Texto escrito por: Felipe Solarte Nates
Parecía que el presidente Petro y el candidato Iván Cepeda ya habían aceptado la derrota y con el anuncio de la desobediencia civil, preparaban a sus seguidores para continuar fortaleciendo el recién creado Pacto Histórico con miras a las elecciones para alcaldías, gobernaciones, concejos municipales y asambleas departamentales, cuando el avispero se alborotó y el empalme en curso fue interrumpido con altisonantes declaraciones de parte y parte.
El detonante fue la prolongada entrevista que el también exintegrante del M19, Carlos Alonso Lucio, le concedió a la revista Cambio, en el cual, entre otras cosas, declaraba que el presidente Petro era un delincuente y debía ser extraditado por los acuerdos de su gobierno con el Clan del Golfo, varias bandas criminales y otros grupos guerrilleros como el ELN y las Disidencias de las FARC, a los que se les dieron muchas concesiones con el fin de incentivar el avance de la Paz Total que no cuajó porque les dieron la mano y se tomaron el codo.
“No hay peor cuña que más apriete que la del mismo”, reza el refrán y en este caso se confirma esta herencia de la sabiduría popular, teniendo en cuenta que los principales protagonistas de este impase, Petro y Lucio, hace casi 50 años, fueron compañeros de aventura revolucionaria cuando muy jóvenes militaron en el M19, un movimiento populista revolucionario, que nació entre anapistas radicales, cuando el 19 de abril de 1974, el Frente Nacional, -la alianza entre conservadores y liberales para alternarse el poder, desde 1958 hasta 1978-, presuntamente le robó las elecciones al dictador entre 1953 y 1957 y general retirado Gustavo Rojas Pinilla, quien había presentado su candidatura a nombre de la Alianza Nacional Popular, ANAPO.
Como protesta al robo de las elecciones con votos de más metidos en las urnas en el departamento de Nariño, según confesó años después Carlos Augusto Noriega, -más conocido como “el Tigrillo”, quien fue ministro de gobierno del presidente de Carlos Lleras Restrepo, en cuyo periodo se realizaron las polémicas elecciones-, dirigentes de la ANAPO y jóvenes universitarios que habían militado en las FARC y otras guerrillas, decidieron crear el M19, que con propuestas más de la entraña de los sectores populares y apartándose del rígido y dogmático discurso marxista característico del ELN, el EPL y las FARC, se propusieron movilizar al pueblo, haciéndose propaganda con acciones espectaculares, al estilo de los Tupamaros de Uruguay, como la toma de la embajada Dominicana y el robo de más de 2000 armas extraídas por un túnel desde el Cantón Norte del Ejercito Nacional, en Bogotá.
Jaime Bateman, el carismático líder del M19, rompió moldes de lo que era un dirigente revolucionario y marcó la impronta de guerrilla a lo Robin Hood, que despertó amplias simpatías no sólo con sus planteamientos de justicia social. También robando carros de pasteurizadoras de leche para repartirla en los barrios populares de las ciudades y por primera vez planteando un amplio acuerdo entre todos los estamentos de la sociedad colombiana para superar la pobreza, desigualdad y represión imperantes durante largos años de Estado de Sitio permanente, proponiendo este encuentro como el “gran sancocho nacional”, por la variedad y revoltura de sus ingredientes.
Después de la muerte de Bateman en un accidente de aviación y en medio de combates de dirigentes como Jorge Iván Ospina, Fayad, entre otros, asumieron la dirección del M19 carismáticos lideres como Carlos Pizarro León-Gómez y Antonio Navarro Wolf, a quienes les correspondió concretar la desmovilización de esta guerrilla, después de diálogos iniciados en el gobierno de Belisario Betancur, continuados en el de Virgilio Barco y culminados en el de Cesar Gaviria, como abrebocas de la Asamblea Nacional Constituyente de la que salió la Carta Constitucional de 1991.
Llama la atención la variopinta trayectoria de Carlos Alonso Lucio, que al igual que personajes como Roy Barreras y Armando Benedetti han estado en todos los partidos tradicionales de de distintas ideologías, en el caso de Lucio, iniciando como guerrillero a la edad de 15 años para después pasarse desde combatir en el M19, a figurar años después, de asesor de los paramilitares, y fundar un partido, ser representante a la Cámara y ser denunciado, investigado juzgado y condenado por estafa, por la Corte Suprema de Justicia. Más tarde se convirtió en cristiano al igual que su actual esposa Viviane Morales, la exfiscal General a la que De La Espriella acaba de nombrar ministra de Educación, después de Lucio haber sido su asesor estrella desde antes de iniciar la campaña presidencial.
El sentirse influyente e importante sobre el presidente electo, según lo expresado en la entrevista de Cambio, lo hace muy parecido a personajes similares que se le pegaron al presidente Petro y desnuda las ansias e ínfulas de poder mostradas por Lucio, similares a las que desplegó Armando Benedetti con sus chantajes sobre divulgar secretos de la campaña electoral para hacerse nombrar ministro del Interior cuando se sintió desplazado del Palacio Presidencial y su cercanía con el presidente Petro, por su exsecretaria Laura Sarabia.
Aunque no lo han nombrado en cargos de importancia, pero si a su esposa como nueva ministra de Educación, en la comentada entrevista con Cambio, Lucio alardeó de su influencia sobre De La Espriella, y sus aires de odio, envidia y de venganza contra su antiguo camarada de armas del M19, al afirmar qué, Gustavo Petro, debe ser juzgado, extraditado y condenado por traición a la patria, dándole alas a los rumores y la publicación del New York Times, que la ultraderecha colombiana afincada en Miami, aprovechando sus vínculos con Marco Rubio y el senador colombo-americano, Bernie Moreno, estaba conspirando para abrirle investigaciones y acusaciones al presidente Petro con miras a pedirlo en extradición al terminar su mandato.
Esta posibilidad toma fuerza cuando el presidente Petro sigue bloqueado económicamente al ser incluido en la lista Clinton, además con el precedente, de la persecución automática que por pedido del hoy electo presidente de Colombia y por orden del secretario de Estado, Marco Rubio, iniciaron las autoridades norteamericanas contra el periodista Beto Coral, al que esposado lo han paseado por cárceles de varias ciudades norteamericanas para impedir que pueda contratar un abogado defensor.
Las polémicas declaraciones de Carlos Alonso Lucio bloquearon el proceso de empalme presidencial que habían iniciado el vicepresidente Restrepo y el actual ministro de Hacienda, al convertir la transición en un juicio político y legal contra el saliente gobierno y favoreció la continuidad de la lucha política entre la derecha que piensa hacer barrida y afianzarse en el poder y la izquierda que después de unirse en un solo partido, a pesar de perder la presidencia, empieza a organizar la oposición al nuevo gobierno, con la mira a las próximas elecciones regionales de 2027 por alcaldías, gobernaciones, concejos municipales y asambleas departamentales y en cuatro años luchar por recuperar la presidencia.
Definitivamente a este indigesto sancocho nacional antes de la posesión del presidente el 7 de agosto, le están echando mucha pimienta y ají.
También le puede interesar:
Anuncios.


