¿Buscan votos o confianza de los mercados? José Manuel Restrepo, Juan Daniel Oviedo y Aida Quilcué entran al tablero en una carrera que redefine las alianzas

 - Esto revelan las fórmulas vicepresidenciales sobre el modelo de país que proponen Abelardo, Paloma, Cepeda y Fajardo

La política colombiana ha entrado en una fase de definiciones estratégicas donde la figura del vicepresidente ha dejado de ser un adorno protocolario para convertirse en un mensaje de fondo sobre el modelo de país que cada candidato propone. Tras la jornada de consultas, el tablero se ha sacudido con anuncios que buscan, en algunos casos, tranquilizar a los mercados y, en otros, consolidar nichos electorales específicos.

Uno de los movimientos que más ha generado conversación es el de Abelardo de la Espriella. Tras su decisión de no medirse en las consultas previas —argumentando que el escenario no ofrecía una competencia proporcional a su peso en los sondeos—, el candidato retomó la iniciativa con un anuncio de alto impacto: la elección del exministro José Manuel Restrepo como su fórmula coequipera. Esta movida es interpretada como un "jonrón" estratégico. Al elegir a una figura con trayectoria de estadista y reconocimiento técnico, De la Espriella parece enviar un mensaje de estabilidad a los organismos económicos multilaterales y al empresariado nacional, sectores que observan con cautela el avance de propuestas alternativas. Con Restrepo, la campaña busca proyectar una imagen de gerencia y responsabilidad fiscal, intentando disipar las críticas de sus detractores que lo tildan de populista o polarizante.

Por otro lado, la ganadora de la consulta uribista, Paloma Valencia, realizó una jugada que ha generado intensos debates internos en su colectividad. La designación de Juan Daniel Oviedo como su fórmula vicepresidencial responde a una lógica de apertura hacia sectores urbanos y alternativos. Oviedo, quien logró un respaldo significativo en la Gran Consulta como una figura de "voto protesta", aporta un perfil de inclusión y modernidad. Sin embargo, esta alianza no está exenta de riesgos. Sectores del "uribismo pura sangre" han manifestado incomodidad ante las posturas de Oviedo sobre el actual gobierno de Gustavo Petro o su identidad como representante de la comunidad LGBTIQ+. El reto para Valencia será demostrar que esta suma de fuerzas agrega valor real a su candidatura y no termina alejando a su base tradicional hacia opciones percibidas como más radicales.

En el espectro de izquierda, el candidato Iván Cepeda optó por una apuesta simbólica y social al elegir a la líder indígena Aida Quilcué. Esta decisión busca replicar, de alguna manera, el fenómeno de representación étnica que en su momento personificó Francia Márquez. No obstante, surge el interrogante de si esta elección logra expandir el electorado de Cepeda o si simplemente consolida los votos que el sector ya tenía asegurados en los cabildos y sectores progresistas intelectuales. A diferencia de Márquez, cuya votación en consultas fue masiva, el peso electoral de Quilcué fuera de sus territorios originales está por probarse.

En el sector del centro, Sergio Fajardo mantuvo su línea de coherencia con el discurso educativo al seleccionar a Edna Bonilla. Aunque Bonilla cuenta con una trayectoria respetable en la academia y la gestión pública, para algunos sectores esta movida resulta "tibia" o predecible, perdiendo la oportunidad de equilibrar cargas políticas con una figura que le aportara mayor tracción electoral en regiones donde el exgobernador ha flaqueado.

El panorama se completa con otras fórmulas que parecen responder a compromisos de gratitud o intentos de división política. Roy Barreras, junto a Martha Lucía Zamora, parece buscar un puente con el sector judicial y sectores afines al exministro Iván Velásquez. Por su parte, Gilberto Murillo sorprendió con Luz María Zapata, en lo que se interpreta como un intento de fracturar las huestes de Cambio Radical, dada la cercanía histórica de Zapata con ese sector. Finalmente, la elección de Leonardo Huertas por parte de Claudia López es vista más como un gesto de reconocimiento interno que como una movida destinada a alterar el equilibrio de fuerzas nacional.

En conclusión, la selección de los "vices" ha permitido a la ciudadanía asomarse a la psicología de las campañas. Mientras unos apuestan por la experticia técnica para "pegarle al tablero" de la economía, otros se deciden por la representación de minorías o el voto de opinión bogotano. En esta carrera hacia la Casa de Nariño, queda claro que las alianzas no son solo una suma de nombres, sino una declaración de principios sobre quiénes estarían listos para asumir el mando en caso de una falta absoluta del titular. La moneda está en el aire y el electorado, cada vez más consciente, evaluará si estas fórmulas son soluciones de crisis o simples guiños electorales.

Sigue a Las2orillas.co en Google News

También le puede interesar:

Anuncios.