El domingo 20 de septiembre, en el estadio Miejski ŁKS de Łódź, Colombia acababa de vencer 1-0 a Nigeria. Carlos Paniagua, el director técnico de la selección femenina juvenil, seguía con la chaqueta del equipo puesta. Le cubría los brazos, pero no la emoción. Valerin Loboa había marcado, en la última jugada del partido, el gol que devolvía a las colombianas a una semifinal mundial después de 16 años.
Frente a los periodistas, Paniagua intentaba explicar lo que sentía. De repente, se detuvo y señaló sus brazos: “tengo la piel de gallina”. A pocos metros suyos, algunas de sus jugadoras seguían abrazándose y otras lloraban de alegría sobre la gramilla. Corrió a buscarlas para unirse a la celebración.
Esa imagen es recurrente en su vida: rodeado de las futbolistas, celebrando después de un partido, mientras ellas lo abrazan y él recibe una recompensa que durante años parecía imposible. Paniagua no es solamente el entrenador que está en la raya. Para varias de las futbolistas que han pasado por su dirección es el hombre que las escuchó, las corrigió, las acompañó y terminó convirtiéndose en una figura paterna.
Laura Aguirre, una de sus antiguas dirigidas, lo llamó directamente “un papá” por la manera en que les enseñó valores, honestidad, humildad y sentido de pertenencia.
Este miércoles 23 de septiembre, a las 11:30 a.m., esa relación llegará al partido definitivo. Colombia enfrentará a Corea del Norte en la semifinal del Mundial Femenino Sub-20 en Łódź (Polonia). Las asiáticas ya derrotaron 3-0 a la selección en la fase de grupos y llegan invictas. 13 goles marcados y ninguno recibido en el torneo.
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David Ospina, Camilo Zúñiga y Juan Fernando Quintero, entre sus pupilos
Paniagua había conocido primero el fútbol desde adentro de la cancha. Era volante y había hecho parte de la Selección Antioquia juvenil en 1981.
Allí, compartió con jugadores que después serían estrellas del fútbol colombiano, entre ellos Luis Fernando “Chonto” Herrera, Juan Jairo Galeano y Santiago Escobar. Cuatro años después, en 1985, el técnico uruguayo Julio Comesaña lo llevó a Independiente Medellín y le dio la oportunidad de debutar como profesional.
Paniagua llegó a Formas Íntimas en 2017 y ese mismo año ganó el Torneo Nacional Interclubes. En 2019 llevó al DIM-Formas Íntimas a la final de la Liga Femenina y a la Libertadores.

Su partido terminó pronto. En 1986, una lesión de rodilla lo obligó a retirarse del fútbol profesional. Tenía todavía por delante una vida que imaginaba dentro de las canchas, pero tuvo que cambiar de lugar.
De jugador a entrenador, de la cancha al banquillo. Después, estudió Tecnología Deportiva en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid. Allí, comenzó a construir desde el banco una carrera que terminaría siendo más larga que la de cualquier futbolista.
Pasó por el cuerpo técnico de Deportes Quindío, Atlético Bucaramanga e Itagüí. También trabajó durante años con las selecciones juveniles de Antioquia. Desde 2003, además, participó en la formación de jugadores que después llegarían al fútbol profesional y a la selección Colombia, entre ellos David Ospina, Camilo Zúñiga, Dorlan Pabón, Juan Fernando Quintero, Stefan Medina, Felipe Aguilar y Sebastián Pérez.
Con Antioquia consiguió cuatro títulos consecutivos, entre 2007 y 2010. También estuvo en los procesos de selecciones juveniles masculinas. Fue asistente de Piscis Restrepo y participó en el equipo que ganó el Suramericano Sub-20 de 2013 y consiguió la clasificación al Mundial de Nueva Zelanda 2015 y a los Juegos Olímpicos de Río 2016. Durante años, su mundo fue el fútbol masculino.
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“Sus hijas” y el fútbol que muchos machos no entendieron
En 2017, Marco Roldán lo invitó a trabajar con Formas Íntimas. Un año después se vinculó de lleno al proyecto femenino que empezaba a crecer con la llegada de la Liga. Primero, llegó la alianza con Envigado y después con Independiente Medellín. Con el DIM-Formas Íntimas fue subcampeón de la Liga en 2019 y consiguió la clasificación a la Copa Libertadores Femenina.
No todos entendieron su decisión, en el fútbol reina el machismo. Venía de trabajar con selecciones masculinas y algunos entrenadores se burlaron de él por haber escogido el fútbol de mujeres. Paniagua no retrocedió. Él mismo explicó entonces que había aceptado porque sabía hacia dónde quería llevar el proceso: a pelear títulos y dar vueltas olímpicas.
Lo logró, pero antes tuvo que cambiar como entrenador. El propio Paniagua reconoció que aprendió a valorar de otra manera el esfuerzo de las futbolistas, muchas de las cuales tenían que entrenar y después salir a trabajar porque todavía no podían vivir exclusivamente del fútbol.
Del estilo fuerte que había aprendido en el fútbol masculino pasó a una forma de dirigir más conciliadora, sin abandonar la exigencia.
Para sus jugadoras, esa transformación es profesional y personal. La jugadora Laura Aguirre lo describió como un padre. Sus futbolistas comenzaron a llamarlo “Fututo”, pero también lo reconocieron como alguien que les enseñaba algo más que fútbol. Paniagua hablaba de ellas como sus “hijas”.
El apodo nació cuando era apenas un niño que jugaba fútbol en las calles de La Floresta, en Medellín. En una de esas jornadas, él y sus amigos rompieron el vidrio de una casa; cuando la dueña salió a buscar al responsable, señaló al muchacho y dijo: “Eso fue ese Fututo”.

El nombre de aquella pilatuna sobrevivió al tiempo y terminó acompañando al hombre que hoy dirige a la Selección Colombia femenina Sub-20.
En diciembre de 2021 llegó la llamada que volvió a ponerlo en la Selección Colombia: fue nombrado técnico de las categorías femeninas Sub-17 y Sub-20. Un año después, consiguió clasificar a ambas a sus respectivos Mundiales. Desde entonces siguió construyendo una generación que hoy está en las semifinales del mundo.
Ahora, aquel hombre que en 1986 tuvo que abandonar la cancha por una lesión de rodilla está otra vez a las puertas de una hazaña. No lo hará con los guayos puestos ni buscando un pase entre defensas. Tampoco dirigiendo hombres. Lo hará desde la raya, con sus jugadoras delante y una historia de cuatro décadas detrás.
A las 11:30 de la mañana, Corea del Norte estará enfrente. Del otro lado estará Paniagua, el futbolista que perdió su carrera demasiado pronto y encontró, muchos años después, otra manera de llegar al fútbol: acompañando a unas jóvenes que hoy están a un partido de jugar una final mundial.
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