Texto escrito por: Aníbal Arévalo
Uno no sabe si reír o llorar, pero así es la realidad política de nuestra región. Cuesta comprender la motivación de las directivas de la Universidad Santiago de Cali para otorgar al presidente de la República Argentina, Javier Milei, el título de doctor honoris causa en Administración. Milei es objeto de una profunda controversia por el rumbo que ha impreso a su país, sumiendo a amplios sectores de la población en una situación crítica tras un severo recorte del gasto público y la eliminación sistemática de subsidios.
El grueso de la sociedad padece los estragos del ajuste, mientras los sectores acomodados transitan la coyuntura sin contratiempos, respaldando medidas orientadas de forma exclusiva a contener la inflación. Entre los aspectos más cuestionados figuran los fuertes incrementos en los servicios públicos, el deterioro y desfinanciamiento de la salud pública, y la pérdida severa del poder adquisitivo en las pensiones de la población jubilada.
Cabe preguntarse entonces: ¿cuáles son los méritos del presidente argentino para recibir una distinción de esta magnitud mientras su gestión ahonda la crisis socioeconómica? ¿O responde esto, acaso, al interés particular de las directivas de la universidad por tender puentes ideológicos y hacer lobby con el mandatario?
Un doctorado honoris causa se concede tradicionalmente a personalidades con aportes excepcionales a la ciencia, las artes, la cultura o el desarrollo social, o bien a educadores ilustres cuya trayectoria haya transformado positivamente a varias generaciones. El mandatario argentino dista de reunir cualquiera de estos presupuestos. Por el contrario, sus decisiones han acelerado el deterioro de una nación que en el pasado figuró entre las más prósperas de la región.
Las cifras de su gestión revelan un panorama complejo: al inicio de su mandato, la devaluación del peso oficial superó el 50 %, desatando un pico inflacionario en bienes básicos y alimentos que erosionó el valor real de los salarios y el ahorro familiar. La caída de la capacidad de compra contrajo el consumo en supermercados e industrias clave, golpeando con fuerza al comercio minorista y a las pymes.
Asimismo, la congelación presupuestal para las universidades nacionales y la salud pública desató movilizaciones masivas en las principales ciudades. La reducción de la nómina estatal, sumada al enfriamiento del mercado interno, derivó en un paulatino incremento del desempleo en la industria y el comercio tradicional.
Ante este cuadro de asfixia para la clase media y los sectores populares, insisto en el interrogante: ¿por qué los directivos de una institución respetada en el Valle del Cauca y el sur del país malbaratan un reconocimiento de tal prestigio en un gobernante que aplica un ajuste inclemente sobre su propio pueblo? Que Dios proteja a Colombia si este es el modelo de desarrollo que algunos pretenden replicar localmente.
Lo más grave de este asunto es que, según declaraciones del propio Milei, el presidente colombiano, Abelardo De la Espriella, piensa copiar el modelo argentino. Que no nos vaya a poner carne de burro a los colombianos. El modelo de economía de Argentina es un ensayo que margina por completo a los sectores populares con alta inflación y un sistema de salud precario.
La Universidad Santiago de Cali cometió un error garrafal al concederle el Doctorado Honoris Causa a quien no se lo merece; la evidencia es que las críticas le llovieron a cántaros y eminentes profesores renunciaron a esa universidad en protesta a un inmerecido galardón. ¡Líbranos señor de caer en la trampa argentina!
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