¿Todos seremos todos?
Opinión

¿Todos seremos todos?

De los muchísimos candidatos presidenciales que hay ninguno habla de los “excluidos” de la sociedad

Por:
septiembre 29, 2017
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Como usuario del servicio de transporte bogotano al cual solo le cabe el calificativo de malo, y en donde es extraño el día donde en un trayecto de media hora no se suban al menos cinco personas con cuentos inventados o reales  y pidiendo siempre la colaboración monetaria de los pasajeros, y pensando a la vez que en boca de los muchísimos candidatos presidenciales que hay ninguno habla de los “excluidos” de la sociedad,  y con la falsa esperanza que la indigencia sea parte de la política social, traigo aquí un muy reciente breve relato de mi autoría.

 

Silencio y verdad                                                                                      

La figura cansada desciende la cuesta, allá, lenta y cauta, casi que doloroso el movimiento de sus piernas no tanto por las muecas o gestos que salen de su boca sino por la hinchazón notoria de su tobillo izquierdo que se hincha aun más cada vez que el pie toca el piso y pareciera que todo es una pesadilla cuando resulta evidente que no termina nunca de dar el paso. Cuando la pierna dos levanta el vuelo, parece que la uno no ha bajado aún.

Así la vi, lejana y ausente, y por quedarme quieto para mirar y detallar y poder relatar lo que aquí pretendo explicar es que yo hubiera podido pensar por la velocidad de las neuronas que pasan por mi cabeza que en menos de lo que pueda cantar un gallo la tenía casi que a la vista directa, aquellos momentos íntimos en donde se mira a los ojos detallando la profundidad de los pensamientos. Aquella figura es ahora una anciana que  ha bajado la pendiente, pesadamente, y cualquiera hubiera dicho o pensado que venía de su casa que queda allá arriba en la loma o intuir que siquiera tiene casa en donde poder vivir o al menos dormir o pegar una cabeceadita por lo triste de las ropas o prendas o harapos que porta en caso de que no sean solo ajenos chiros y por lo inquietante de su menuda figura que da a pensar en forma inmediata en la indigencia y pobreza extrema y desconocida y apenitas pasa a mi lado aquella señora después de un tiempo que no logro detallar, noto su mirada escurridiza y apagada llena de un rencor difícil de describir y que bien puede asemejarse a aquella igualmente perdida de los perros callejeros que te miran suplicantes para que por favor no les sueltes la misma patada en las costillas que reciben a diario por todo el que le mira u olisquea y anoto que cuando la viejita roza mi codo y mirado tal como he descrito se voltea y me extiende una arrugada mano llena de pliegues y dedos encorvados y quien seguramente pide cien o trescientos o hasta dos mil pesos con el cuento de fábula de que debió salir corriendo de su pueblo o caserío por la historia inventada de haber sido invadidos por un ejército compuesto por temibles hombres guiados por patrones de sombreros anchos y que descuartizan cadáveres con motosierras que hacen un ruido infernal al momento de romper huesos.

Di mil pesos en un billete de los nuevos con gesto glacial del prócer y no supe qué pensar.”

 

Y hablando de…

Y hablando de sueños y promesas electorales, alegra conocer que la revista National Geographic haya considerado a Colombia como un tesoro mundial de la biodiversidad.

¿Será que alguien se lo tomará en serio?

 

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