Los barrios que debe recorrer si realmente quiere saber por qué Cali es la capital mundial de la salsa

Reducir la salsa de Cali al barrio Obrero es desconocer una historia viva que nació y se expandió por múltiples barrios donde la rumba siempre fue diversa

Por: Germán Peña Córdoba
enero 31, 2026
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Los barrios que debe recorrer si realmente quiere saber por qué Cali es la capital mundial de la salsa

En un artículo de la página Planeta Salsa se afirma que la mayoría de los turistas nacionales y españoles que hoy asisten al barrio Obrero, en su natural desconocimiento de nuestra realidad cultural, conceptúan que “Cali no es la capital mundial de la salsa, porque este fenómeno se reduce solo al barrio Obrero”. Acotar el ambiente salsero de Cali única y exclusivamente al barrio Obrero denota un desconocimiento inconmensurable. El fenómeno de la salsa se encuentra arraigado en el corazón mismo de los barrios caleños y en la espontánea alegría del caleño raizal.

El caleño, por naturaleza, es un buen bailarín. A principios de la década de los años sesenta, los raizales y los migrantes del Pacífico acogieron como propios el movimiento pachanguero, el boogaló y los ritmos afroantillanos.

No voy a demeritar la importancia del barrio Obrero en la historia de Cali ni la reivindicación de su papel en la lucha obrera, de donde se origina su nombre. Por más de 100 años su protagonismo social ha sido innegable, pero su actual boom salsero es relativamente nuevo, impulsado por una muy buena publicidad de la Alcaldía de Alejandro Eder y por los sitios emblemáticos que han surgido, como El Chorrito Antillano, Melaza, La Nelly-teca, La Matraca y el Museo de la Salsa, entre otros.

La reestructuración del territorio por parte de la Alcaldía no es mala per se. Es positiva la renovación urbana y que se reescriba la historia del barrio. Lo que no se ajusta a la realidad es la narrativa oficial, que impone un discurso que se posiciona como verdad y termina deformando nuestra realidad urbana y cultural.

En décadas pasadas, el barrio Obrero se distinguía por ser un sitio de bares y cantinas como La Chicharrona, donde se escuchaba música antillana. Sobre la carrera Octava, desde la calle 15 hasta la calle 25, abundaban los sitios de prostitución. Existían cuchitriles, chochales y metederos como La Sombrita de Aurelio, Huevo Fijo, Mickey Mouse, Caracoles, Monte Blanco, El Campín, La Casa de las Muñecas de Victoria Lozano o la casa de Alfonso Noreña. Hoy, “La 20”, famosa por el servicio que presta, es un coletazo urbano de esa realidad. La excepción era un “hueco” llamado Oriente, donde sonaba música extraordinaria, aunque el olor a orina fermentada y la nube de humo de cigarrillo competían con la calidad musical.

La rumba en Cali, desde lo urbano, siempre ha sido fragmentada, no concentrada. En ello tuvo un papel preponderante la Zona de Tolerancia en la década de los cincuenta, en el barrio Sucre. El barrio San Nicolás fue fundamental con sitios como el Grill San Nicolás, Honka Monka, Serapio, El Chorrito Musical del Pastuso Burbano, La Habana Club, el Grill Escalinata y el Grill Río Cali, con su maní saladito.

Dentro de esa fragmentación se encuentra el papel casi ignorado del barrio Popular, invisibilizado por muchos analistas del fenómeno salsero. Lugares como El Maizalito y Oro Negro fueron emblemáticos, y de allí era Óscar Victoria, “El Tosco”, gran bailarín de tango y milonga. El barrio Villanueva también fue destacado: de allí era “El Loco Villanueva”, luego llamado Jimmy Boogaló, y contaba con sitios como El Farito, El Bataclán y Donde Yessit.

El barrio Meléndez fue igualmente importante, con El Aguacate, de Adán Martínez “Cucaracho”, el balneario Casa Blanca, El Jardín, Richie Ray y Las Delicias. La calle Quinta, entre las carreras 39 y 42, con todos los grilles, era un ambiente increíble y lugar obligado del caleño auténtico. El caleño que se respetara asistía a La Chica de Rojo de Jairo Varela, al Grill Mexicali, a Cañandonga, El Gusano Verde, Manhattan, La Jirafa Roja, La Manzana y El Patio de Jaime Caicedo Caicedo, “El Grillo”.

La calle 15 vibraba intensamente. El tramo entre la carrera Segunda y la calle 10 era un hervidero. En la 15 con carrera Segunda se instalaba la caseta de los hermanos Ospina, epicentro de la Feria de Cali. Allí se destacaban sitios como Cardenales, Las Trompetas de Oro, Picapiedra, el Grill Bar La Quince, Club Palacios, Nataly y, llegando a la Octava, el grill El Popy.

El barrio Salomia se destacó con Marcia, Marte y la Terraza de Salomia. Belisario Caicedo con la Terraza de Siloé y el Club El Dorado. La Calle del Pecado, en pleno centro, albergaba sitios como Kontiki, Las Jotas, Maunaloa y Chira. La carrera Octava, entre las calles 25 y 34, concentró discotecas como Chacarel, El Infierno, Séptimo Cielo, Cabo Rojeño, Nuevo Mundo y La Flauta.

Finalmente, la joya de la corona de la fragmentación salsera: Juanchito. Con establecimientos como el icónico kiosco Agapito, Juan Pachanga, El Rodadero y El Abuelo Pachanguero. Allí no era raro ver a Héctor Lavoe, Alfredito de la Fe o Humberto Corredor. Juanchito, aunque jurisdicción de Candelaria, es Cali y fue un carnaval permanente.

Menga es un fenómeno relativamente nuevo. Alameda, hoy Zona Rosa, tiene más de 120 años de historia y es más antiguo que el Obrero. San Fernando tuvo sitios inolvidables como Palma Soriano, El Gato con Botas y el Grill El Escondite. También deben mencionarse los salones de baile del Club San Fernando, donde tocaba permanentemente la orquesta de Lucho Bermúdez, aunque el clasismo de la época impedía el acceso a muchos.

Decir que solo el barrio Obrero es el epicentro de la salsa en Cali es un profundo dislate y un gran desconocimiento de la ciudad. Sin demeritar su historia, el papel del barrio Obrero no fue el que hoy, con evidente desconocimiento, se pretende imponer como verdad absoluta.

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