Según lo han relatado los medios de prensa en el país, Luis Felipe Yagüé, un humilde vendedor ambulante de panela de 74 años en Florencia, Caquetá, fue rechazado por un profesor que se negó a seguir comprándole al enterarse de que no había votado por la izquierda. El profesor de la Universidad de la Amazonia en el Caquetá, Franklin Gamboa, le manifestó a don Luis Felipe Yagüe que no le compraría más productos al percatarse de su preferencia política en las elecciones por de la Espriella. La serena réplica del vendedor, que le respondió con mesura y respeto al energúmeno docente, desató una masiva ola de solidaridad nacional, multiplicando las ventas de Yagüe y llevándolo a recibir invitaciones especiales, como aquella a la posesión en Cali del nuevo presidente Abelardo de la Espriella.
¿Qué fue el argumento del sectario educador Gamboa para castigar económicamente al vendedor de panela? Gamboa se presentó como defensor del campesino, desconociendo que el vendedor es precisamente quien le abre mercado al campesino. Gamboa afirmó que dejaría de comprarle al vendedor y adquiriría la panela “directamente de los campesinos”, una demoledora sentencia que pretendía sonar revolucionaria, solidaria y ecológica. En realidad, el estúpido pretexto del docente lo que revelaba era un casi absoluto desconocimiento del negocio, sin entender que la panela que vende un comerciante ambulante ya viene, directa o indirectamente, de campesinos. De los 18.000 trapiches que hay en Colombia, el 90% es de pequeños productores, casi todas familias campesinas. Un intermediario como don Luis Felipe Yagüe está lejos de ser un parásito: transporta, almacena, busca clientes, asume inventarios y lleva la mercancía desde el trapiche hasta la puerta del consumidor.
El docente Gamboa, como lo señalaba un comentarista, parece no haber entendido la eliminación del intermediario con la eliminación
de la intermediación. Gamboa puede pretender sancionar al vendedor, pero no puede ocultar el transporte, la búsqueda, el almacenamiento, ni el tiempo necesario para encontrar en el campo el producto. En su nueva república en la que reine la “justicia panelera”, Gamboa implícitamente asume que será él mismo el que le compre a los campesinos su producto, solo que con mayor costo y menor eficiencia. Uno de los grandes gurús de la administración, el profesor Peter Drucker, le advertía a sus estudiantes: “Ustedes pueden eliminar al intermediario, pero tienen que estar listos a hacer las tareas que desempeña dicho intermediario”.
Al profesor Gamboa no le bastó con dejar de comprar al modesto comerciante y tomó la decisión de escarmentarlo al grabar su sentencia, explicándole la sanción y mostrándole que toda desviación política podía tener consecuencias económicas. El dogmático profesor Gamboa pretendió exhibir en público al vendedor y terminó exhibiéndose él mismo. Gamboa nos recordó que el sectarismo recalcitrante de muchos en la izquierda puede manifestarse en pequeños actos cotidianos como es el excluir a un empleado o castigar a un comerciante por sus ideas.
Gamboa tendrá que responderle a la Universidad de la Amazonia por una conducta que riñe con la ética de la pedagogía; y el uso indebido de una grabación sin la previa autorización de aquel que estaba siendo grabado. ¡La intransigencia y la abismal ignorancia económica de este docente de extrema izquierda le estalló en la cara!
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