El atentado al senador Alexander López en la vía Panamericana enciende las alarmas de seguridad a pocos días de celebrarse las elecciones presidenciales

 - ¿A quién beneficia la cruda reactivación de la violencia a solo días de que Colombia defina su futuro en las urnas?
Texto escrito por: Omar Orlando Tovar Troches

A solo 11 días de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, el senador del Pacto Histórico Alexander López, junto con otros ciudadanos, fueron víctimas de otro acto terrorista perpetrado por las llamadas disidencias de las extintas FARC. En la tarde del martes 19 de mayo en la vía Panamericana, entre Popayán y Cali, hombres armados bloquearon la vía transnacional y dispararon contra la camioneta blindada que luego hurtaron. El exsenador López había cambiado de vehículo en el último momento para trasladarse en el carro de otro congresista, lo que evitó que él y su conductor pudieran caer en manos de los criminales. El presidente Petro reaccionó con indignación y exigió a la Policía investigar de inmediato, al tiempo que cuestionó por qué la fuerza pública no vigila de forma permanente ese tramo, “atacado permanentemente por el grupo armado”.

Este ataque no es un hecho aislado en esta recta final de campaña electoral por la presidencia de Colombia. Al revisar el histórico de notas periodísticas sobre el orden público, se puede advertir que, en las últimas semanas, grupos ilegales han intensificado los actos de terrorismo en el suroccidente colombiano, desplegando una estrategia de terror con atentados, masacres y amenazas contra líderes sociales y candidatos, que se han incrementado justo cuando todas las encuestas ubican a Iván Cepeda como favorito. En este mismo orden de ideas, al extender la revisión a años anteriores, es posible establecer un vínculo entre el aumento de actos terroristas y los peores índices de credibilidad, aceptación o intención de voto que ha tenido la derecha colombiana.

La actual escalada de violencia ha sido aprovechada por los operadores encargados de ejecutar la supuesta estrategia de manipulación mediática llamada “Proyecto Júpiter”, una presunta millonaria operación del uribismo para generar miedo, indignación e incertidumbre entre los electores, que incluye talleres de adoctrinamiento a trabajadores de grandes empresas y producción masiva de desinformación. En este contexto, no sería de extrañar que esta trama esté vinculada con los hechos revelados en el escándalo conocido como “Honduras-Gate”, que descubrió una red internacional que involucra a Donald Trump, Benjamín Netanyahu y Javier Milei, con el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández como operador para desestabilizar a los gobiernos progresistas de América Latina, incluido el de Colombia.

Al evaluar el desarrollo de las campañas electorales, en medio de este clima de desinformación y de violencia, resulta paradójica la narrativa de la “prensa negra” y de los candidatos de centro y de derecha, en la que se culpa a la política de Paz Total del presidente Petro de la ola de violencia, afirmando que “los grupos ilegales están llenos de plata, llenos de armas, llenos de hombres y envalentonados” y, por lo tanto, los mismos terroristas que enfrentan la política de decomisos de cocaína, destrucción de laboratorios y extradiciones ordenadas por el gobierno de Petro y que, además, perpetraron el ataque a un dirigente del Pacto Histórico, son los mismos terroristas que, según la candidata de Uribe Vélez y el abogado candidato De la Espriella, apoyan a Iván Cepeda.

Como se observa a simple vista, se trata de un relato que se derrumba por su propio peso: ¿cómo puede ser que los mismos grupos que atentan contra la vida de los congresistas del Pacto sean presentados como sus supuestos aliados? ¿Por qué los actos terroristas se incrementan justo cuando la derecha está en aprietos? ¿A quién beneficia el terror de la violencia perpetrada por las llamadas disidencias en este raro relato? La contradicción es tan evidente como la manipulación.

En esta coyuntura, la ciudadanía debe estar alerta. No se trata de restar importancia a la tragedia ni de dejar de exigir justicia por los crímenes que azotan al país; por el contrario, se trata de no caer en la trampa de quienes usan la sangre de las víctimas y de sus ilustres finados para hacer campaña electoral. Mientras la derecha intenta capitalizar el miedo, los hechos demuestran que los principales afectados por la violencia son justamente los líderes del cambio que se atreven a desafiar el statu quo. El llamado es a no dejarse manipular, a rodear al gobierno nacional y a las fuerzas del orden para proteger la vida y la integridad de las personas. La invitación es a blindar las próximas elecciones frente a cualquier intento de desestabilización, manipulación indebida o fraude. El 31 de mayo, la única arma que debe pesar es la conciencia ciudadana.

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Por Nota Ciudadana

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