El chavismo 3.0, una forma adecuada de llamar a la estructura de poder encabezada por Delcy Rodríguez, es la apuesta de interlocución que ha hecho el gobierno de los Estados Unidos para imponer su agenda en Venezuela. Aunque las etapas 1.0 (Chávez) y 2.0 (Maduro) quedan atrás, por sustracción de materia, es muy probable que la decisión de optar por el chavismo 3.0 sea una mala apuesta para el propio Trump.
Creer que desde la Casa Blanca, entre Rubio, secretario de Estado; Hegseth, secretario de Guerra, y el asesor de Seguridad Nacional, Miller, sea posible administrar un país de más de 900 mil kilómetros cuadrados y 26 millones de habitantes bajo el poder real de Delcy, su hermano Jorge, Diosdado y Vladimir Padrino es, según Bolton, el exasesor de seguridad nacional del primer gobierno Trump, un error garrafal.
Los hilos del ejercicio cotidiano del poder, indispensables para seguir explotando las rentas ilegales del petróleo, el contrabando, el tráfico de drogas y la corrupción rampante, permanecen intactos. El control territorial y, desde luego, las armas, las tiene el chavismo 3.0.
Concesiones como la liberación de algunos presos políticos y la eventual promesa de elecciones resultan, a la luz de lo ocurrido con la “extracción” de Maduro, decisiones relativamente poco costosas para Delcy y sus compinches. Sí generan, en cambio, dividendos políticos y golpes de pecho por parte de Trump y su entorno, que hacen alarde de haber “liberado” a Venezuela, aunque el vocablo democracia esté cuidadosamente ausente de su narrativa.
Según el analista B. Tripier todos los escenarios posibles bajo el chavismo 3.0 son inviables desde el punto de vista de la agenda de Washington. Sin embargo, hay uno que es el peor de todos: la “normalización del infierno administrado”, Una prórroga indefinida del chavismo en el poder, con algún maquillaje de liberalidad (entiéndase soltar algunos presos más) y mayores ingresos originados en el petróleo.
La explotación del petróleo no es viable sin reglas de juego estables, tal como se lo manifestaron a Trump los empresarios del sector en la Casa Blanca. La pregunta es, entonces: ¿Cuándo se dará cuenta la cúpula gringa del error que está cometiendo? ¿Lo enmendarán? ¿Lo podrán enmendar?
Se supondría que quienes están en desacuerdo con la alianza Trump-Delcy, por no representar avances para el pueblo venezolano en términos democráticos, deberían ser críticos de la misma. La lambonería a Trump parece estar a la oredn del día en vastos sectores de derecha… y algunos de izquiera criollos.
La inmensa torpeza de María Corina de entregar simbólicamente el Nobel de Paz a un Trump cada día más autoritario y arbitrario resulta grave para Venezuela
Más allá de la inmensa torpeza de María Corina Machado, de entregar simbólicamente el Nobel de Paz a un Trump cada día más autoritario y arbitrario, dentro y fuera de los Estados Unidos, resulta grave, para Venezuela, que se desconozcan los resultados de las elecciones de julio del 2024. El triunfo de Edmundo González fue apabullante. Ponerlos en duda redundará en mayores sufrimientos e incertidumbre a la inmensa mayoría del pueblo venezolano.
Se acerca la reunión entre los presidentes Petro y Trump. Si el propósito del primero consiste en jugar a la intermediación entre el gobierno gringo y el chavismo 3.0, para complacer, aunque sea en forma temporal al segundo, la democracia en Venezuela tardará aún más en llegar. Poner en duda los resultados electorales del 28 de julio parece ser un rasgo común de ambos caballeros. Convergencia autoritaria miedosa.
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