Desde Tumaco hasta los Montes de María, las comunidades han encontrado en la memoria, la naturaleza y la organización caminos para transformar sus territorios

Mapa del Buen Futuro de la Defensoría del Pueblo - Volvieron a su tierra, defendieron el agua y recuperaron sus tradiciones: así es el mapa de una Colombia que no se rinde

Hay lugares donde volver a sembrar también significa recuperar la vida comunitaria. Donde defender el agua es defender la posibilidad de permanecer en el territorio. Donde rescatar una tradición cultural abre caminos para que una nueva generación encuentre oportunidades.

Esas experiencias hacen parte del Mapa de la Esperanza por un Buen Futuro Hoy, un proyecto audiovisual transmedia de la Defensoría del Pueblo que recorre diferentes regiones de Colombia para recoger historias de resiliencia de organizaciones y liderazgos comunitarios que, en contextos marcados por la violencia y el conflicto armado, han encontrado caminos para aportar a la reconstrucción del tejido social del país.

El recorrido pasa por los departamentos de Caldas, Antioquia, Córdoba, La Guajira, Valle del Cauca, Cundinamarca y Nariño, y la región de Montes de María. Son historias distintas, pero tienen un elemento común: comunidades que se organizan para reconstruir sus proyectos de vida, proteger sus territorios y fortalecer los vínculos que permiten mirar hacia adelante.

Jóvenes que están construyendo el presente y futuro de Colombia

La mirada sobre las juventudes ocupa un lugar central en este recorrido. El proyecto incorpora la perspectiva del derecho emergente al Buen Futuro, una propuesta que ha venido impulsando la Defensoría del Pueblo y que reconoce la importancia de generar condiciones materiales, sociales e institucionales para que las y los jóvenes puedan desarrollar sus proyectos de vida con dignidad, esperanza y confianza en el futuro.

Para la defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz, hablar de juventudes es hablar de vida, de derechos y de liderazgo. Según ella, las juventudes son protagonistas de la transformación social y cuentan con capacidad de agencia para participar en las decisiones y políticas públicas que les conciernen.

Sin embargo, estas posibilidades están atravesadas por desafíos importantes relacionados con la salud mental y las violencias que afectan a las y los jóvenes en Colombia. En 2025 fueron asesinadas 6.221 personas jóvenes entre los 14 y los 28 años, cerca de 17 cada día, mientras más de 1.300 fueron reportadas como desaparecidas.

Frente a esta situación, la Defensoría ha planteado la necesidad de respuestas articuladas desde las distintas entidades del Estado, que fortalezcan las condiciones para el ejercicio de los derechos, el acceso a oportunidades de educación y empleo, el cuidado emocional y la construcción de entornos protectores que hagan posible desarrollar esos proyectos de vida.

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En medio de estos desafíos las juventudes también aparecen en el Mapa de la Esperanza desde sus capacidades. En Tumaco, dos liderazgos juveniles trabajan por recuperar tradiciones culturales y generar oportunidades para las nuevas generaciones. Su apuesta parte de la identidad y de la comunidad para construir alternativas en su propio territorio.

Esa capacidad de organización también se ha hecho visible en otros momentos recientes. Jóvenes de Quibdó, Cali, Pereira, Buenaventura y otros municipios participaron en la movilización de ayudas tras el terremoto del 10 de agosto. En el Tolima también se vincularon a la respuesta frente a los incendios y a la protección de sus comunidades y ecosistemas.

Un mapa que conecta memoria y territorio

En El Congal, Samaná (Caldas), una comunidad desplazada por el conflicto regresó a su territorio para reconstruir su vida, lo que se ha constituido como uno de los proyectos de retorno más importantes del país.

En Jericó, Antioquia, 11 campesinos sostuvieron la defensa del agua frente a un proyecto de megaminería. En Tierralta, Córdoba, habitantes de El Diamante encontraron en el cultivo de café una alternativa para reemplazar cultivos ilícitos y generar nuevas oportunidades.

En los Montes de María, la reconstrucción tiene también una dimensión productiva. Entre 1999 y 2001 ocurrieron allí 42 masacres que dejaron 354 víctimas de homicidio y provocaron el desplazamiento de comunidades enteras. Más de dos décadas después, habitantes de la región volvieron a producir alimentos para abastecer mercados de Colombia y del mundo.

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El mapa también llega a Riohacha, donde Sonia Bermúdez, de 69 años, trabaja desde la Fundación Gente Como Uno para garantizar sepulturas dignas a personas en situación de pobreza, población indígena wayuu, migrantes venezolanos y personas cuyos cuerpos no han sido identificados.

En Florida, integrantes de la comunidad del resguardo indígena Nasa Kuwe's Kiwe encontraron en el desminado humanitario una posibilidad para recuperar espacios y caminos de su territorio. En Soacha, la Casa de la Memoria, Paz y Reconciliación reúne a víctimas del conflicto, firmantes del Acuerdo de Paz y comunidad en procesos de memoria, formación y trabajo colectivo.

Todas estas historias se pueden conocer en el ecosistema digital y transmedia del Mapa de la Esperanza, disponible en la página web de la Defensoría del Pueblo: www.defensoria.gov.co/web/mapa-de-la-esperanza. Allí, las y los lectores encontrarán crónicas, líneas del tiempo, galerías fotográficas y entrevistas con las y los protagonistas de cada historia desde sus territorios.

El Buen Futuro se construye hoy

Para la defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz, estas experiencias permiten mirar el futuro desde otro lugar. Hablar de esperanza es reconocer la capacidad de las personas y las comunidades para construir alternativas y ampliar las posibilidades de un Buen Futuro, sin desconocer las violencias, las desigualdades y las vulneraciones de derechos que atraviesan sus territorios y trayectorias de vida.

En esa perspectiva aparece el derecho emergente al Buen Futuro: la posibilidad individual y colectiva de construir un proyecto de vida basado en la esperanza y la confianza, con especial atención a niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

El derecho reúne cuatro ámbitos: bienestar emocional y psicosocial; un ambiente sano y sostenible; participación; y libre desarrollo de la personalidad. Todos apuntan a crear condiciones para que las nuevas generaciones puedan decidir sobre sus proyectos de vida, participar en sus comunidades y permanecer o transformar sus territorios.

También, el derecho incorpora una mirada prospectiva de los derechos humanos, que orienta las decisiones del presente hacia la protección de las generaciones actuales y futuras y reconoce la justicia intergeneracional como principio de la acción pública.

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La Defensoría acompaña estos procesos mediante iniciativas como Raíz Joven, que respalda experiencias juveniles relacionadas con cultura, deporte, ambiente, organización social y construcción de paz, y Serena-Mente, enfocada en bienestar emocional y redes comunitarias de cuidado.

Adicionalmente, la Defensoría cuenta con la Mesa Consultiva para las Juventudes, un espacio permanente de diálogo que incorpora las voces y perspectivas de jóvenes de diversas regiones del país en la construcción de las acciones institucionales y aporta a las políticas públicas que les conciernen.

Así, el Mapa de la Esperanza reúne historias en las que comunidades y juventudes muestran las capacidades que despliegan para transformar sus realidades. Desde una finca cafetera, una casa de memoria, un territorio indígena o una tradición cultural, el Buen Futuro se expresa como un horizonte, un derecho que comienza a construirse en el presente.

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Por Las Dos Orillas

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