La corrupción y la honestidad empiezan en una decisión: ¿qué hacemos cuando podemos quedarnos con algo ajeno y nadie nos está mirando?

 - La billetera perdida: ¿qué tan honestos somos cuando nadie nos mira?

La corrupción y la honestidad empiezan en una decisión aparentemente pequeña: ¿qué hacemos cuando podemos quedarnos con algo ajeno y nadie nos está mirando?

¿Qué haría usted si encuentra una billetera con dinero y tiene la posibilidad de quedárselo sin que aparentemente nadie pueda descubrirlo? La pregunta parece sencilla, pero toca uno de los problemas fundamentales de la ética: cómo nos comportamos cuando nadie nos está vigilando.

En 2019, los investigadores Alain Cohn, Michel André Maréchal, David Tannenbaum y Christian Lukas Zünd publicaron en la prestigiosa revista Science uno de los experimentos de campo más grandes realizados sobre honestidad ciudadana. El estudio, denominado Civic Honesty Around the Globe, abarcó más de 17.000 billeteras en 355 ciudades de 40 países. No les preguntaron a las personas si se consideraban honestas. Hicieron algo mucho más revelador: las pusieron frente a la oportunidad real de comportarse honestamente o quedarse con algo que no les pertenecía.

Más de 17.000 oportunidades para ser honestos

Los investigadores entregaron billeteras aparentemente perdidas en bancos, hoteles, museos, oficinas de correos, estaciones de policía y otras instituciones públicas y privadas. Dentro había elementos que permitían identificar y contactar al supuesto propietario. La variable fundamental era el dinero: algunas billeteras no contenían efectivo y otras sí.

Una persona llegaba al establecimiento, afirmaba que había encontrado la billetera y la dejaba en manos de un empleado. Los investigadores esperaban después para comprobar si ese empleado contactaba al supuesto propietario. La lógica económica más elemental sugería una conclusión aparentemente obvia: cuanto más dinero hubiera en la billetera, mayor sería la tentación de quedárselo.

Ocurrió exactamente lo contrario.

Más dinero, más honestidad

Cuando las billeteras no contenían dinero, alrededor del 40 % de quienes las recibieron contactaron al propietario. Cuando contenían dinero, el porcentaje aumentó aproximadamente al 51 %. Los investigadores fueron todavía más lejos: en algunos países aumentaron considerablemente la cantidad de dinero incluida.

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Si el problema consistía simplemente en que la primera suma era demasiado pequeña para despertar la codicia, una cantidad mayor debería haber reducido las devoluciones. Nuevamente ocurrió lo contrario. Con cantidades sustancialmente mayores, el reporte de las billeteras llegó aproximadamente al 72 %.

A mayor cantidad de dinero, mayor probabilidad de intentar devolver la billetera. Fue un resultado tan sorprendente que ni siquiera los economistas consultados previamente habían anticipado correctamente el comportamiento de las personas.

Nadie quiere considerarse un ladrón

¿Por qué sucede? Los investigadores encontraron parte de la explicación en algo que no aparece fácilmente en una ecuación económica: la imagen moral que tenemos de nosotros mismos.

Quedarse con una billetera vacía puede racionalizarse. Pero apropiarse deliberadamente de una cantidad importante de dinero ajeno cambia psicológicamente la acción.

Ya no se trata simplemente de no devolver un objeto perdido. La persona puede comenzar a verse a sí misma como alguien que está robando. Aparece entonces un costo que no figura en ningún balance: el costo moral de considerarse deshonesto.

Una simple llave también importó

El experimento tuvo otro detalle fascinante. Algunas billeteras contenían una llave. Para quien encontraba la billetera, aquella llave prácticamente no tenía valor. Para su propietario, en cambio, podía ser importante. La presencia de la llave aumentó la disposición a contactar al dueño.

Esto permitió identificar otro componente de la honestidad: la preocupación por el daño que podemos ocasionar. No se trata únicamente de cuánto podemos ganar al apropiarnos de algo ajeno, sino también de cuánto daño sabemos que podemos causar al propietario.

¿Y Colombia?

Colombia no participó en el experimento de las billeteras, por lo que no es posible atribuirle una tasa de devolución. Sin embargo, los principales indicadores internacionales ofrecen un panorama que merece atención.

En el Índice de Percepción de la Corrupción 2025, Colombia obtuvo 37 puntos sobre 100 y ocupó el puesto 99 entre 182 países y territorios. El World Justice Project 2025 la ubicó en el puesto 100 entre 143 países en ausencia de corrupción, aunque mostró un resultado considerablemente mejor en Gobierno Abierto.

Estos indicadores deben interpretarse con cuidado. Corrupción institucional y honestidad individual no son lo mismo. El puesto de Colombia en un índice de corrupción no permite afirmar cuántos colombianos devolverían una billetera.

Pero deja una pregunta fascinante: ¿qué ocurriría si se repitiera en Colombia el experimento de las billeteras?

La ética se demuestra cuando nadie mira

El experimento tiene una enorme virtud: no midió discursos, sino comportamientos. Existe una gran diferencia entre preguntarle a alguien “¿usted es honesto?” y dejar delante suyo una billetera con dinero. En el primer caso obtenemos una declaración. En el segundo, observamos una decisión.

La misma reflexión debería trasladarse a empresas, gobiernos y organizaciones. Una institución puede tener códigos de ética, manuales de conducta, comités, líneas de denuncia y numerosas capacitaciones. 

De alguna manera, todos encontramos una billetera durante nuestra vida. Y el experimento demostró que muchas personas están dispuestas a renunciar a un beneficio porque también valoran algo más: seguir considerándose honestas.

Al final, la pregunta es sencilla y profunda:

¿Qué hacemos cuando podemos beneficiarnos haciendo algo incorrecto y creemos que nadie nos está mirando? Ahí comienza la ética.

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Por José Guillermo Mejía J.

MBA,EOI. Especialista en Seguridad Social, Universidad Externado. Especialista en Ética y Pedagojía de los Valores, Universidad Javeriana. Especialista en control interno de instituciones financieras, Asobancaria. Programa de Desarrollo Directivo, Inalde. Contador público, EAFIT. Socio fundador del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga. Ex miembro del Consejo Directivo de EAFIT. Miembro de juntas directivas, profesor universitario, ejecutivo en empresas de diferentes sectores económicos.