La tragedia del terremoto no sólo nos ha mostrado el poder absoluto de la naturaleza -la cual debemos cuidar- y también el rostro de la humanidad unida de forma solidaria y empática. Pero también, lastimosamente, nos ha mostrado el rostro del desprecio, la insensibilidad y la mezquindad de unos ciegos por el odio, el desprecio y el fanatismo que moviliza una ideología perversa.
En esta vídeo columna se advierte de un fenómeno que está ocurriendo y qué debe llevarnos a discutir -como país- dónde vamos a vivir, en la realidad o la virtualidad y cómo queremos vivir. Afortunadamente hay una semilla germinando, un bendito pueblo que construye República.
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