Entre columnas de concreto donde antes predominaban la basura, los robos y el abandono, ahora aparecen bancas, bicicletas, un gimnasio al aire libre y un espacio pensado para quienes pasan buena parte del día recorriendo Bogotá. El bajo puente de la calle 109 dejó de ser un punto crítico para convertirse en un lugar de encuentro para vecinos y repartidores. La transformación fue posible gracias a una alianza entre la Alcaldía de Bogotá y Rappi, que destinó $1.533 millones para intervenir 903 metros cuadrados durante seis meses.
El proyecto, que hace parte de la estrategia Puentes que Unen, incluye baños públicos, un pitstop para domiciliarios, parqueaderos para motos y bicicletas, además de un sistema de vigilancia con análisis de video en tiempo real.

Descanso, bienestar y seguridad para los ciudadanos
la multinacional invirtió más de $1.500 millones para la transformación del bajo puente número 6, ubicado en la calle 109 con Avenida novena, en la localidad de Usaquén, por medio de la estrategia Puentes que Unen, desarrollada por el Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público, en cabeza de Lucía Bastidas Ubaté.
Las obras, adelantadas durante un periodo de seis meses, convirtieron un punto crítico de la localidad de Usaquén en un lugar de bienestar, descanso y seguridad para los repartidores de Rappi y los vecinos de los barrios Santa Ana Occidental y Santa Bibiana, transformando el lugar en un polo de desarrollo urbano y convivencia.
El proyecto fue financiado por la empresa privada con una inversión de $1.533 millones, que transformó este sitio en un núcleo activo que beneficia a tres grupos específicos: los habitantes del sector, los repartidores de Rappi y la población flotante que a diario transita por la calle 109 con carrera novena, en el norte de Bogotá.
Gracias a esta iniciativa se intervinieron 903 metros cuadrados, donde hoy los ciudadanos encuentran baños públicos, gimnasio al aire libre, mobiliario urbano, bicicleteros y parqueaderos para motos. En el lugar también hay un pitstop exclusivo para los trabajadores de Rappi, diseñado con una zona de descanso temporal para los domiciliarios que ejercen su labor en una de las zonas de mayor demanda de la multinacional en Bogotá, con el objetivo de generar bienestar para los repartidores.

Erradicando la inseguridad y las basuras en los bajo puentes
Antes de la intervención de la Alcaldía de Bogotá, a través de la Defensoría del Espacio Público, este era un lugar con serios problemas de inseguridad para los habitantes de Santa Bibiana y Santa Ana Occidental, debido a los robos, la alta presencia de habitantes de calle, la acumulación de basuras, la ocupación informal y los problemas de convivencia. Ahora, el sitio funciona como un centro activo de recreación y seguridad.
El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, dijo: “Me alegra mucho entregar a la comunidad un lugar como este, que servirá para organizar el espacio público y para que lo aprovechen los vecinos de la zona y los repartidores de Rappi”.
Por su parte, el gerente general de Rappi, Matías Laks, aseguró que mediante la alianza se pudo intervenir un punto estratégico de la ciudad que estaba en desuso, con el objetivo de suplir la necesidad de un entorno adecuado para los repartidores.

Además, afirmó que este esquema de revitalización urbana representa un beneficio compartido, ya que la ciudadanía gana en seguridad y movilidad peatonal, mientras los trabajadores cuentan con mejores condiciones, demostrando el impacto positivo de renovar los entornos bajo los puentes.
De escondedero de delincuentes o botadero de basura a parque
El bajo puente de la calle 109 con Avenida novena ahora cuenta con un gimnasio al aire libre de más de 84 metros cuadrados, equipado con seis máquinas multifuncionales para que la ciudadanía las utilice de forma gratuita y promueva el deporte y la salud de los habitantes del sector.
Además, dispone de un moderno pitstop de 30 metros cuadrados con zona de descanso, iluminación, tomas para cargar dispositivos móviles y dos baños públicos, que garantizan mejores condiciones de comodidad y organización para los repartidores mientras esperan sus pedidos. Así mismo, cuenta con celdas de parqueo para 24 motocicletas y seis bicicletas, lo que permitirá despejar las vías peatonales de las zonas críticas de Usaquén.

El espacio también incorpora un circuito cerrado de televisión con análisis de video en tiempo real y perifoneo remoto para emitir alertas preventivas, con el objetivo de combatir los hurtos y la invasión del espacio público. La alianza tendrá una duración de cinco años.
Sobre el proyecto, la directora del DADEP, Lucía Bastidas Ubaté, señaló que este es el bajo puente número 6 de la estrategia Puentes que Unen para mejorar el espacio público.
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