Juan Bustos y Richard Bedoya han hecho de este negocio una mina de oro con clientes en EE.UU., Europa y Asia que gastan mil millones de dólares al año

 - Un caleño y un paisa mandan en el modelaje webcam, un negocio que Colombia lidera en el mundo

La industria del modelaje webcam —asociada a la industria porno— ya no es un fenómeno marginal: es una economía paralela que en un solo semestre (en 2024) entró a un segmento económico llamado exportaciones de servicios y alcanzó los 4.000 millones de dólares, según el reporte del sector financiero. Es una cifra que en ese mismo periodo de tiempo duplicó las cifras de exportaciones de café.

Cada minuto que una modelo webcam pasa frente a la cámara de su computador, entran cientos de dólares a una plataforma digital alojada fuera del país. Del otro lado de la pantalla está el cliente ansioso que observa, exige y paga a la modelo iluminada por las luces de estudio. La escena se repite miles de veces al día en Colombia. Lo que ocurre en habitaciones cerradas, estudios improvisados o edificios enteros acondicionados para transmisiones en vivo forma parte de uno de los negocios de exportación de servicios más grandes, más lucrativos y menos visibles del país y del mundo.

Expansión en Colombia

El crecimiento del modelaje webcam ha sido rápido. En menos de una década, Colombia pasó de ser un actor secundario en este mercado global, que estaba liderado por Rumania, a convertirse en el país con más modelos webcam del mundo. No hay cifras oficiales que permitan dimensionar el tamaño real del negocio, pero las estimaciones del propio sector hablan de alrededor de medio millón de personas, entre hombres y mujeres, transmitiendo contenido para adultos desde el país, vinculadas a unos 20.000 estudios formales e informales.

La mayor concentración de webcamers está en Bogotá, Medellín y Cali. A ese mapa se suman ciudades intermedias donde el modelo de negocio se replica con rapidez, en casas adaptadas, apartamentos alquilados por meses o pequeños locales que funcionan como centros de transmisión.

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El modelaje webcam funciona como una exportación de servicios digitales. El dinero no lo pone el mercado local. Los principales clientes están en Estados Unidos, Europa y algunos países de Asia. Las plataformas que alojan las transmisiones cobran por minuto, por interacción, por contenido personalizado. El ingreso entra en dólares, pasa por intermediarios tecnológicos y termina en cuentas bancarias, casi siempre extranjeras.

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Oficio inestable

Las jornadas de un webcamer pueden ser de cuatro, seis u ocho horas diarias. El ingreso económico depende de múltiples factores: el tiempo en línea, la capacidad de mantener clientes conectados, el tipo de interacción que se ofrece, el dominio del inglés u otros idiomas, la constancia. En promedio, una modelo puede ganar entre 5 y 50 millones de pesos al mes y hasta más, con diferencias marcadas entre quienes logran posicionarse y quienes apenas sostienen ingresos básicos. Es una actividad inestable. Hay meses de alta demanda y otros en los que la competencia global y los cambios en los algoritmos de las plataformas reducen las ganancias. Aun así, para muchas personas, el dinero que deja el modelaje webcam supera con creces los salarios del mercado laboral formal.

En el terreno, la dinámica diaria es menos abstracta. La mayoría de las modelos no trabaja desde su casa. Lo hace en estudios que alquilan espacios equipados con cámaras, computadores, micrófonos, luces, conexión de alta velocidad y, en muchos casos, personal de apoyo. Cada habitación está pensada para simular un ambiente íntimo, aunque detrás de la puerta haya un pasillo con decenas de cuartos idénticos, turnos organizados por horarios y supervisores que revisan que la transmisión no se caiga. Los estudios se quedan con un porcentaje del dinero que generan las transmisiones. A cambio ofrecen infraestructura, soporte técnico, capacitación básica en el uso de plataformas y, en algunos casos, asesoría para aumentar ingresos.

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Talento nacional

El negocio también tiene una estructura empresarial sólida. En Colombia dos nombres pesan más que el resto en esa rentable industria. Por un lado, está Juan Bustos, empresario paisa que construyó en Medellín uno de los grupos más influyentes del sector, que incluye red de estudios, plataformas de asesoría y esquemas de acompañamiento para nuevos emprendimientos. Por el otro está Richard Bedoya, empresario caleño que profesionalizó la operación de estudios a gran escala y consolidó un modelo de expansión basado en la capacitación, la estandarización de procesos y la exportación directa de servicios digitales. Ambos entendieron rápidamente que el negocio no estaba en abrir un solo estudio, sino en crear estructuras que permitieran escalar la operación, formar operadores, atraer inversionistas y conectar la producción local con plataformas internacionales.

Ese proceso de expansión transformó el mercado. Lo que empezó como una actividad dispersa, sostenida por pequeños grupos, se convirtió en una industria con cadenas de valor. Hay empresas que se dedican solo al montaje de estudios, otras a la formación de modelos, otras al manejo de pagos internacionales, otras a la creación de contenidos de apoyo y posicionamiento en plataformas. La inversión para adecuar una habitación puede ser alta en relación con los ingresos promedio del país, pero el retorno suele ser rápido si la operación se sostiene en el tiempo.

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El crecimiento, sin embargo, no ha venido acompañado de una regulación clara. Gran parte de los estudios opera en un limbo legal. Algunos están formalizados, pagan impuestos y reportan ingresos. Otros funcionan como negocios de garaje, sin controles laborales claros ni supervisión estatal. La falta de reglas específicas ha generado riesgos en materia de derechos laborales, prevención de delitos financieros y protección de quienes trabajan en el sector.

El modelaje webcam se ha convertido en una opción laboral para personas de perfiles muy distintos. No solo participan jóvenes sin formación técnica, también hay profesionales que llegaron a esta actividad después de enfrentarse a los contratos inestables y los bajos salarios del mercado laboral formal. La actividad webcam es atractiva no solo por el ingreso, sino por la flexibilidad de horarios y la posibilidad de generar grandes sumas de dinero para una economía global desde una habitación en Colombia. Esa combinación explica, en parte, por qué el país lidera la lista con el mayor número de modelos webcam del mundo.

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