Julián de Zubiría lleva muchos años mirando de frente, analizando y ofreciendo respuestas y soluciones bien pensadas en un tema que le interesa a todos: la educación. Es maestro, pedagogo, columnista y fundador del Instituto Alberto Merani, pero sobre todo es alguien que ha pasado la vida entera escuchando a niños, adolescentes, padres y profesores. Desde ahí habla. No desde la teoría pura, sino desde las aulas, desde las conversaciones incómodas y desde una preocupación que no se le ha ido con el tiempo: qué les está pasando a nuestros niños.
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En esta charla, De Zubiría pone el dedo en una herida que ya no se puede tapar. Dice que algo se rompió cuando los smartphones entraron sin control a la vida de los menores. Que no fue de golpe, sino poco a poco. Que nadie avisó del daño. Y que hoy estamos viendo las consecuencias: niños que leen menos, que se concentran menos, que duermen peor y que cargan una angustia silenciosa que antes no era tan común.
Para él, el problema no es la tecnología en sí, sino haberla puesto en manos de niños y adolescentes sin límites, sin acompañamiento y sin reglas claras. Las pantallas —advierte— no solo entretienen: aíslan, comparan, generan adicción y construyen una idea falsa de la vida. Un mundo donde todos parecen más lindos, más felices y más exitosos, mientras muchos jóvenes, sobre todo las niñas, se sienten cada vez más insuficientes y más solos.
Por eso Julián de Zubiría defiende una decisión que ya tomaron países como Dinamarca, Suecia y Australia: sacar los smartphones y las redes sociales de la infancia y la adolescencia temprana, al menos hasta los 16 años, y volver a los libros impresos, al juego, a la conversación y al contacto real. No lo plantea como una prohibición caprichosa, sino como un acto de cuidado. Porque —dice— cuando se trata de niños, llegar tarde también es una forma de daño.
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