Texto escrito por: Ronal Britto Charris
Santa Marta se ha convertido en una ciudad sumergida en basuras, malos olores y podredumbre. La desidia institucional ha normalizado el caos, mientras la ciudadanía se resigna a convivir con montañas de desechos que atentan contra la salud pública y la dignidad humana.
El saneamiento básico, que debería ser la prioridad de cualquier administración responsable, ha sido relegado a un segundo plano frente a las obras de cemento, esas que se convierten en la fuente de tajadas económicas para quienes gobiernan. La política local ha caído en el círculo vicioso de vender candidatos reciclados, los mismos que han estado directa o indirectamente en el poder, disfrazados ahora de salvadores. Pretenden convencer a los samarios con discursos vacíos, mientras la realidad es que nunca han tenido voluntad de resolver los problemas estructurales de la ciudad.
El patrón de conducta de elegir al que más dinero tiene para comprar votos debe terminar. Santa Marta no necesita más promesas huecas ni campañas millonarias; necesita soluciones reales. La salida está en construir verdaderas políticas públicas encaminadas a la autosostenibilidad, con visión territorial y compromiso social. No se trata de discursos, sino de gestión transparente y eficiente.
Se requiere un administrador público con experiencia en el sector público y privado, capaz de entender la ciudad desde sus barrios, desde sus comunidades, desde sus necesidades más urgentes. Un liderazgo que no se esconda tras el cemento, sino que enfrente la crisis de saneamiento básico y devuelva a los samarios la confianza en su ciudad.
Santa Marta no puede seguir nadando en la basura. Es hora de romper con la podredumbre política y abrir paso a una administración que pense en la gente, en el agua, en la limpieza, en la dignidad. Esa es la verdadera transformación que necesitamos.
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