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La gran mayoría de los adultos y más los que somos adultos viejos, tenemos fe que una Colombia mucho más educada se traducirá en colombianos más exitosos y, sobre todo más felices.
Parados en el orgullo que la cobertura en educación superior ha alcanzado cifras altas, para lograrlo, además de todas las recomendaciones que hemos hecho sobre cómo depurar nuestras instituciones para mantener los niveles y mejorar la oferta, necesitamos que las y los jovenes crean en eso, que lleguen a nuestras universidades y se mantengan el tiempo que se precisa y con la dedicación que corresponde.
Para ese divino propósito, los hogares y los colegios han hecho una parte y la han hecho bien. En efecto, mientras que en otros ámbitos se cree que las roscas, los amiguismos, la corrupción son determinantes, 70% de nuestros jóvenes considera que el sistema educativo reconoce apropiadamente el mérito y que ese es el factor importante para el éxito educativo.
Mejor aún, en lugar de desistir, emperezarse o hacer trampa, casi el 80% hace esfuerzos adicionales cuando un reto académico se pone difícil con lo cual se evidencia una clara disposición al esfuerzo personal.
Los problemas vienen después, en la medida que apenas 40% de los graduados consiguen puesto pronto de manera inmediata. Y para hacer más grave el contraste, casi 60% de los egresados que logran trabajar, termina en empleos no relacionados con lo que estudiaron.
Esta asimetría, nos debe alertar sobre las líneas de trabajo para la década por venir:
Es urgente que exista una verdadera conexión entre los empresarios y sus necesidades y la oferta de carreras, cursos y perfeccionamientos. Si bien el los Gobiernos nacional y regionales tienen una responsabilidad, el conjunto de instituciones de educación superior y los gremios podríamos hacer mucho en la medida contamos con la información y que no se necesita ninguna intermediación.
Las prácticas en los últimos semestres deben repensarse para que no sean solo una experiencia, sino que se vuelvan un primer escalón de los estudiantes con lo que será su futuro, concreto, el de cada uno, en el mundo laboral.
Si bien las materias son las mismas, el enfoque es completamente distinto si se aspira trabajar en el gobierno, en ONGs, en el sector privado o la docencia e investigación. Por ello, al paso que hemos venido depurando los pénsums de las distintas facultades, en lo que hace a las materias que se dictan, podemos revisar los énfasis y el desarrollo de habilidades para que cada joven no solo lleve conocimientos orientados a sus preferencias, sino que desarrolle sus capacidades orientadas a lo que anticipen que será su mundo laboral.
Tenemos que popularizar la Oficina de la Carrera, como la dependencia que desde el día 1 del primer semestre y por toda la vida laboral se ocupa de ver el desarrollo del estudiante y luego del profesional, lo acompaña en sus decisiones, ayuda en las búsquedas, presenta oportunidades, cataliza las expectativas de los empleadores y pone a disposición con ayuda el acceso a todos los “hubs” de ofertas que se han creado en el país y el extranjero.
Esa Oficina de la Carrera, junto con las asociaciones de exalumnos que, me consta hacen una labor muy relevante, servirían muchísimo en que cada egresado acceda, se mantenga y alimente las redes de contactos e información de disponibilidades y oportunidades.
Ya oigo venir ese futuro. He creído toda mi vida en la educación. ¡Sé que lo lograremos cada vez más y mejor!
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