El autor analiza cómo la mezquindad, entendida como falta de nobleza y egoísmo extremo, se ha tomado la oposición y los sectores tradicionales en Colombia

 - La mezquindad de una oposición que prefiere ver al país en llamas antes que perder sus privilegios
Texto escrito por: Germán Peña Córdoba

Poco nos detenemos a interpretar de manera amplia y objetiva el verdadero sentido de las palabras. El castellano es rico y diverso en sus acepciones. Existen palabras que dibujan con claridad meridiana el contexto que se desarrolla a nuestro alrededor y, en ocasiones, ni nos enteramos. Así pues, la palabra adecuada y que describe el momento histórico que vivimos en Colombia es la palabra mezquindad. Una extrema mezquindad nos invade y no viene del gobierno de turno.

La mezquindad, de manera profunda, es más que el individualismo, la tacañería o el egoísmo; la mezquindad es falta de nobleza, generosidad y grandeza moral. Un ser mezquino solo piensa en sus intereses y lucha de manera incansable por su propio beneficio, sin pensar en el daño que eventualmente le ocasiona a otros. El mezquino se lleva por delante lo que sea y, sin miramientos, lesiona con tal de ganar. Sus acciones son ruines y egoístas. El mezquino se convierte en cipayo, pierde la dignidad y es capaz de vender su propia patria con tal de recobrar el poder perdido.

Soy partidario de una oposición constructiva, objetiva y sólida. En democracia, la oposición es tan indispensable que "si no la hubiese, habría que inventarla". El tema me recuerda al presidente liberal Virgilio Barco Vargas (1986-1990). Barco era un oligarca de verdad: graduado como ingeniero en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), su familia era dueña de la Concesión Barco, que era una próspera petrolera; Virgilio Barco fue el primero en implantar en Colombia el esquema gobierno-oposición.

Barco rompió con la tradición política que venía desde el Frente Nacional, que consistió en alternarse el poder entre liberales y conservadores. Fueron 16 años de Frente Nacional, o sea, cuatro periodos presidenciales que abarcaron desde 1958 hasta 1974. El Frente Nacional, ideado por Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, era el perverso reparto del poder y cuyo último gobierno fue el de Misael Pastrana Borrero. Todos los gobiernos siguientes al Frente Nacional (Alfonso López Michelsen, Julio César Turbay Ayala y Belisario Betancur) siguieron con el tradicional reparto del poder público.

Fue Virgilio Barco quien, en vez de formar un gabinete de coalición, asumió la premisa que consistía en que el partido que ganara las elecciones asumía toda la responsabilidad de gobierno y el partido que perdiera asumía una oposición constructiva, reflexiva y responsable. La sana premisa de una oposición constructiva se extravió en el camino. El tiempo, como mejor aliado del olvido, puso su cuota trágica.

La actitud mezquina la observamos en este cuatrienio de parte de la mal llamada oposición. Hace poco veíamos cómo, en actitud mezquina, un Congreso filibustero celebraba con alborozo cada vez que tumbaban una reforma social. La actitud mezquina se traslada a unos medios de comunicación que, con su porción de veneno diario en sus noticieros, distorsionan la verdad, se inventan narrativas y desinforman a la opinión pública.

La actitud mezquina procede también de la rancia clase política compuesta por unos expresidentes (excluyo a Ernesto Samper) que tuvieron la oportunidad de gobernar y no impulsaron reformas para disminuir la eterna desigualdad. Hoy, pontifican como si algo bueno hubieran hecho. No podía faltar la mezquindad expresada por sectores de la clase empresarial colombiana que se opusieron al incremento del salario mínimo vital.

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Pero la máxima mezquindad la expresan los conversos. Aquellos que un día fueron y hoy no lo son; ayer fueron entusiastas militantes de la izquierda y hoy pertenecen a la extrema derecha. No hay nada más peligroso que un converso, decía mi abuela Petrona Oliveros: para ella, converso correspondía a un apóstata, o sea, aquel que ha renunciado a su fe. Hoy, de ese lado se encuentran los más destacados convertidos que vomitan a diario su mezquindad. Allí están Carlos Alonso Lucio, Everth Bustamante, Rosemberg Pabón, Jorge Robledo, Angelino Garzón, Carlos Franco, Darío Mejía e incluso José Obdulio Gaviria, que un día fue de izquierda. La lista es larga. Cero credibilidad merecen con su disonancia cognitiva.

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Por Nota Ciudadana

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