EE. UU. no llevó la democracia a Venezuela, pero obtuvo acceso privilegiado a enormes reservas petroleras. Colombia debería mirar con atención la advertencia

 - Venezuela entregó el petróleo a EE. UU.; ¿Colombia entregará el territorio?

Muchos en Venezuela y en el mundo celebraron la captura de Nicolás Maduro pensando que sería el fin de la dictadura y podría abrir el camino hacia la democracia. El tiempo ha mostrado algo muy distinto.

Tras la injerencia de EEUU no llegaron las elecciones libres ni una transición democrática. Maduro salió del poder, pero buena parte del régimen permaneció intacto y Washington terminó negociando con Delcy Rodríguez, una de sus principales figuras.

Lo que sí llegó fue un gigantesco acuerdo petrolero.

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No era la democracia: era el petróleo

El reciente “acuerdo” Petrolero entre Washington y Caracas es una prueba incontrovertible de absoluta subordinación. EEUU obtuvo el control de una empresa que maneja de 17 campos petroleros, que contienen cerca de 65.000 millones de barriles, lo que equivale a la quinta parte de todas las reservas petroleras venezolanas.

La operación es tan monumental como opaca. El Gobierno estadounidense podrá adquirir el 20 % de la producción al costo y tendrá la primera opción para comprar el 80 % restante. También contará con capacidad de veto y presencia mayoritaria en la junta directiva.

Caracas habla de un acuerdo por 25 años, mientras que Washington reporta derechos sobre los campos hasta por un siglo. Y al examinar lo que recibiría Venezuela en regalías y pagos, las condiciones resultan abiertamente leoninas y lesivas a los intereses del hermano país. Varios analistas comparan esta jugada al robo de panamá en los inicios del siglo XX.

Petróleo para disputar el poder mundial

El golpe en la mesa de Trump con este “acuerdo”, no es únicamente por petróleo: se trata de una operación a varias bandas para reorganizar el mapa geopolítico en Venezuela y la región.

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Con el control de reservas ajenas, Trump aumenta las reservas estratégicas de Petróleo de EEUU, lo que permitirá incrementar el suministro a su país y reducir el precio de la gasolina para los ciudadanos estadounidenses, noticia con la que espera recuperar fuerza política en víspera de las elecciones de noviembre.

La propia Casa Blanca presentó el acuerdo como una herramienta para asegurar la “dominación energética estadounidense”. Con lo que además reduce el suministro a sus competidores China y Rusia y menoscaba su influencia en el país, profundizando así su control directo sobre América Latina, objetivo central de su estrategia del Escudo de las Américas y la doctrina Monroe actualizada. 

Colombia no puede entregar las llaves

Lo que está sucediendo en Venezuela debería encender todas las alarmas en Colombia.

El actual presidente De la Espriella admira a Trump y ha alineado su política exterior y de seguridad con Washington. Colombia ingresó al llamado Escudo de las Américas y se anunciaron operaciones militares conjuntas contra el narcotráfico. 

Al mismo tiempo, continúa el proyecto de una estación de Guardacostas en la Isla Gorgona con cooperación y financiación estadounidense, en uno de los lugares ambiental y geopolíticamente más estratégicos del Pacífico colombiano, a través del cual se puede acceder a bancos de pesca, inmensa biodiversidad y al control del pacífico este tropical.

En Leticia también avanza una estación transnacional de Policía con apoyo de la INL estadounidense, en pleno corazón de la Amazonía, y con serios riesgos en cuento manejo de información y control territorial.

Combatir el narcotráfico es necesario. Cooperar internacionalmente también. Pero ninguna de las dos cosas autoriza a entregar el mando, acceso a información privilegiada, el territorio o la soberanía.

¿Dónde operarán las fuerzas estadounidenses? ¿Quién ejercerá el mando? ¿Qué facultades tendrán? ¿Qué información estratégica recibirá Washington?

El verdadero peligro consiste en creer que los intereses de Trump coinciden necesariamente con los de Colombia. 

Para Washington, Gorgona puede ser un punto de vigilancia sobre el Pacífico. Para nosotros es un parque nacional, un tesoro de biodiversidad y un baluarte de conservación y la ciencia. 

Para Estados Unidos, la Amazonía y el Chocó Biogeográfico pueden ser un escenario de seguridad y competencia con China. Para Colombia es patrimonio ambiental, territorio ancestral y una fuente de agua y biodiversidad invaluable.

Venezuela creyó que Estados Unidos llegaba para sacar a un dictador y terminó viendo cómo Washington negociaba con sus herederos para acceder a su petróleo. Colombia debería aprender la lección antes de que sea demasiado tarde.

Las potencias no tienen amistades incondicionales: tienen intereses. Y la soberanía consiste precisamente en que Colombia nunca confunda los intereses de Estados Unidos con los suyos.

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