Colombia no transita por la senda de un crecimiento alto y sostenible por la decisión política de mantener una economía que aumenta cada vez más su dependencia del extranjero

Entre los años 2005 y 2014, “hay un paulatino pero permanente deterioro de la producción nacional, especialmente de la manufacturera”.

Ningún texto de economía serio, sin importar la corriente de pensamiento del autor, se atrevería a plantear como deseable para una nación un crecimiento económico inestable, impredecible o insostenible. Las decisiones políticas recientes en Estados Unidos, Reino Unido, Ecuador y las próximas en Francia y Alemania, tienen un factor común y es la preocupación generalizada de la población sobre el manejo económico. Acertadas o no, los discursos han girado en torno a cómo lograr mayor crecimiento a sus naciones.

En Colombia el asunto del crecimiento económico no parece estar en la agenda pública. A pesar de la notable desaceleración y los efectos que esto trae en la generación de empleo y el bienestar de la población, poco se difunden las implicaciones de la transformación productiva del país, en uno que depende cada vez más del comercio de bienes y servicios elaborados o prestados por extranjeros, en la intermediación financiera, en los monocultivos y en la extracción de recursos naturales.

 

La que más cayó fue la oferta nacional de manufacturas,
que es el sector más expuesto
a la competencia foránea

 

Así se desprende de un reciente estudio elaborado por el Grupo Proindustria, con la colaboración de Cedetrabajo. Las conclusiones, basadas en información de la matriz de oferta y utilizaciones del Dane entre los años 2005 y 2014, demuestran que “hay un paulatino pero permanente deterioro de la producción nacional, especialmente de la manufacturera”. Según el estudio, la oferta total de la producción nacional cayó de 90,2 % a 88,7 % como porcentaje de participación de todos los bienes y servicios que se ofrecen en la economía. La que más cayó fue la oferta nacional de manufacturas, que es el sector más expuesto a la competencia foránea; el 83,3 % de toda la oferta importada corresponde a este sector, cuyo valor agregado ha caído significativamente. Esto explica en buena medida los altos niveles de informalidad laboral y que sectores que generan escaso o nulo valor agregado en la economía, como el financiero y el minero, sean los que ganan más participación.

El elemento común de las naciones más ricas del planeta es su capacidad de transformar materiales y energía en elementos útiles para la humanidad, con una dosis alta de conocimiento y aplicaciones científicas y tecnológicas. Es decir, la diferencia entre el crecimiento económico de Alemania y el de Colombia es que los alemanes están preocupados por producir bienes y servicios complejos, que requieren más horas de trabajo calificado que la producción colombiana. Extraer petróleo y carbón no es precisamente una ciencia espacial, y por eso las exportaciones de Alemania valen muchísimo más que las de Colombia, que nos mantienen en un déficit comercial estructural.

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La principal razón por la cual el país no transita por la senda de un crecimiento alto, estable y sostenible, no es una equivocación teórica en los textos de economía sino la decisión política por mantener una economía que aumenta cada vez más su dependencia del extranjero. Si los próximos candidatos a dirigir la nación realmente están preocupados por el futuro de Colombia, los temas centrales deberán girar en torno a cómo generar ese crecimiento y cómo lograr equidad. No abordar estos asuntos con seriedad son artimañas para perpetuar el fracaso.

Twitter: @mariovalencia01

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