La ausencia del candidato en los principales debates electorales deja un vacío y limita la discusión sobre los verdaderos orígenes de la violencia en el país

Iván Cepeda - La injustificable ausencia de Iván Cepeda en los debates electorales
Texto escrito por: Rodrigo López Oviedo

Un vacío ostensible en el curso del presente certamen electoral —y que muchos lamentamos— ha sido la ausencia de candidatos claves en los debates que se vienen realizando en importantes escenarios nacionales.

Tales eventos, organizados por los gremios, la academia y, sobre todo, por los grandes medios de comunicación, han sido ocasión para que los asistentes expongan sus criterios sobre los problemas más apremiantes para los colombianos, aunque lo han hecho sin la profundidad que necesitamos y sí con una buena dosis de demagogia.

Es lamentable que a estos eventos no esté concurriendo Iván Cepeda Castro. Desaprovechar estas oportunidades denota una incomprensión del deber político que le asiste a todo aquel que se postule a cargos de elección popular, cual es el de educar al electorado sobre las conveniencias del país y los intereses del sector social que se pretenda representar, en lugar de persistir en la demagogia y demás vicios que pululan en nuestro sistema electivo. Esta miopía solo contribuye a que el electorado mantenga esa condición de baja conciencia que a tan graves errores lo ha conducido en muchos certámenes electorales de antes.

Una alusión recurrente en estos debates ha sido la de la reciente exacerbación de la violencia, a la cual se la ha presentado como consecuencia del programa de "paz total" del presente gobierno. Es precisamente en estos escenarios donde la presencia de Cepeda serviría para esclarecer tal infundio. Primero, para precisar la temporalidad de este mal, que ya supera los ochenta años. Segundo, para señalar su origen en el despojo de tierras a que ha sido sometido el campesinado desde antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Y, tercero, para advertir sobre los factores agregados al fenómeno: el narcotráfico, la minería ilegal y el paramilitarismo.

Consideramos un error que Cepeda se esté negando a participar, o que se haya decido a aceptar bajo un cúmulo de condiciones que ningún otro candidato admitiría, máxime cuando con anterioridad los ha calificado de “marionetas” no dignas de debatir con él, y que prefiere hacerlo con el “titiritero”.

Ojalá pronto abandone esa posición. Su ausencia nos priva de una dialéctica argumentativa y de unas claridades conceptuales que son necesarias a un movimiento popular que hoy, más que nunca, requiere de ellas; un movimiento que está dispuesto a extremar sus esfuerzos por lograr los cambios que el país necesita, como lo demostró por todo el país en las jornadas de este pasado Primero de Mayo.

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Por Nota Ciudadana

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