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En Colombia, montar una empresa es bien un acto heroico de fe cuando no hay compadrazgo político previo a su constitución y fermentación durante dos años; o una estulticia calamitosa. La tasa de supervivencia de las empresas en Colombia tras tres años de constitución, roza el 38,3% (cifras de la OCDE - Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), y con más de 209.000 matrículas mercantiles canceladas o no renovadas anualmente (lo equivalente a un municipio tan grande como Riohacha), el sistema demuestra que no solo es una formidable máquina para la trituración de ilusiones productivas, sino que no le interesa hacer nada para que las PYMES no quiebren, porque es un negocio rentable para las Cámaras de Comercio su creación y disolución. La alta rotación de registros es un éxito en la caja, y también lo es para los contadores que deben liquidar las empresas en aras de ayudarle al empresario quebrado a salir de ese laberinto fiscal donde el Estado es solo socio solo en las ganancias, pero asfixia a las empresas en las pérdidas, premiando así al capitalismo de compadrazgo político que es el único que funciona o el de los “Atunes Van Camps”, a los que les hundieron el buque atunero industrial "Montecristi" el lunes 7 de septiembre de 2026 por ser una estación flotante de reabastecimiento para los Choneros que tienen un amplísimo y documentado prontuario judicial por tráfico de cocaína.
Entonces, para entender la gravedad de esta distorsión de lo que los economistas llamarían, el modelo de bienestar keynesiano aplicado en Colombia, vale la pena mirar hacia el espejo de las 10 economías más prósperas del mundo que viven en democracias de compadrazgo y nepotismo (excluyendo regímenes autoritarios como China o Rusia).
Por ejemplo, para hablar de una tesis de contraste, en Irlanda y Singapur existen exenciones totales o reducciones drásticas del impuesto sobre la sociedades (el famoso Corporate Tax) para los beneficios iniciales hasta determinados umbrales económicos considerables. En Alemania y los países nórdicos, los incentivos se traducen en créditos fiscales directos para I+D (investigación y desarrollo), como exenciones de contribuciones a la seguridad social durante las fases de arranque y una simplificación tributaria que también elimina el RETEICA y el RETEFUENTE. En estas naciones, el Estado comprende que asfixiar a la base empresarial naciente es matar la gallina de los huevos de oro; en contraste, en Colombia la voracidad fiscal de la DIAN y las Cámaras de Comercio recae sobre el eslabón más débil de la sociedad, mientras se otorgan salvavidas multimillonarios a la gran banca en tiempos de crisis, como pasó aquí con Duque en la Pandemia, que mientras gente salía a protestar con el trapo rojo porque tenían hambre y les mandaron al ESMAD, la banca privada recibió un salvavidas de 500 mil millones de pesos, según lo denunció Jorge Robledo.
Cuando miramos las cifras, en esas economías más prósperas del mundo, solo el entre el 7% y el 14$ de los registros empresariales son cancelados. En Colombia pues, visto el anterior ejemplo, las Cámaras de Comercio y la DIAN que recauda para poder generarle recursos a un país que se gasta 51 billones anuales en corrupción, parecen operar más como agencias de recaudación y notarías costosas, que como plataformas de verdadero desarrollo productivo: poco o nada reinvierten en las empresas. Más harían como en esos países altamente desarrollados, al quitarle los impuestos si no les van a aportar nada.
Mi llamado hoy es a la organización gremial. Al igual que los trabajadores se unieron en sindicatos para conquistar derechos laborales, hoy las PYMES que representan la columna vertebral del empleo y la cohesión social de Colombia: Las grandes empresas y bancos en Colombia solo aportan el 0,5% del empleo total en el país; mientras las PYMES aportan el 99,5%.
Por eso es urgente replantear varias cosas. Si el país quiere tener empresas estables, contratos estables, desempleo sostenido, es necesario que si las Cámaras de Comercio van a sobrevivir, sea para ofrecer contadores subsidiados a las PYMES para garantizar la supervivencia financiera, la educación empresarial sobre la marcha en esta etapa crítica; eliminar tributos como el RETEICA y el RETEFUENTE en los primeros años; impulsar un sistema de pasantías con el SENA y posgrados universitarios para inyectar gestión de proyectos, manejo de la IA en la aplicación a convocatorias y tecnología a los pequeños negocios; un sistema de clusters donde las grandes empresas estén obligadas o incentivadas a subcontratar y nutrir a las PYMES para que ganen experiencia, en lugar de devorarlas con la gran ayuda que ofrece el sistema.
En mi caso, Zephiroth S.A.S. —una empresa nacida de la expansión de búsqueda de oportunidades para cerca de un millón de colombianos que quieren irse del país para buscar las oportunidades laborales que este sistema clientelista no les ofrece; en 2022 hubo una salida de 547 mil colombianos (lo equivalente a una ciudad tan grande como Ibagué); precisamente porque los contratos son inestables o inexistentes.
Hace 17 años empezamos investigando genealogía, publicando libros, artículos en revistas indexadas. Desde 2019, por las leyes de reparación histórica para descendientes de judíos sefardíes, ayudamos a unos 450 colombianos a nacionalizarse en España, Portugal e Italia; y seguimos acompañándolos para conseguir visas de trabajo, de estudio, becas, y hasta empleo manejando camiones de carga o en plataformas como Uber en Europa, formalizándolos y gestionando becas para sus licencias de conducción en Alemania, Portugal y España. Así nació Zephiroth, hace menos de 5 años. Hoy tenemos dos líneas: la primera es la investigación genealógica para cumplir con leyes de reparación histórica. Y la segunda, nuestra apuesta grande: ayudar a esos más de 400 municipios coloniales a no desvirtuar sus fachadas y su memoria.
Los convertimos en destinos turísticos sostenibles. ¿Cómo? Transformamos su historia en museos a cielo abierto, en juegos didácticos para niños y gentes del pueblo que quieran convertirse en agentes de preservación de su memoria; en libros ilustrados; en documentales de sus personajes; y en guiones museográficos.
Que la historia no se quede en una fachada cayéndose a pedazos o siendo reemplazada por los letreros de neón desentonados, sino que se juegue, se camine y se viva la historia del lugar donde se pensó la República.
Para 2032 queremos ser la red de municipios más grande del país, con observatorios astronómicos en bibliotecas infantiles financiadas por convenios internacionales que ayudamos a gestionar (por ejemplo con la Embajada del Japón, entre otros) donde aprender historia es un juego que enriquece las arcas de todos los ciudadanos que aprenden a tener amor por Colombia.
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