“Un gobernante solo debe convocar elecciones cuando está seguro de que las va a ganar”.
Este es uno de los “mantras” que Fidel Castro les solía repetir a sus aliados como Hugo Chávez, quien siguió el consejo al pie de la letra.
Y es que si algo caracteriza a la izquierda latinoamericana es que cuando accede al poder, difícilmente se vuelve a bajar de él. Y Gustavo Petro no es la excepción a esa regla.
Lo que quisiera Petro es quedarse él en la Presidencia. Pero como la Constitución se lo prohíbe, por ahora, le toca conformarse con que su sucesor sea alguien de su entorno.
La única motivación que tiene Petro para incentivar la convocatoria de una Asamblea Constituyente es establecer la reelección indefinida, porque la Constitución colombiana, como dice María Teresa Garcés, una de las “madres” de la Carta Magna, es de las más incluyentes, garantistas y progresistas del mundo.
El sueño del actual presidente es que el Pacto Histórico logre la mayor cantidad de curules posibles en el Congreso, para que con el apoyo de los “lentejos” que nunca faltan, materialicen ese cambio constitucional para poder ser candidato en el 2030.
El problema para Petro es que, si esa modificación se logra pero el presidente es Cepeda, el que tendrá el sartén por el mango para reelegirse será el actual senador. Por eso ha buscado de todas las formas posible conseguir un candidato más “manejable”.
Pero mientras el candidato sea Cepeda, el gobierno hará todo lo posible para que este sea el sucesor del actual mandatario.
La fórmula que han escogido para ello es una combinación de populismo, terrorismo físico y sicológico, alianzas con los políticos más corruptos y aprovechamiento abusivo del poder. La combinación de las formas de lucha que llamaba Marx.
Nada más populista que el alza del 23% en el salario mínimo. Populista pero efectivo con fines electorales. Al menos en el corto plazo.
Que miles de empleados se vayan a quedar sin puestos, que centenares de pequeñas empresas terminen quebrándose y que la inflación se dispare, poco importa.
Lo importante era pegar duro con las elecciones a pocos meses vista. Y la verdad es que les sirvió, como reflejan las más recientes encuestas. Igual de populista es la rebaja en el precio de la gasolina que, con el alza del precio del petróleo les va a tocar reversar más temprano que tarde. Populismo puro.
Y del aprovechamiento del poder ni hablemos. A lo largo de los últimos cuatro años, este gobierno ha suscrito 600.000 contratos de prestación de servicios, los famosos PS, 300.000 de ellos en el último año. 85.000 solo en enero.
Se trata de 600.000 puestos de trabajo que al Estado le aportan poco pero que en elecciones suman mucho: son 600.000 votos que con las familias que se benefician pueden multiplicarse por dos o tres.
Fórmula idéntica aplicó Petro cuando fue alcalde de Bogotá. En ese entonces los PS enganchados fueron 80.000.
El terrorismo físico lo están ejerciendo los grupos alzados en armas, beneficiados con la paz total de Petro. En alrededor de 300 municipios, estos grupos están constriñendo a los electores y obligarán a votar por los candidatos petristas. Ingenuos los que creíamos que la paz total no servía para nada. Sirve para amedrantar a los votantes.
Y el sicológico lo ejerce el propio Presidente de la República pregonando que el sistema electoral no ofrece garantías y que se va a producir un fraude que va a favorecer a los candidatos de la oposición. Increíble, el Jefe de Estado que es la persona llamada a transmitir tranquilidad a los electores, se ha dedicado a alarmarlos.
Lo cual no es raro porque Petro lleva cuatro años actuando más como candidato que como Presidente.
Las alianzas con los políticos bandidos han quedado al descubierto en los últimos días cuando han sido sorprendidos personas allegadas a esos bandidos transportando gruesas sumas de dinero en efectivo. No se necesita ser muy suspicaz para concluir que el destino de esa plata es la compra de votos en las elecciones de ayer, en favor de candidatos cercanos al Gobierno. Uno de ellos, un conservador petrista.
¡Qué deshonra para el Partido Conservador que algunos de sus congresistas se hayan vendido al petrismo! Si ese partido tuviera algo de dignidad expulsaría de inmediato a esos sinvergüenzas, porque nadie que tenga talante conservador puede aliarse con un gobierno que defiende principios totalmente opuestos a los de ese partido.
No es de extrañar que, con la suma de esos factores, el Pacto Histórico sea uno de los partidos más votados en las elecciones legislativas. Pero sigo pensando que el objetivo de conservar la Presidencia no lo van a cumplir.
Fundamentalmente gracias a que para ganar la segunda vuelta tienen que sumar votos de centro y de centro derecha, lo que un comunista ortodoxo como Iván Cepeda, que además es pésimo candidato, no podrá lograr.
La duda que me asalta es si ese escenario, mayorías en el Legislativo pero sin presidencia para poder ejercer una oposición feroz, no es lo que más le conviene a Gustavo Petro dentro de sueño de regresar para siempre en el 2030.
Del mismo autor: La clase media, la gran damnificada de Petro, escogerá el próximo presidente
Anuncios.


