La salida de María Fernanda Cabal no representa una crisis para el uribismo

La reacción de ciertos sectores frente al Centro Democrático revela más revanchismo político que crítica seria. La salida de Cabal no pone en riesgo al partido

Por: FABIO CLARETH OLEA MASSA
enero 29, 2026
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2orillas.
La salida de María Fernanda Cabal no representa una crisis para el uribismo

“Al caído, caerle” resume con precisión la actitud de sectores que hoy se ensañan contra el Centro Democrático. No los mueve la crítica constructiva ni el debate de ideas, sino el afán de causar daño reputacional. Se trata de un revanchismo político que ignora deliberadamente los hechos y descontextualiza la historia reciente del país. Lo más grave es que varios de sus críticos más feroces fueron, en su momento, militantes del propio partido.

Se entiende el dolor de un padre, como el de Miguel Uribe, pero no puede achacarse al partido responsabilidad alguna por lo ocurrido con su hijo, ni convertir una legítima frustración personal —como no haber sido escogido candidato presidencial— en argumento político.

No se puede analizar la situación actual sin un ejercicio de memoria honesto. Mientras algunos aprovechan el momento para dar por políticamente acabado al partido, pasan por alto que, bajo el liderazgo de Álvaro Uribe Vélez, Colombia recuperó el orden público y permitió que la ciudadanía volviera a transitar las carreteras sin temor. También impulsó la confianza inversionista, sacó a la economía del estancamiento y convirtió al país en un destino atractivo para la inversión, el crecimiento y la generación de empleo.

En la política colombiana se ha vuelto costumbre leer cualquier diferencia interna como sinónimo de debilidad o fractura irreversible. Se confunde el debate con la crisis y la pluralidad con el colapso. Esa lógica, amplificada por las redes sociales y los cálculos electorales, alimenta narrativas interesadas que buscan erosionar la credibilidad de los partidos más que comprender su dinámica interna. El Centro Democrático no es ajeno a esa realidad, pero tampoco puede ser reducido a ella.

Las diferencias internas son normales en cualquier partido político. Para eso existen los estatutos: fijan derechos y deberes y establecen los procedimientos e instancias para la toma de decisiones y la resolución de conflictos. La afiliación —como el retiro— es un acto de voluntad personal; quien no desee continuar en el partido está en su derecho de expresarlo y apartarse.

La legitimidad de las decisiones y la fortaleza del partido

A raíz de la decisión de la senadora María Fernanda Cabal de abandonar el partido, han arreciado las críticas. Se afirma que la colectividad está en crisis, que Álvaro Uribe Vélez perdió su liderazgo y que no existe transparencia en sus procesos internos, especialmente en la selección de la candidata Paloma Valencia. Incluso José Félix Lafaurie, esposo de Cabal, ha hablado de un presunto fraude. Todo ello ocurre en pleno calendario electoral, a pocas semanas de las elecciones de marzo para las consultas y el Congreso de la República.

En el fondo, se trata de un ejercicio de revanchismo político que se explica por la animadversión de sectores que ven en el Centro Democrático una fuerza con peso real —ha puesto tres presidentes— y por la simpatía que sigue despertando en millones de colombianos su máximo dirigente, Álvaro Uribe Vélez.

El caso de la senadora Cabal no es menor. Se trata de una figura representativa del partido: militante disciplinada, leal y coherente con su ideología. Su aspiración presidencial era legítima, una aspiración que se ganó y que supo esperar. Creyó que esta podía ser su oportunidad, pero los resultados de la consulta interna no le fueron favorables. Tiene pleno derecho a expresar su inconformidad y a decidir su futuro político como a bien tenga.

Su decisión de abandonar el partido es respetable y, aunque pueda significar la salida de algunos de sus simpatizantes, no autoriza a presentar ese hecho como prueba de un supuesto colapso. El Centro Democrático sigue siendo una colectividad con estructura y presencia real: cuenta con representación significativa en el Congreso y en las regiones, y presenta una lista sólida para las elecciones de marzo, en la que figuran nombres de peso, incluido el del expresidente Álvaro Uribe Vélez en el puesto 25. Con ese respaldo, Paloma Valencia llegará fortalecida a la consulta.

Quizá lo cuestionable no sea el fondo de la decisión, sino la forma como se manejó. Faltó prudencia y, sobre todo, acudir primero a las instancias internas del partido para tramitar las diferencias, evitando dar el papayazo a los adversarios políticos.

La solidez de un partido no se mide por la ausencia de tensiones, sino por su capacidad para resolverlas dentro de la institucionalidad. El Centro Democrático enfrenta este momento con reglas claras, estructura organizada y un liderazgo reconocido, elementos que no se evaporan por una decisión individual, por respetable que sea. Quienes hoy anuncian su derrota confunden el ruido del momento con la realidad política del país. En política, como en la historia, las crisis verdaderas no se proclaman: se demuestran. Y el Centro Democrático, hasta ahora, sigue de pie.

También le puede interesar:

Anuncios.

Anuncios.

0
Nota Ciudadana
El sofisticado plan de los gringos para coger a Maduro usando drones, hackers y tecnología de guerra

El sofisticado plan de los gringos para coger a Maduro usando drones, hackers y tecnología de guerra

Nota Ciudadana
La confusa temporada en el Chocó donde petristas y uribistas cambian de bando por conveniencia

La confusa temporada en el Chocó donde petristas y uribistas cambian de bando por conveniencia

Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus