Hay un momento particular cuando uno se sube por primera vez a un carro eléctrico: durante los primeros metros cuesta encontrar aquello que durante años ha sido parte de la experiencia de manejar. No hay ruido de motor, no hay cambios de marcha y, cuando se pisa el acelerador, la respuesta llega de inmediato.
Eso fue una de las primeras sensaciones al ponerme al volante del Kia EV3, el SUV eléctrico que la marca llevó a Colombia en 2025 y con el que buscaba acercar esta tecnología a quienes todavía miran con cierta distancia el salto de los motores de combustión a los eléctricos.
A primera vista, el EV3 no intenta parecerse demasiado a las camionetas tradicionales. Tiene líneas rectas, proporciones compactas y un diseño que mezcla elementos futuristas con otros que ya hacen parte del lenguaje de Kia. Pero después de unos minutos conduciéndolo queda claro que la apuesta no está únicamente en llamar la atención: la idea es que pueda funcionar como un carro para todos los días.
En aquel momento, el EV3 llegaba en las versiones Light y Light+. Ambas utilizaban un motor eléctrico de 201 caballos de potencia y 283 Nm de torque, aunque se diferenciaban principalmente por la capacidad de sus baterías: 58,3 kWh en la primera y 81,4 kWh en la segunda. La autonomía homologada alcanzaba los 436 kilómetros en la Light y hasta 605 kilómetros en la Light+, bajo el ciclo WLTP.
Una conducción que obliga a cambiar el chip
Lo más interesante de la prueba no estuvo necesariamente en las cifras, sino en la manera en que el EV3 entrega su potencia. La respuesta al acelerador es inmediata y silenciosa, algo que se nota especialmente en ciudad, donde las constantes arrancadas y frenadas hacen que un eléctrico tenga una personalidad completamente diferente.

También está el i-Pedal, un sistema que permite desacelerar el vehículo utilizando el acelerador y recuperar energía durante ese proceso. Al principio obliga a cambiar un poco la forma de conducir, pero después de unos kilómetros empieza a sentirse natural.
El interior mantiene esa misma idea. El tablero es limpio, digital y dominado por las pantallas, mientras que elementos como el cargador inalámbrico, la conectividad inalámbrica con Apple CarPlay y Android Auto y el aire acondicionado bizona buscan hacer más sencilla la vida a bordo. La ficha técnica también registra seis airbags, control electrónico de estabilidad, asistencia de mantenimiento de carril, control crucero inteligente y sensores de parqueo delanteros y traseros.

Hay además un detalle que ayuda a entender la filosofía del EV3: sus 4,30 metros de largo y 460 litros de baúl lo mantienen en unas dimensiones relativamente fáciles de manejar en ciudad, sin sacrificar demasiado espacio para el uso cotidiano.
Después de conducirlo, queda la sensación de que Kia no quiso hacer un eléctrico extraño para demostrar que podía hacerlo. El EV3 busca algo más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil: que después de unos kilómetros uno deje de pensar que está manejando un carro eléctrico y simplemente sienta que está manejando un buen carro.
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