No hay solo una mera diferencia semántica entre ambos términos

 - ¿Conversación o diálogo?

Hay todo un significado detrás de la propuesta del gobierno del presidente Duque frente a la movilización social pacífica de protesta. Veamos por qué:

1. Conversar es hablar aunque no se escuche. Es como permitir expresar un descontento sin oír la profunda queja. Es dilatar en un heterogéneo grupo de interlocutores, sin intención de responder a las peticiones o quejas de los grupos sociales representativos.

2. Dialogar en cambio es entrar en la lógica de dos personas o equipos de personas que quieren escucharse y llegar a consensos. Es partir del respeto para llegar a acuerdos.

3. Conversar con una agenda preestablecida de 6 temas, sin discutir primero con la contraparte cuáles son sus pretensiones, traduce una posición de fuerza. Y contraviene los mínimos requisitos de un diálogo, que exige sintonizarse con el otro.

4. Dialogar con unos puntos convenidos, con una metodología mutuamente aceptada y con un tiempo racional acordado, garantiza mejores resultados que una conversación eterna, o de aquí a marzo.

5. Conversar mientras se sigue aprobando decretos en contravía de lo que está provocando la protesta, es interpretado como una burla o un engaño.

6. Dialogar tiene un prerrequisito que es la confianza. Un gobernante sensato, o al menos confiable, no firma de afán un domingo, reformas drásticas para satisfacer la angurria de su ministro de Hacienda, cuestionado desde hace mucho, por varios exabruptos.

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7. Conversar con todos (?) mientras quienes tienen la responsabilidad de haber convocado el paro nacional y las protestas son ignorados o "segundiados", provoca además de suspicacia, lógico resentimiento.

8. Dialogar en cambio implica concertar, aceptar, ceder, y esto involucra a las 2 partes. El diálogo es dialéctico, la conversación no pasa a ser sino una "botada de corriente".

El presidente de un país tiene la responsabilidad histórica de conducir una crisis pensando en todos los ciudadanos y no satisfaciendo solamente a un mentor eterno, o a quienes desde su partido de gobierno quieren mantenerlo rehén de una política de represión o estigmatización del malestar social.

La ciudadanía a su vez tiene la obligación de protestar pacíficamente, como lo viene haciendo salvo algunas nefastas circunstancias de vandalaje de unos pocos desadaptados, o del uso desproporcionado de la fuerza del Esmad, que dicho sea de paso es un cuerpo antidisturbios y no un ente para provocarlos.

¿Conversación insulsa y distractora para que llegue diciembre y todo se diluya?

O diálogo concertado, responsable, constructivo, negociado, para que la nación retome el rumbo, y podamos hacer entre todos la Colombia que nos merecemos: justa, equitativa, educada sin hipotecar las familias, con oportunidades, sin crímenes de líderes sociales, combatiendo la corrupción en todos los frentes, con reformas urgentes (políticas, económicas y sociales), con más empleo, dando oportunidades a los jóvenes, reivindicando a los mayores y sus pensiones, transformando la atención en salud para hacerla con calidad y oportunidad de verdad, entre otras.

Y eso se consigue con el diálogo verdadero y pacífico. No con "conversaciones" diluyentes para dar nefastas largas al estallido social.

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