A propósito de las liturgias que está haciendo el director del Instituto Caro y Cuervo, a propósito de Monseñor Builes hace 50 años, hablemos de el profeta nadaísta

 - El sermón atómico de Gonzalo
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Son frecuentes, públicas y, por eso mismo, fuera de lugar en quien ocupa un cargo público, las alocuciones en forma de liturgia del director del Instituto Caro y Cuervo, el organismo que debe salvaguardar la diversidad lingüística del país, un país que dejó de ser de una sola lengua oficial y santa, un país con 69 lenguas vivas, además del hermoso castellano, lo que representa la diversidad, eso que a veces resulta difícil entender, eso de que otros pueden pensar y, más que otra cosa, hablar por fuera del molde.

La más reciente se refiere a los 50 años de la muerte de Gonzalo Arango, el poeta, el profeta nadaísta, a quien se refiere el funcionario en una especie de beatificación que nadie parece haber pedido (conviene oírlo en redes porque lo más curioso es la entonación), como una especie de ser en llamas que logro hallar la luz para pasar del pecado (el pecado de ser nadaísta) a la luz (la de abrazar la fe).

Bueno, pues a propósito de ello, a propósito de la liturgia y todo eso, me acordé de Gonzalo Arango, por supuesto, pero también de los edictos del sacerdote Miguel Ángel Builes, director de la Diócesis de Santa Rosa de Osos durante la época de la violencia liberal – conservadora, la anterior violencia a la que vivimos ahora desde hace 60 años.

Decía Builes, entonces no por redes o YouTube, sino en la iglesia y ante las tumbas de los muertos, otras extravagancias con su beso de beso de bala entre liturgias: “Que el liberalismo ya no es pecado, se viene diciendo últimamente con gran insistencia; nada más erróneo, pues lo que es esencialmente malo jamás dejará de serlo, y el liberalismo es esencialmente malo”.

Bueno, dejando de lado la liturgia, al director, a Builes y todo eso, amamos a Gonzalo Arango por su contradicción, por la incoherencia que lo habita, porque no era experto, ni supremacista, ni de verdad única, porque todos los que viven de la única verdad están llenos de cárceles y gritos; nos gusta porque siempre viene bien ser un poco incoherente, no tan puerta de hierro; nos gusta porque lo habitaban Ginsberg y Miller, Kaldwell y Keruac, un poco de Sinclair o de Camus y un montón de Thureau, de Bakunin de Lorca o de Miguel Hernández, pero incluso así, nada de Nechayev. Nos gusta porque murió a tiempo, porque vivió sin muerte, porque bebió y seguramente anduvo desorientado muchas noches, nos gusta porque le pasó por delante mucha Lluvia con Nieve, porque fue amigo de otro Gonzalo, mi padre, con quien se saludó de afán el último día.

Démosle hoy un espacio a su Sermón Atómico de 1964:

“Practica como verdad universal la verdad de tu vida. No sigas banderas de partidos idiotas. no rijas tu vida por credos que te fabrican unos canallas que no creen en nada, no te rindas a las leyes de hierro de una moral que sólo quiere encadenar tus impulsos, no ingreses al orden de esta sociedad fabricada por fariseos y mercenarios, no ofrezcas tu cuerpo sagrado para que te entierren en las bóvedas confortables del conformismo y la resignación. (..)

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No reconozcas el poder de los poderosos. Ellos sólo cuentan con las armas. Pero hay en ti un poder indestructible. Te pueden acribillar a balazos, aprisionar, degradar, pero serás invencible si no te rindes a su mentira.

No te humilles. No te dejes abofetear por segunda vez. Escupe la cara del verdugo. Muérete de risa antes de que esta Civilización criminal te decapite. Que tu última palabra en la horca no sea para pedir perdón, sino para cantar o maldecir”.

(…)

“…serás un dios cuando seas verdaderamente un hombre. Cuando resucites del foso pútrido de resignaciones y cobardías que es tu vida, en la que ese hombre posible que eres, yace cautivo”.

…….

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Por Gonzalo Castellanos V

Gestor de políticas e iniciativas culturales y sociales en América Latina. Catedrático. Escritor.