Pagar una factura de agua, energía o gas parece un trámite sencillo: buscar la empresa, ingresar al portal y hacer una transferencia o utilizar una tarjeta. Pero ese recorrido cotidiano se ha convertido en una nueva oportunidad para los ciberdelincuentes, que ya no necesitan atacar directamente una transacción para intentar quedarse con el dinero de los usuarios.
En Colombia, la suplantación de páginas de empresas de servicios públicos ha comenzado a poner el foco en un momento que durante años pasó desapercibido: la búsqueda del lugar donde se debe pagar. Un usuario puede recibir un enlace por mensaje de texto, encontrar un resultado patrocinado en un buscador o llegar a una página que imita la imagen de una compañía conocida y, sin darse cuenta, entregar allí sus datos.
Casos relacionados con la suplantación de portales de cobro del Acueducto de Bogotá y de empresas regionales de servicios públicos han encendido las alertas. Una de las modalidades que preocupa es el llamado Search Engine Phishing, que utiliza anuncios o resultados falsos en motores de búsqueda para dirigir a las personas hacia sitios que aparentan ser oficiales.
El problema ya dejó de ser una hipótesis para las empresas de servicios públicos. En Bogotá, por ejemplo, el Acueducto ha tenido que advertir repetidamente sobre páginas que imitan su plataforma de pagos. En septiembre de 2026, la entidad reveló que había recibido más de 8.200 reportes de usuarios que encontraron enlaces fraudulentos en motores de búsqueda durante el año.
La situación incluso llevó al Acueducto a trabajar con Asobancaria, la Policía Nacional, COLCERT, Google y otros proveedores tecnológicos, buscando reducir la aparición de páginas que utilizan nombres similares a los de la empresa para hacerse pasar por canales legítimos.
Meses antes, la entidad había advertido otra modalidad: mensajes enviados por WhatsApp y SMS que incluían enlaces hacia páginas falsas y solicitaban pagos en cuentas que no pertenecían al Acueducto. Algunos usuarios descubrían que habían sido víctimas de la estafa solo días después, cuando recibían una notificación de que la factura continuaba pendiente.
Es en este contexto donde aparece la discusión sobre el recorrido que hace una persona antes de pagar. Para Warino Viveros, CEO de Wepago, el problema no comienza necesariamente en la transacción, sino en encontrar un canal legítimo: “Antes de pagar, el usuario tiene que encontrar dónde hacerlo”. La compañía integra más de 23.000 convenios de recaudo en Colombia.
Así, el desafío para las empresas de servicios públicos tiene dos caras: proteger sus plataformas y, al mismo tiempo, conseguir que sus usuarios sepan reconocerlas. El Acueducto, por ejemplo, recomienda utilizar sus canales oficiales y ha desarrollado una Oficina Virtual como espacio para realizar los pagos.
La búsqueda también hace parte de la seguridad
La tercera pieza del problema es el recorrido que debe hacer el consumidor. Si una persona recibe recordatorios de varias empresas, tiene diferentes facturas y debe entrar a distintos portales cada mes, el proceso puede terminar siendo confuso. Esa llamada “fatiga transaccional” convierte la facilidad para encontrar el cobro en un asunto que también tiene relación con la seguridad digital.
De ahí que las soluciones planteadas pasen por tres frentes: reunir los convenios en entornos autorizados, comunicar de manera precisa cuáles son los canales habilitados y reducir los pasos que debe seguir el usuario para encontrar y pagar una factura.
El cambio parece pequeño, pero modifica la manera de entender el recaudo. Antes, buena parte de la conversación estaba concentrada en qué tan rápido y seguro podía procesarse un pago. Ahora hay una pregunta previa: ¿cómo hacer que el usuario llegue al lugar correcto antes de pagar?
En medio de una digitalización cada vez mayor de los servicios públicos, esa búsqueda se convirtió en una parte más de la seguridad. La factura puede ser legítima, el usuario puede tener el dinero y la empresa puede contar con una plataforma segura; si el camino para llegar hasta ella está lleno de imitaciones y enlaces falsos, el riesgo empieza mucho antes de que aparezca el botón de pago.
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