica”. A meses de las elecciones presidenciales, las fórmulas para vicepresidencias no solo representan equilibrios electorales, sino también contradicciones ideológicas profundas.

En el marco de las candidaturas de 2026, la reciente designación de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial del Centro Democrático abre un debate sobre la coherencia de los discursos conservadores frente a la diversidad sexual. Se observa con preocupación que sectores de derecha han construido una narrativa de rechazo hacia las orientaciones diversas de quienes han ocupado cargos en el gobierno de Gustavo Petro, pero en esta ocasión la relativizan porque el cálculo político lo exige, evidenciando un pragmatismo que desfigura sus propios principios.

Este fenómeno no puede analizarse sin recordar los ataques sistemáticos que han sufrido representantes del progresismo vinculados a agendas de inclusión. El caso del exministro de la Igualdad, Juan Carlos Florián, quien fue blanco de críticas que trascendieron la discusión profesional para situarse en el terreno de la deslegitimación personal, es prueba de ello. La incoherencia emerge cuando quienes promovieron tales críticas adoptan ahora un discurso de libertad de pensamiento para justificar a sus propios aliados.

Los partidos conservadores han defendido históricamente una agenda moral basada en valores tradicionales, como se evidencia en los debates sobre matrimonio igualitario o adopción. Sin embargo, la situación actual exige ampliar las bases electorales, lo que conduce a alianzas que “dinamizan” esas posturas. La designación de una fórmula que rompe con esa tradición no necesariamente representa una apertura ideológica, sino una estrategia que revela la instrumentalización del discurso.

Mientras sectores progresistas plantean la diversidad como un eje estructural de la democracia, algunos sectores conservadores parecen asumirla como una variable estratégica. Esto sitúa la discusión en dos vertientes: ¿avanza la política hacia una apertura cultural o simplemente reproduce lógicas de conveniencia?

Esta columna invita a cuestionar la instrumentalización de los derechos como recurso electoral. Bajo el concepto de que “la política es dinámica”, se condena al opositor por su orientación sexual y se justifica al aliado con esa misma orientación. Ante esta situación, queda el interrogante para el Centro Democrático: la designación de Juan Daniel Oviedo, ¿es una apertura ideológica o conveniencia política?

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