Los protocolos tienen reglas que lo dicen todo. De allí la presencia en primera fila de los embajadores de las tres grandes potencias, China, Rusia e Irán, sentados juntos, en el juramento de la presidente interina Delcy Rodríguez en la instalación de la Asamblea de diputados. Las tres naciones han sido los aliadas de la Revolución Bolivariana desde que llegó Chávez al poder y han sido piezas claves en su apoyo en momentos críticos de Maduro como en las elecciones en que este maniobró para mantenerse ilegítimamente en el poder.
Just now: the first 3 people greeted by the new La Jefa of the Cartel de los Soles at her coronation were the Chinese, Russian & Iranian ambassadors. pic.twitter.com/NVsQWd5TMr
— Marshall S. Billingslea (@M_S_Billingslea) January 5, 2026
El embajador chino, Lan Hu, fue el primero en felicitar a la mandataria encargada, representando una relación que se remonta a 1975 y que adquirió un carácter estratégico desde 1999 con la llegada de Hugo Chávez al poder. Las empresas chinas empezaron a llegar a Venezuela desde el 2004, luego de un acuerdo que les permitía a ambos países realizar inversiones exentas de cargas tributarias.
China ha sido un pilar económico fundamental para Caracas, sus préstamos, garantizados con ingresos del petróleo, se calculan en USD 10.000 millones. Con este dinero se han financiado ferrocarriles y centrales eléctricas, y otorgado al régimen el efectivo que tanto necesitaba. Pekín fue el mayor comprador de petróleo venezolano y su mayor inversor durante casi una década, hasta 2016, cuando Venezuela ya no pudo cumplir con su parte del trato, por lo que China ha dejado de conceder nuevos préstamos.
China mantiene una fuerte presencia en el país a través del control de la extracción de minerales estratégicos (tantalio, cobalto, tierras raras) en el Arco Minero del Orinoco, y nuevas inversiones petroleras como la iniciada por la China Concord Resources Corp (CCRC) de más de USD 1.000 millones en dos campos petroleros del Lago de Maracaibo, buscando reactivar la producción de aproximadamente 100 pozos para alcanzar los 60,000 barriles diarios para finales de 2026.
Por su parte, el embajador ruso Serguéi Mélik-Bagdasárov saludó efusivamente a Rodríguez. La relación Rusia-Venezuela se inició en 1945 pero se rompió en 1952 durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez por tensiones anticomunistas. Se restablecieron en 1970 a partir de la participación de ambos países en la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), pero su actual relevancia se logró luego de que Putin y Chávez se conocieran en la ONU en el 2000, y entablaran una alianza estratégica clave, que inicialmente se enfocó en materia de hidrocarburos y se ha expandido a militar y económica, con conexión de sistemas financieros de ambos países.
Rusia ha desplegado en Venezuela asesores militares, sistemas antiaéreos, radares y entrenamiento en inteligencia. Ha entregado al régimen bolivariano una amplia gama de equipo militar dentro de un acuerdo de asociación estratégica que incluye: cazas Su-30, sistemas antiaéreos S-300, Buk-M2E y Pantsir, lanzamisiles portátiles Igla, misiles balísticos y misiles crucero, radares, rifles Kalashnikov, carros de combate T-72 y transportes blindados BTR-80.

A pesar de ser Venezuela es el aliado más importante que tiene Rusia en Sudamérica, Moscú ha descartado intervenir militarmente en defensa de su aliado tras el asalto estadounidense, limitándose a expresar solidaridad con el liderazgo bolivariano.
Finalmente, el embajador de Irán Ali Chegueni, inclinó la cabeza y juntó las manos en señal de respeto a Delcy. El vínculo entre Irán y Venezuela se remonta a la década de 1960, cuando ambos países -junto con Arabia Saudí, Irak y Kuwait- participaron en la fundación de la OPEP, pero hasta la década de 1990 la relación fue más simbólica que estratégica. Todo cambió con la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999, con su discurso antiestadounidense, anticapitalista y revolucionario, Irán apareció como un socio natural. El atractivo entre ambos países es una combinación de oposición común a EE.UU., y un apoyo mutuo frente a sanciones internacionales.
A partir de 2001 las visitas políticas entre ambos países aumentaron. En una de ellas, Chávez apoyó abiertamente el programa nuclear iraní en plena presión occidental contra el mismo. La cooperación se expandió rápidamente, se crearon fondos financieros conjuntos, se lanzaron proyectos industriales y de vivienda, y se establecieron líneas de ensamblaje de automóviles. En 2007, ambos países anunciaron la creación de un eje antiimperialista común y destinaron miles de millones de dólares para apoyar a países aliados
Cuando en la primavera de 2020, Venezuela enfrentaba una grave crisis de combustible pue sus refinerías estaban prácticamente paralizadas, Irán asumió el riesgo de enviar cinco petroleros cargados de gasolina y derivados hacia Venezuela y según informes, a cambio de pagos en oro. Estados Unidos ha incautado o perseguido varios petroleros vinculados a la cooperación entre Irán y Venezuela, una actividad donde se estima que el 40 % de la flota mundial dedicada al contrabando de petróleo sancionado trabaja para Irán.
El intercambio entre ambos países incluye acuerdos asistencia energética (intercambios de crudo, suministro de diluyentes y gasolina, repuestos y apoyo técnico), la construcción de drones militares con capacidad ofensiva en territorio venezolano, proyectos de infraestructura (viviendas, cementeras). Se dice que Caracas ha acumulado una deuda atrasada de unos USD 2.000 millones con Irán.
El inicio del nuevo periodo legislativo venezolano, bajo dominio chavista, y la continuidad de los gestos de lealtad hacia Moscú, Beijing y Teherán indican que el chavismo continua con su apuesta por consolidar estas alianzas y mantener su eje diplomático tradicional.
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