Es es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas
Grande el viejo Sócrates, utilizaba las preguntas mayéuticas para develar las máscaras del interlocutor. Nada tan conducente actualmente como utilizarlas para iluminar el rostro oculto del Estado colombiano.
Ensordece el ruido nacional por la caricatura de Matador a la primera dama del país. La caricaturizó como ratita acompañada de una inquietante pregunta: ¿dónde están los dineros de su fundación para los damnificados del terremoto? Ruido que me activó el botón mental de las preguntas mayéuticas:
¿Por qué tanto escándalo nacional ante esa caricatura? ¿Será por defender la dignidad de la mujer o por ser la esposa del presidente y pertenecer a la elite ultraconservadora del país? ¿Será otra expresión del persistente elitismo feudal de los colombianos?
Si es solidaridad contra la misoginia, entonces: ¿Porque no hubo tanto escándalo cuando Abelardo, candidato presidencial, relacionó su pene con el apoyo femenino ante la periodista María Lucía Fernández? ¿Acaso hace parte del machismo ancestral de los colombianos donde hasta muchas féminas actúan con psicologías de macho?
Si fue para defender el derecho social de la mujer a actuar en escenarios públicos, entonces… ¿Por qué tan parca la defensa de las periodistas Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo canceladas de Blu Radio presuntamente por orden presidencial? ¿No es semejante al poderoso terrateniente, don Pedro Páramo, en le bella novela de Juan Rulfo, quien se creía dueño del sexo, empleo y vida, de las mujeres en su jurisdicción? ¿No es otra expresión del machismo clientelar de los poderosos y corruptos políticos de Colombia?
Si el escándalo intenta combatir la caricatura de Matador por insinuar sin pruebas el mal uso de dineros depositados en la fundación de la esposa presidencial, entonces… ¿por qué tanto algarabía mediática contra la ex-primera dama, Verónica Alcocer, a partir de declaraciones se dos señoras también sin prueba alguna? ¿Será que las extremas acostumbran administrar el Estado con odios ideológicos donde premian a los copartidarios y castigan a los adversarios? Peor aún… ¿será que muchos medios de comunicación actúan como calanchines maqueteando conciencias de los oyentes para adocenarlos en torno al macho del poder?
Si el ruido nacional hace parte de la lucha feminista más contra la vejación de la mujer públicamente, entonces… ¿Por qué tanto silencio cuando Natalia Vasquez Amaya fue asesinada por su expareja a pesar de pedir insistentemente protección del Estado? ¿Será que el Estado de extrema derecha solo existe para proteger privilegios y vida de la elite ultraconservadora de Colombia?
¿Dónde la gran solidaridad femenina elitista cuando Alison Meléndez, niña de 17 años, denunció a la policía de Popayán por abusos en el marco de una protesta nacional y después se suicidó, hecho sucedido en tiempos del expresidente Duque? ¿Será que los gobiernos ultraconservadores son machistas, autócratas y detestan cualquier oposición? ¿Fue esa la razón por la cual no hubo solidaridad de genero con Leidy Cadena, estudiante de Ciencias Política, a quien le sacaron un ojo por cuenta de la policía durante una manifestación durante el mismo gobierno?
¿Dónde el gran ruido nacional por la dignidad de la mujer cuando a Francia Márquez la trataron de gorila, simio, King Kong? Y ¿dónde la solidaridad femenina cuando Juliana Palacio, refiriéndose a Aída Quilcué, publicó el racista comentario: “Después de Francia Márquez creo que sí podemos caer más bajo”? ¿Connivencia con el racismo?
Imposible no sospechar del ruido provocado por la caricatura de Matador sobre la primera dama del país: hay mucho ruido hipócrita y poca dignidad humana. Pienso como pensaba Voltaire cuando afirmaba: “¡Qué mezquindad tan indescriptible la de ser hipócrita!” Y lo pienso porque nuestra elite premoderna, dueña del Estado colombiano, promueve el racismo, el clasismo, el machismo, la hipocresía y la mezquindad.
Jorge Elías Guebely Ortega
Egresado de la Escuela Normal de Barranquilla, de la Universidad libre de Bogotá, del Instituto Caro y Cuervo, doctor en Literatura Hispanoamericana de La Sorbona en París, profesor de Literatura durante 30 años en la Universidad Surcolombiana de Neiva. Autor de varias novelas, libros de cuentos y ensayos literarios.
También le puede interesar:
Anuncios.


