En apenas 10,06 segundos una historia de derrotas de 25 años fue pulverizada. El martes pasado, en el Estadio Olímpico Félix Sánchez de Santo Domingo, Ronal Longa cruzó primero la meta de los 100 metros planos, levantó los brazos en cuanto se enteró de la victoria y se convirtió en el primer colombiano en ganar la prueba reina de la velocidad, durante los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe.
En un cuarto de siglo, ningún atleta nacional había ganado la presea dorada. Ni siquiera plata o bronce. A unas milésimas de segundos, llegaron el jamaiquino Bouwwahjgie Nkrumie y el dominicano Melbin Marcelino. El impulso del pecho sobre la cinta, que suele ser definitivo en esta prueba, le dio la esquiva victoria.
El triunfo llegó, además, en un momento decisivo para la delegación nacional. Con esa y otras medallas obtenidas durante la jornada, Colombia logró mantenerse en el segundo lugar del medallero general, solo detrás de México y por delante de Cuba, ratificando su condición de potencia deportiva de la región.
Del potrero y los goles a la pista atlética
La carrera, a pesar de durar unos segundos, había empezado en Istmina, un municipio de poco más de 30.000 habitantes enclavado a orillas del río San Juan, en el corazón del Chocó.
Allí, en medio de la guerra y los aguaceros torrenciales que convierten la región en la más lluviosa del planeta, creció Longa. Su abuela Carmen, una robusta matrona afrocolombiana, se encargó de levantarlo con ñame, yuca, plátano y pescado sacado del río donde confluye la vida cotidiana del pueblo.
Como miles de niños colombianos, Longa soñaba con ser futbolista. Al estilo de Hussain Bolt, el legendario velocista jamaiquino que también coqueteó con el fútbol antes de colgarse medallas de oro en las pistas.
Su infancia, como la de la mayoría de niños chocoanos estuvo marcada por la pobreza, la corrupción política, el abandono estatal y el conflicto armado. En 2016, a sus 12 años, 6.000 personas fueron desplazadas del departamento, mientras que otras 7.000 quedaron confinadas en sus precarias casas por los combates entre la guerrilla del ELN y El Clan del Golfo.
El peligro permanente por los combates y la muerte de su abuela, ese trágico año, cambiaron el rumbo de su vida. Su familia lo llevó a la capital en busca de oportunidades, sin intuir que aquel muchacho se convertiría, años después con sacrificio y disciplina, en el hombre más rápido de Colombia.
Una veloz carrera hacia el oro

Ese giro cambió su destino. Antes de especializarse en los 100 metros, probó en el salto largo, hasta que entrenadores de la Liga de Atletismo de Bogotá convencieron al adolescente de concentrarse en la velocidad.
La progresión fue tan rápida como él. En 2023, días después de haber sacado la cédula, sorprendió al convertirse en el primer colombiano en romper la barrera de los diez segundos en los 100 metros planos. Apenas una milésima de segundo lo separó del montón -su registro histórico fue 9,99 segundos- y lo catapultó al Mundial de Budapest 2023 y los Juegos Olímpicos de París 2024.
En Hungría fue octavo y en Francia no clasificó a las rondas finales. Sin embargo, Ronal no bajó la velocidad. En 2026, volvió a romper sus límites. El 26 de junio, en el Estadio Alfonso Galvis Duque de Medellín, ganó los 100 metros del Campeonato Panamericano de Atletismo con un tiempo de 9,85 segundos, nuevo récord nacional y suramericano.

El oro en Santo Domingo, además de ser un hito para el atletismo colombiano, lo proyecta al circuito internacional. Allí, Longa espera seguir dejando tras a sus rivales. Los eventos del World Athletics Tour son el reto inmediato, mientras que el objetivo a mediano plazo son los Mundiales de Atletismo de 2025 en Tokio y el ciclo olímpico hacia Los Ángeles 2028.
Anuncios.



