El Carnaval de Negros y Blancos se transforma: la campaña "Sin talco" no es solo un cambio de insumos, es un pacto por la salud pública y el medio ambiente

 - Los pastusos volvieron a respirar con tranquilidad cuando eliminaron la nube blanca de talco que los tenia invadidos

El Carnaval de Negros y Blancos, patrimonio inmaterial de la humanidad, atraviesa hoy una de sus transformaciones más profundas y necesarias. La campaña "Carnaval sin talco" no es solo un cambio de insumos; es un pacto por la salud pública y la supervivencia ambiental de una fiesta que amenazaba con asfixiarse bajo su propia nube blanca.

Durante décadas, el uso de talco industrial —a menudo adulterado o mezclado con cal y partículas de sílice cristalina o cuarzo— fue la norma. Además, la Universidad Industrial de Santander (UIS) advirtió de la presencia de moscovita o mica, illita o arcilla, cal viva y otros compuestos minerales usados en industrias como vidrio, cemento y cerámica. El problema radica en que el talco es un mineral que, al ser inhalado de forma masiva y repetitiva, no desaparece, se aloja.

El contacto directo provoca enfermedades respiratorias como bronquitis, asma y la temida silicosis. Y que la salud no sea un juego: los estudios científicos han señalado que el talco contaminado con fibras de asbesto es un carcinógeno comprobado. La inhalación prolongada se asocia directamente con el mesotelioma (un tipo de cáncer que se desarrolla principalmente en los pulmones) y el cáncer de pulmón.

En esta tradición tan arraigada de lanzar talco a los conocidos y desconocidos, no pueden faltar los daños oculares y dermatológicos: las conjuntivitis químicas y las dermatitis de contacto eran el "souvenir" inevitable de cada 5 y 6 de enero.

No se trata de alarmismo. La estructura molecular del talco inhalado actúa como microagujas en los alvéolos pulmonares, causando cicatrización irreversible (fibrosis). ¿Cómo es posible tanta insensatez con el planeta, cuando estamos en el siglo XXI, un tiempo caracterizado por el cuidado a la “Pachamama”? Las energías limpias, los movimientos ecologistas, los animalistas, los partidos verdes, las convenciones mundiales del clima; de nada sirve si no erradicamos una costumbre malsana. La herida ambiental es mucho más que polvo.

El impacto ecológico de toneladas de talco suspendidas en el aire y depositadas en el suelo es devastador: empezando por la contaminación de las fuentes hídricas. El talco no es biodegradable. Al ser lavado por las lluvias o el aseo urbano, termina en los sistemas de alcantarillado y el río Pasto, alterando el pH del agua y afectando la vida acuática. Asimismo, se ve afectada la calidad del aire. Durante los días de Carnaval, los niveles de material particulado en Pasto superaban con creces los límites permitidos por la OMS, creando una "neblina" tóxica que tardaba días en disiparse.

El polvo del llamado talco de residuos industriales permanece por meses en fachadas, calles y suelo alterando su pH. La acumulación de polvos químicos altera la fertilidad de la tierra en parques y zonas verdes urbanas, degradando la porosidad del suelo. El tradicional juego del talco que se hacía con respeto y como muestra de afecto se ha ido perdiendo hasta tornarse en una degradación de padre y señor mío. Si bien es cierto que algunos conservaduristas consideran el juego con talco como una tradición, también está confirmado que más del 90 por ciento de los pastusos estamos con la eliminación del talco del Carnaval de Pasto, así como lo hizo Ipiales y la gran mayoría de municipios de Nariño, Cauca y Putumayo. Lo que quiere decir que el balance social es positivo.

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Con la experiencia vivida en el Carnaval de 2026 se logró demostrar que se puede celebrar una fiesta con inclusión, en la que muchas personas (adultos mayores, niños y pacientes crónicos), que antes se veían obligadas al “auto-confinamiento” para evitar las nubes de talco, ahora pueden salir sin miedo a sufrir una despiadada agresión con este tóxico mineral. Un carnaval sin talco es más accesible.

Los componentes químicos del talco y las espumas de mala calidad deterioran las fachadas coloniales y los monumentos del centro histórico. Otrora había que salir bien protegido con gafas o antifaces para disfrutar de los desfiles; no obstante, los dichosos antifaces se empañaban impidiendo la visibilidad. De igual manera, la falta de visibilidad causada por las "batallas" de talco era el escenario perfecto para hurtos y altercados.

La resistencia al cambio es natural en toda tradición, pero la cultura es un organismo vivo que debe evolucionar para no morir. Cambiar el talco por la cosmética teatral, el body paint, la pintica de cosmético blanco o simplemente el abrazo y la pintura, no le quita la magia a la senda; al contrario, permite que podamos respirar esa alegría por muchos años más. El carnaval debe ser un estallido de color, no un diagnóstico médico.

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