Desde la Casa de Nariño el presidente Gustavo Petro acaba de dar la orden de levantar varios pejaes puestos desde hace ya varios años sobre las autopistas del Eje Cafetero. Fue un anuncio que no sonó como una novedad administrativa sino como una noticia largamente esperada por muchos conductores que atraviesan aquellas carreteras entre críticas por los costos y la cercanía de las casetas.
La instrucción vino directamente del presidente Gustavo Petro. Según lo confirmó el representante a la Cámara Santiago Osorio, la orden fue impartida desde la Casa de Nariño a la Agencia Nacional de Infraestructura. No fue una sugerencia ni un estudio preliminar: fue una decisión política concreta, con un destinatario claro y con consecuencias inmediatas. La orden apunta a levantar los peajes que operan en las autopistas del Eje Cafetero y a poner fin de manera anticipada a la concesión de Autopistas del Café, la empresa que durante años administró esos cobros en Caldas, Risaralda y Quindío.
Lea también: Los cinco peajes más caros del país que superan los $ 20 mil por trayecto
La decisión no surge de la nada. Es la respuesta a un reclamo antiguo, repetido, casi gastado de tanto decirse. Comerciantes, transportadores, campesinos y viajeros frecuentes han denunciado durante años que el alto número de peajes convirtió la movilidad regional en un obstáculo para la economía local. Cada estación de cobro sumaba pesos al transporte de alimentos, al traslado de mercancías, al simple acto de ir de un municipio a otro. En una región donde las distancias son cortas pero las vías obligan a rodeos, pagar varias veces por recorrer pocos kilómetros se volvió una fuente permanente de inconformidad.
Levantar los peajes implica más que quitar casetas y barreras. Significa suspender el modelo de administración que estuvo vigente durante décadas. Con la terminación anticipada de la concesión de Autopistas del Café, la operación vial pasará a manos del Instituto Nacional de Vías. Será el Invías el encargado de asumir las decisiones sobre mantenimiento, funcionamiento y gestión de las carreteras del Eje Cafetero. Ese cambio abre un nuevo escenario: uno donde el Estado retoma directamente la responsabilidad sobre unas vías estratégicas para la región.
La medida sigue una línea que ya se había visto en otras zonas del país. En la región Caribe, recientemente, se desmontaron siete estaciones de peaje tras decisiones similares. En ese precedente se apoyó la orden presidencial para el Eje Cafetero, como una forma de unificar criterios y responder a conflictos sociales que, en el fondo, tienen el mismo origen: comunidades cansadas de pagar por circular en su propio territorio.
A partir de que la orden se cumpla, el impacto será inmediato para quienes transitan a diario por estas carreteras. El costo de los viajes disminuirá y el transporte de carga tendrá un alivio que podría reflejarse en los precios finales de los productos. Para los pequeños productores, para quienes dependen del movimiento constante entre municipios, la eliminación de los peajes representa un respiro económico y una señal de reconocimiento a una queja histórica.
Sin embargo, también abre preguntas sobre cómo se garantizará el mantenimiento de las vías y con qué recursos se asumirá esa tarea. La transición hacia la administración del Invías exigirá ajustes, decisiones técnicas y coordinación con autoridades locales. No se trata solo de levantar peajes, sino de asegurar que las carreteras sigan siendo transitables, seguras y funcionales.
Tras el anuncio, la expectativa es alta. Comunidades y autoridades locales esperan que la orden presidencial se haga efectiva en el corto plazo y que el retiro de los cobros no se quede en el terreno de las promesas. En una región acostumbrada a ver pasar decisiones tomadas lejos de sus montañas, la orden de levantar los peajes se siente distinta: como una respuesta concreta a una demanda que llevaba años esperando ser escuchada.
Si la medida se materializa como fue anunciada, el Eje Cafetero entrará en una nueva etapa de su relación con las vías que lo atraviesan. No será el fin de todos los problemas de movilidad, pero sí el cierre de un capítulo que, para muchos, se había vuelto demasiado caro.
Anuncios.
Anuncios.


