Las noticias de hoy dan cuenta del bombardeo ordenado por Donald Trump contra varias ubicaciones en Irán, con el argumento de que el ataque contra algunos buques de bandera internacional que transitaban por el estrecho de Ormuz, constituye una violación del cese al fuego pactado. Seguramente Irán no se va a quedar cruzado de brazos y responderá, con lo que las conversaciones sobre el llamado memorial de entendimiento se verán en seria crisis.
No deja de llamar la atención que, en el primer punto de ese memorial, que permitió acordar un cese al fuego, quedó consignado que cesaría todo el accionar militar en la región, lo cual incluye las operaciones militares de Israel en el Líbano y Gaza. Sobre esa materia, desde el primer día, Israel hizo caso omiso, continuando con sus bombardeos criminales en ambos territorios, lo que para el presidente Trump no constituye ninguna violación al cese al fuego. Ni amerita ninguna medida contra su aliado genocida. Es cierto que el paso por Ormuz quedó desbloqueado, pero aún faltan por definirse las condiciones de ese tránsito, que hacen parte precisamente de las conversaciones en curso, intervalo de tiempo en el que Irán y Omán, como estados soberanos, pueden considerar ciertas condiciones para su cruce. Es eso lo que hace la guardia revolucionaria islámica. Todo país defiende su soberanía.
El asunto, que puede acarrear graves consecuencias, entre ellas la reanudación del conflicto y el cierre total del estrecho, ya generó un alza en la cotización del petróleo en las bolsas mundiales. Algo que en los Estados Unidos vienen observando al detalle muchos críticos de Trump, que señalan cómo, con cada decisión suya sobre aranceles, petróleo y gas, se producen movimientos en la bolsa que significan enormes beneficios para su fortuna personal y familiar. Es decir, el más descarado enriquecimiento, cuidadosamente planeado, en uno de los casos de corrupción más grandes cometidos en ese país por cualquiera de sus presidentes. Decisiones así acarrean destrucciones enormes de infraestructura en otros países, así como dolorosas pérdidas de vidas humanas, lo cual no merece ni el reparo del gobierno norteamericano, ni la atención de los grandes medios de comunicación al servicio de sus dolosos intereses.
Por otro lado, el mismo presidente Trump viaja a Ankara, en Turquía, en procura de un acercamiento más estrecho con Erdogán, el presidente de ese país, bajo la cobertura de asistir a otra cumbre de la OTAN, convocada por su secretario general, Mark Rutte, con el propósito de que los países europeos de la alianza consigan un apoyo más decidido de los Estados Unidos contra Rusia, agravando su guerra mal disimulada contra esta. Pedirán dinero y armas.
Para suministrar a Zelensky más apoyo del que le brindan actualmente, a todas luces insuficiente en su propósito de usar a Ucrania como punta de lanza para una guerra abierta con Rusia, país al que tienen como meta derrotar, balcanizar y desaparecer como potencia en el este europeo. Es sabido que, pese a toda la propaganda de la alianza, el ejército ruso avanza incontenible en el Dombás, y que la OTAN suministra a Ucrania misiles, drones e inteligencia. Material bélico que viene usando este último país para lanzar ataques contra el territorio ruso, en particular contra su población civil, a fin de hacerla volver contra el gobierno de Vladimir Putin, con base en el miedo que provocan las acciones terroristas. Ese conflicto está a punto de convertirse en una guerra de dimensiones aterradoras entre Rusia y la OTAN, pues para Rusia es claro que es esta quien está tras Zelensky, por lo que en cualquier momento puede contraatacar.
Vale la pena aterrizar en Colombia y el tormentoso clima político. Petro advierte que denunciará con pruebas, tanto en los Estados Unidos, país donde ocurrieron los hechos, como en Colombia, las maniobras fraudulentas mediante las cuales se atribuyó a De La Espriella el triunfo en las pasadas elecciones. Por lo cual no reconoce su triunfo. Lo cual contrasta con el reconocimiento que hizo el candidato Iván Cepeda del mismo resultado electoral. Pese al cual, solo unos días después, decidió convocar a sus seguidores a la desobediencia civil, desde ya, contra el mismo gobierno de Abelardo. Este, en reacción, ha suspendido el proceso de empalme con el gobierno saliente y sus seguidores hablan de un golpe de estado previo a su posesión. Hasta ahora, lo que Petro ha publicado en sus redes, es que entregará su mandato el 7 de agosto, y que pronunciará su último discurso como presidente el 20 de julio. Día en que convoca a una movilización que despedirá su gobierno.
Mientras tanto, anoche, en Valledupar, se presentó un desfile de viejos camperos, con personal vistiendo prendas militares, en el cual se levantaban banderas del Colombia, del movimiento Firmes por la Patria y del tercer Reich alemán, símbolo del nazismo. Sólo las vías del diálogo civilizado pueden evitarle a Colombia el regreso a oscuras épocas o su repetición aún más intensa.
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