Opinión

El “Eje del Mal” caribeño con Petro en la cabeza de Trump

Petro debe elegir: colaborar con la democracia o seguir confrontándola

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enero 25, 2026
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Nunca en décadas un gobierno cuestionado por prácticas políticas corruptas, con un proyecto económico que ha empobrecido al país y a meses de abandonar el poder, será obligado a un giro tan dramático por parte de su principal socio comercial.
Eso es lo que enfrenta hoy el gobierno de Gustavo Petro, y el escenario donde quedará claro es la Casa Blanca, el 4 de febrero ante Donald Trump.

Durante meses, Petro buscó un encuentro con Trump. No fue una coincidencia diplomática: fue una insistencia política. Trump se lo concedió en un momento en el que Colombia está más presionada que nunca. En geopolítica, las reuniones decisivas se conceden cuando uno tiene poder de imponer condiciones, es el caso con Trump

Lógicamente, tras la reunión, Petro saldrá con un discurso conocido, casi predecible.

Ya lo hemos escuchado antes. Tras reuniones con presidentes, organismos multilaterales o gobiernos con los que tenía tensiones, Petro ha recurrido a expresiones como:

“Hemos llegado a importantes acuerdos que benefician a ambos países”. “Siempre he dicho que el diálogo es el camino”. “Colombia y Estados Unidos son socios estratégicos que comparten una visión común”. “Se ha fortalecido la cooperación en temas clave”.

Estas frases son parte de un patrón comunicacional: presentar como consenso lo que en realidad es un ajuste obligado, y como coincidencia lo que fue corrección de rumbo.

“El Eje del Mal” caribeño

Conviene decirlo sin rodeos. El “Eje del Mal” original, formulado por George W. Bush, se enfrentó con guerras, invasiones y discurso morales; costó miles de vidas y dejó regiones enteras inestables. Tomándome la licencia de lo nombrado por Bush, Donald Trump hace lo contrario con el nuevo “Eje del Mal caribeño”: Venezuela, Cuba, Colombia y pronto Nicaragua. No dispara, asfixia; no invade, condiciona; no derroca, doblega. Usa sanciones financieras, presión comercial, aislamiento selectivo y exigencias medibles para forzar giros de política y ordenar transiciones a su gusto. Es menos épico, más directo y, sobre todo, mucho más eficaz: no produce mártires, produce gobiernos alineados que hablan de acuerdos mientras ejecutan correcciones que no habrían hecho por voluntad propia, a pesar de que la mayoría de la población no aprueba sus practicas destructivas que llevan a la pobreza, a la represión, al asesinato, etc.

La realidad que el discurso tratará de ocultar

Mientras Petro habla de “acuerdos”, Trump hablará de exigencias cumplidas o incumplidas. Los números estarán ahí, aunque no se mencionen en la conferencia:

Más de 300.000 hectáreas de cultivo de coca, muchas de ellas optimizadas para un mejor rendimiento y más protegidas genéticamente contra las plagas.

Más de 3.000 toneladas de producción potencial anual de cocaína, Las que llegan a Estados Unidos representan el 90% del consumo.

Decenas de miles de desplazados por violencia relacionada con economías ilícitas y disputas territoriales.

Un conflicto comercial con Ecuador que involucró aranceles del 30 % sobre productos colombianos, en un comercio bilateral de USD 2.000- 2.500 millones.

Más del 75 % del territorio en manos de la narcoguerrilla, los grupos criminales y de políticos corruptos.

Eso no se resuelve con frases; se resuelve con órdenes operativas.

El choque con Ecuador: un espejo incómodo

El conflicto arancelario con Ecuador ilustra cómo los problemas internos se traducen en episodios que Washington interpreta como falta de control regional con el narcotráfico. Cuando un vecino aplica 30 % de aranceles por seguridad y déficit comercial aparente, y Colombia responde con medidas espejo, los estadounidenses ven desorden doméstico, no sofisticación diplomática.

Aquí aparecerá Trump arreglando el problema entre Ecuador y Colombia, pues es bien sabida la permisividad de Petro en la frontera con Ecuador al no combatir el narcotráfico.

Venezuela y Cuba: líneas rojas

Con Cuba y Nicaragua en el radar estadounidense, el mensaje es claro: la Casa Blanca busca cooperación práctica, no debates ideológicos. Y un gobierno que ha sido sancionado personalmente en Washington llega a esta reunión en una posición donde no es el que marca las reglas, sino el que tiene que demostrar con hechos que está dispuesto a cumplir con lo que se le exige.

China: la línea que no se puede cruzar

Petro podrá seguir diciendo que busca “diversificar relaciones”. Trump será explícito: comercio, sí; alineamiento estratégico con China, no. Puertos, energía y telecomunicaciones son líneas rojas.

Cifras antes que discursos

La visita del 4 de febrero no será recordada por lo que Petro diga al salir. Será recordada por lo que Colombia tenga que cambiar después. Porque en geopolítica los discursos cuentan poco cuando las sanciones, las órdenes operativas y las líneas rojas pesan más.

Y para Gustavo Petro, esta reunión no solo será un examen de política exterior: será un punto de inflexión que lo seguirá por el resto de su vida política.

Votar o resignarse: la democracia no sobrevive al odio ni a la improvisación

El mensaje es sencillo: un país debilitado termina obedeciendo afuera lo que destruyó adentro. La deriva petrista, marcada por odio, persecución, ignorancia, corrupción al más alto nivel y demolición institucional, ha puesto a Colombia contra la pared. La salida es democrática y concreta: votar bien. Este 8 de marzo, se deben elegir buenos congresistas para recuperar contrapesos; y luego ganar en primera vuelta con un candidato(a) serio(a), con programa y carácter, que saque al país de esta destrucción. Defender la democracia hoy es votar. No hacerlo es entregarla.

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