En una sesión extraordinaria en un amplio salón de París se hizo un cambio de presidencia en el comité encargado de cuidar los bienes culturales del mundo. La nueva cabeza del prestigioso grupo será la barranquillera Laura Guillem, quien tendrá en sus manos la conducción de una de las juntas más importantes de la Unesco: la que se ocupa de los bienes culturales que fueron extraídos, saqueados o trasladados sin retorno.
Guillem es una abogada de la Universidad Javeriana que fue nombrada en el cargo cuando comenzó el gobierno Petro con Álvaro Leyva como canciller. Casada con Álex Vernot, ha desarrollado su carrera profesional con independencia y su nombre fue la primera carta de Petro para que lo representara como embajadora en Francia, pero finalmente tomó las riendas de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), donde acaba de conseguir este nombramiento que para Colombia es clave si se tiene en cuenta de la gran cantidad de bienes patrimoniales protegidos por la Unesco.
#Noticia 🗞️ | Colombia asume la presidencia del Comité Intergubernamental de la @UNESCO para Fomentar el Retorno de Bienes Culturales a sus Países de Origen o su Restitución en caso de Apropiación Ilícita (ICPRCP). 🧵 👇https://t.co/YgpdbS1nGg pic.twitter.com/HkDKQjWFhi
— Cancillería Colombia (@CancilleriaCol) January 15, 2026
Bienes patrimoniales colombianos protegidos por la Unesco:
Colombia tiene un inventario de bienes culturales —materiales e inmateriales— tan amplio como revelador. Cuando la Unesco declara un bien como patrimonio, le da al país la responsabilidad de conservar y cuidar el bien por el valor universal que le da el reconocimiento.
No obstante, por lo menos en Colombia, ese reconocimiento contrasta con una realidad incómoda. Muchos de estos bienes sobreviven más por la terquedad de sus comunidades que por la acción decidida del Estado.
Por ejemplo, Palenque de San Basilio, un pequeño pueblo pintoresco donde sus menos de 4.000 habitantes parece que viven en una parranda eterna, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2005 por su lengua el criollo palenquero. No obstante, la falta de políticas estatales para la preservación de este vocablo ha hecho que en Palenque cada vez haya menos gente hablando en palenquero.

Otro particular ejemplo se encuentra en San Agustín y Tierradentro. En 1995, la Unesco miró hacia el sur del país y encontró un tesoro que los colombianos se habían acostumbrado a mirar con temor por la fuerte presencia de grupos al margen de la ley en esa zona del país.

Una historia prehispánica monumental, 160 tumbas de faraones esculpidas en piedra que hablan de rituales, de muerte y de poder antes de la conquista. A pesar del reconocimiento y el valor histórico universal que representa este lugar del Huila, Colombia continúa esperando que Alemania le devuelva tres estatuas que se robaron de estos parques en la Primera Guerra Mundial.
A esta lista se suman ocho bienes inmateriales que condensan buena parte de la diversidad cultural del país: el Carnaval de Barranquilla, el Carnaval de Negros y Blancos, las procesiones de Semana Santa de Popayán, el sistema normativo wayuu del palabrero, las músicas de marimba y cantos tradicionales del Pacífico Sur, los conocimientos de los chamanes de Yuruparí y los cantos de trabajo de los Llanos, además del vallenato tradicional, hoy en riesgo.
Por el lado de los materiales, el país cuenta con nueve bienes inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial: el Puerto, Fortificaciones y Conjunto Monumental de Cartagena; el Centro Histórico de Santa Cruz de Mompox; los parques arqueológicos de San Agustín y Tierradentro; el Parque Nacional Natural Los Katíos; el Santuario de Fauna y Flora de Malpelo; la Serranía de Chiribiquete; el Paisaje Cultural Cafetero y el tramo andino del Qhapaq Ñan, sistema vial prehispánico compartido con otros países andinos.
Dentro de los países de la región, Colombia se ubica por encima de buena parte de América Central y el Caribe, pero se encuentra por debajo en número de inscripciones de países como lo son México, Brasil y Perú. Así las cosas, desde París, Guillem tendrá que liderar discusiones sobre restitución y salvaguardia mientras Colombia enfrenta una paradoja: exigir justicia patrimonial en el escenario internacional sin resolver, puertas adentro, las deudas estructurales con su propio patrimonio cultural.
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