El riesgo no es que los despidan: es que nunca los contraten. La IA transforma el primer empleo y pone en aprietos a las familias

- Mi hijo se graduó. ¿Y ahora quién lo contrata?
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“Mi hijo se graduó. ¿Y ahora quién lo contrata?”. La pregunta condensa una preocupación que puede instalarse en cualquier hogar después de la ceremonia, las fotografías y los abrazos. Durante años, una familia organiza su presupuesto alrededor de la educación. El joven estudia, aprende inglés, hace prácticas y prepara su hoja de vida. Después llega la prueba para la cual ningún diploma ofrece garantías: conseguir una oportunidad.

Como padre, me preocupa que sigamos orientando a nuestros hijos con una promesa demasiado simple: estudie, prepárese y encontrará trabajo. La educación sigue siendo indispensable, pero el acceso al empleo exige algo más que esfuerzo individual. También necesita empresas dispuestas a formar principiantes. Y esa disposición enfrenta ahora una transformación tecnológica que obliga a revisar cómo comienza una carrera profesional.

La experiencia que nadie les permite adquirir

Para trabajar les exigen experiencia; para adquirirla necesitan que alguien los contrate. Deloitte encontró en 2025 que el 66% de los gerentes y ejecutivos consultados consideraba insuficiente la preparación de sus contrataciones recientes. La experiencia era la carencia más frecuente.

Peter Cappelli, profesor de Wharton, resume la contradicción, en traducción: “Todos quieren contratar a alguien con tres años de experiencia, y nadie quiere darle esos tres años de experiencia”. La IA puede agravar el problema al automatizar tareas donde antes aprendían los principiantes. Para las familias, el riesgo significa dependencia económica prolongada y proyectos aplazados. 

La amenaza puede ser que nunca los llamen

Una investigación de Stanford, actualizada en agosto de 2026, encontró que el empleo de jóvenes de 22 a 25 años en ocupaciones muy expuestas a la IA estaba aproximadamente 19% por debajo de la trayectoria de comparación con jóvenes en ocupaciones menos expuestas.

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No significa que la IA haya despedido al 19% de los jóvenes: es una brecha relativa, observada en Estados Unidos, sin causalidad definitiva demostrada. La señal preocupante es que el ajuste parece ocurrir principalmente mediante menos contrataciones. Nuestros hijos pueden quedar excluidos sin aparecer en las cifras de despidos: simplemente, nadie les abre la puerta. 

Prepararse más no puede ser la única respuesta

El Foro Económico Mundial reportó en 2025 que el 41% de los empleadores encuestados preveía reducir personal conforme la IA automatizara tareas; el 77% planeaba capacitar trabajadores. Son expectativas, no despidos comprobados. Pero ¿quién formará a los que todavía están afuera? 

La ANDI ya advertía, en su encuesta de 2021, sobre la demanda de habilidades digitales. La transformación no llegó sin aviso. Responder a cada rechazo con otro diplomado o una nueva deuda educativa traslada el problema a las familias. Prepararse importa; acumular certificados no garantiza una oportunidad para utilizarlos. 

La IA también puede ayudarles a empezar

El estudio “Generative AI at Work”, de Brynjolfsson, Li y Raymond, analizó 5.172 agentes de atención al cliente y encontró un aumento promedio de productividad del 15%. Los menos experimentados mejoraron la velocidad y la calidad de su trabajo. 

El resultado no puede generalizarse a todas las profesiones, pero muestra una alternativa: usar la IA para fortalecer al principiante. Si una empresa aprovecha la tecnología únicamente para reducir contrataciones, corre el riesgo de ahorrar hoy a costa de la experiencia que necesitará mañana.

Nuestros hijos necesitan una primera oportunidad

Las empresas deben ofrecer programas remunerados de ingreso, mentores y aprendizaje real. Las universidades necesitan integrar proyectos empresariales y evaluar el criterio del estudiante, no solamente sus entregas. Los gremios podrían coordinar oportunidades compartidas para pequeñas empresas, con apoyo del SENA.

Los jóvenes deben prepararse y demostrar capacidades, pero nadie nace experimentado. Tampoco las familias pueden financiar indefinidamente nuevos títulos mientras esperan una oportunidad. Necesitan información verificable sobre inserción laboral y calidad de las prácticas.

La fotografía del grado no puede convertirse en el último reconocimiento antes de una espera indefinida. Quien hoy cierra la puerta por falta de experiencia debería preguntarse dónde encontrará mañana a los expertos que necesita.

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Por José Guillermo Mejía J.

MBA,EOI. Especialista en Seguridad Social, Universidad Externado. Especialista en Ética y Pedagojía de los Valores, Universidad Javeriana. Especialista en control interno de instituciones financieras, Asobancaria. Programa de Desarrollo Directivo, Inalde. Contador público, EAFIT. Socio fundador del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga. Ex miembro del Consejo Directivo de EAFIT. Miembro de juntas directivas, profesor universitario, ejecutivo en empresas de diferentes sectores económicos.