Una mirada crítica sobre el uso del VAR y las reglas del fuera de juego, buscando recuperar la emoción y la transparencia en el fútbol

Luis Díaz - El VAR le robó la magia al último gol de Luis Díaz en la Champions
Texto escrito por: Fabio Clareth Olea Massa

El reciente gol de Luis Díaz ante el Paris Saint-Germain fue una oda a la plástica. Sin el videoarbitraje, el mundo futbolero hoy lamentaría la anulación de una obra de arte por un error de apreciación de la jueza de línea. Para fortuna del deporte, el VAR reparó el agravio y validó el tanto; sin embargo, el episodio dejó un sabor agridulce: "La justicia llegó, pero el festejo nació anestesiado por la espera".

Resulta contraproducente que una ejecución de tal calibre vea interrumpida su catarsis por una revisión de medidas imperceptibles. Al congelar el fotograma en el instante en que el balón abandona el botín de Harry Kane, la distancia entre "el guajiro" y Marquinhos era mínima. No existía una ventaja competitiva real, sino una coincidencia anatómica que la tecnología, con su frialdad de laboratorio, casi transforma en infracción.

Una regla en busca de equilibrio

La normativa del fuera de juego requiere una reforma urgente que privilegie la posición del atacante. La FIFA debería considerar un margen de tolerancia: solo cuando exista una diferencia clara —de al menos medio cuerpo— debería señalarse la infracción.

Este cambio sentaría un precedente vital para que el fútbol no se convierta en un ejercicio técnico y distante. La premisa debe ser meridiana: "Si la ventaja no es evidente a la vista humana, no debería ser offside". Una norma de este tipo sería comprensible para el árbitro, gratificante para el jugador y justa para el aficionado.

Más espectáculo, menos rigidez

El fútbol debe evolucionar hacia la transparencia, comenzando por el control real del tiempo. Un reloj visible en el estadio —al estilo del baloncesto— registraría con precisión las interrupciones, garantizando que el tiempo reglamentario se cumpla de forma efectiva y eliminando la arbitrariedad de los descuentos agónicos al final del partido.

Asimismo, es necesario abrir el debate sobre la integridad de la competencia. Las expulsiones deberían mantenerse como una sanción disciplinaria severa (suspensiones y multas), pero permitiendo el ingreso de un reemplazo tras un tiempo determinado. El objetivo es preservar el equilibrio de fuerzas y evitar que un partido se desnaturalice por una inferioridad numérica que condiciona el resultado final.

Bajo esta misma óptica de incentivar el espectáculo, propongo un sistema de puntuación más exigente: "Premiar el empate con goles y castigar el cero a cero con la ausencia total de puntos".

El VAR: de la "Mano de Dios" al laboratorio de micras

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La historia recuerda cómo en México 1986, Diego Maradona anotó la famosa "Mano de Dios" ante Inglaterra. El mundo entero vio la trampa, menos el árbitro. Aquel gol, aunque icónico, dejó la sensación incómoda de que se premió la viveza sobre la legalidad, algo impensable en la era actual.

El VAR llegó para desterrar esas injusticias evidentes, no para diseccionar jugadas hasta el milímetro. El verdadero desafío no consiste en eliminar la tecnología, sino en hallar el equilibrio entre la precisión y la pasión. Un fútbol técnicamente perfecto, pero emocionalmente frío, arriesga su activo más valioso: la emoción.

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Por Nota Ciudadana

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