Tenía 85 años. Orgullo nacional nacido en Bolívar, un infarto apagó su voz que durante seis décadas le dio la vuelta al mundo con los ritmos del Caribe

 - Totó la Momposina, la matrona del floclor colombiano que conquistó las tarimas de todo el mundo

Con unos pocos pesos ahorrados y sin una pensión, Sonia Bazanta Vides, más conocida como Totó la Momposina se despidió de los escenarios el 22 de septiembre de 2024 en el marco del Festival Cordillera. Tras estar sesenta años al frente de las tarimas más importantes del mundo, su cuerpo pedía a gritos un descanso, su voz se empezaba a apagar. Pero aquella tarde, los achaques físicos no pudieron extinguir la llama de Totó, que cerró con broche de oro su inagotable carrera frente a miles de personas en el parque Simón Bolívar, a más de ochocientos kilómetros de distancia de su tierra natal.

Los primeros años de Totó la Momposina

Mientras algunos dicen que Totó nació el 1 de agosto de 1940, otros, como el Banco de la República, aseguran que fue el 15 de agosto de 1948. No obstante, algo de lo que no cabe duda es que nació en una familia de músicos de pura cepa. Su abuelo paterno, Virgilio Bazanta, fue un distinguido clarinetista y director de banda en Magangué; su padre, Daniel Bazanta, se ganaba la vida como zapatero, pero era un devoto de la percusión; su madre, Libia Vides, ejerció como cantora, bailarina y ejecutante de la mandola.

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El apodo Totó se lo puso su padre porque era la única palabra con la que la pequeña Sonia le daba nombre a todo lo que veía

Prontamente, Totó y su familia tuvieron que abandonar las calurosas y polvorientas calles del lejano rincón de la tierra donde habían nacido, huyendo de la guerra civil entre liberales y conservadores que tenía azotado a todo el país. Primero se instalaron en Barrancabermeja, de donde también tuvieron que salir corriendo para llegar a Villavicencio, donde tampoco se pudieron asentar. Finalmente, aprovechando las habilidades zapateras del padre de Totó, la familia Bazanta Vides llegó al barrio Restrepo en Bogotá, un lugar popularmente conocido por la densa concentración de zapateros que lo habitan.

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El primer grupo de Totó la Momposina

Radicados en el barrio Restrepo, la madre de Totó, Libia Vides, regresó a Talaigua, Bolivar, por los tambores que habían dejado. Para 1967 Bogotá no contaba con centros culturales y la familia Bazanta Vides temía que sus raíces se enfriaran en la capital. 

Con la llegada de los tambores, rápidamente empezaron a llegar estudiantes de la Costa Atlántica a la casa del barrio Restrepo. Entre los visitantes figuraban Lucho Bermúdez, Pacho Galán y José Benito Barros. Al mismo tiempo, Totó entró a estudiar al Conservatorio de la Universidad Nacional para aprender técnica vocal, pero no para convertirse en cantante erudita, pues el don que le corría por las venas no iba a florecer entre los acartonamientos de la academia.

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El primer concierto grande del que se tiene registro fue en la Feria de las Flores, en Medellín.

Entre una y otra presentación por toda Colombia, el grupo que nació en la casa de los padres de Totó, en el que ella fungía como cantora, fue cobrando importante relevancia a nivel nacional, llegando al programa Verbo y ritmos de América donde se dieron a conocer por personajes de la talla de Celia Cruz, quien le auguró un futuro esplendoroso a Totó.

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Totó la Momposina se aventuró a conquistar el mundo

Totó era una gitana que encantaba todo lo que pisaba. A principios de los años setenta regresó a su tierra natal para investigar las poblaciones asentadas en la cuenca del río Magdalena y las zonas costeras de la región Caribe. Esto con el fin de encontrarse con los ritmos del Caribe, esos mismos que corrían por sus venas, y que estaban lejos de parecerse a los patrones estáticos que había aprendido en la universidad.

Ese conocimiento le permitió consolidar el sello con el que el mundo entero la conoció. Para 1974, la reputación del grupo ‘La Momposina y sus tambores’ la hizo llegar a oídos de la investigadora y documentalista de la música afrocolombiana, Delia Zapata Olivella, quien llevó a Totó por primera vez fuera de Colombia para que actuara en el Radio City Music Hall de Nueva York.

Fueron dos meses de gira en los que el único momento donde descansaron fue en los intervalos de cada una de las cuatro presentaciones diarias que hacían. Esa ardua experiencia terminó de pulir el inagotable carácter de Totó.

Luego de su paso por Nueva York le llegó una invitación para cantar en un restaurante en Francia. Totó aceptó sin saber que esta sería una de las experiencias más amargas de su vida. El sitio era un espacio propicio para cantar en tanto que para ese momento los franceses solo querían hablar mientras comían. Le pidieron que bajara el volumen de la batería. Totó lloraba en los intermedios.

Cuando iba a regresar a Colombia se estrelló con la sorpresa de que su nombre figuraba en una lista negra del gobierno colombiano por sus supuestos vínculos con la izquierda. Totó decidió quedarse en Francia indefinidamente. Llegó con tres músicos y sin un solo peso a París. El grupo de mimos y músicos callejeros Le Collectif de la Rue Dunois los acogió y los llevó a cantar por el sur de Francia. De esa mezcolanza cultural nació un festival con música francesa, yiddish y colombiana, que además contaba con un cine móvil en un camión. Totó fue un éxito en cada una de las tarimas donde cantó.

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Otro acontecimiento notable tuvo lugar en 1982, cuando fue invitada como parte de una comitiva colombiana para actuar en Estocolmo con motivo de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez.

La recta final de Totó la Momposina

Con ánimo de recargar energías, Totó regresó a Colombia en 1987, pero se volvió a ir en 1991 cuando fue invitada a una reunión de músicos en los estudios Real World, en Inglaterra. Allí deslumbró al productor Richard Blair, quien se convirtió en el manager encargado de catapultar su carrera hacía el estrellato mundial con el lanzamiento de ‘La Candela Viva’.

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En 2011, el Ministerio de Cultura le otorgó el Premio Nacional Vida y Obra por su recorrido en la música y su aporte a la cultura del país. Luego de una serie de reconocimientos que incluyeron un doctorado Honoris Causa de la Universidad Pedagógica, en 2020 se volvió a saber de Totó por una publicación en sus redes sociales donde pedía una colaboración económica a sus seguidores, pues le había llegado la crisis económica de la pandemia sin ahorros y sin pensión.

Por los mismos años se supo que tenía afasia, un trastorno cognitivo y degenerativo que afectaba su capacidad para hablar, leer y escribir. Finalmente, el 19 de mayo de 2026, cuando las nieblas oscuras de la enfermedad habían cubierto la mente de Totó, un infarto en su casa en México se la llevó a los 85 años.

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