Las remesas, que siguen siendo tabla de salvación para millones de compatriotas, también conllevan dos grandes problemas. Una solución verde para los hipopótamos

 - De remesas e hipopótamos

Para una parte muy importante de los colombianos las remesas, es decir, los recursos que los compatriotas mandan del exterior, son poco menos que un milagro: llegan en dólares y/o euros, no dependen de las decisones del Estado, ni del humor de Petro y sus ministros, ni mucho menos de decisiones de los burócratas. Las remesas financian mercados, matrículas, arriendos, mejoras al hogar, motos, las cuotas de los autos, y hasta pequeños emprendimientos. Para varios millones de colombianos estos flujos no solo son una red de protección que el Estado no ha sabido tejer, sino que están a salvo de la codicia de las redes de corrupción que muchos funcionarios públicos han armado para apropiarse de los recursos en que el Estado tenga la menor intervención.

Pero esas remesas, cuyo monto hoy puede superar los mil millones de dólares mensuales, conllevan dos enormes problemas:

  • El primero es la llamada ‘enfermedad holandesa” que describe lo que ocurre cuando un país recibe un importante monto de divisas (por petróleo, minería… o incluso remesas) y, como efecto colateral, termina debilitando su propio aparato productivo. En los años 60, en los Países Bajos (Holanda) descubrieron grandes reservas de gas natural. La bonanza disparó las exportaciones y llenó de divisas (moneda extranjera) al país. La moneda local (el florín) se fortaleció tanto que exportar bienes distintos al gas se volvió muy poco competitivo, arriunando a buena parte de los actores en ese sector.
  • Y si bien las remesas son una bendición, también se han convertido en un canal que se ha prestado para algo menos noble: el camuflaje de capitales ilícitos, principalmente recursos del narcotráfico con sus envíos de cocaina y oro. La presencia de flujos ilícitos de los narcotraficantes amplifica el problema del lavado de dinero sin generar ningún beneficio productivo real.

Nadie discute que las remesas son parte importante de la apreciación del peso, fenómeno que tiene en serios aprietos una gran parte de los exportadores en Colombia, principalmente en el sector agrícola como el de las flores, el banano, el aceite de palma, el café y el azúcar. Y si bien al final del día las remesas siguen siendo una tabla de salvación para millones de compatriotas, también son un espejo incómodo: reflejan tanto la solidaridad de quienes se fueron como las fragilidades de un país que aún no logra separar del todo el dinero limpio del turbio.

Por otra parte el problema de los hipopótamos herencia de Pablo Escobar es ecológico, no moral: una especie invasora que altera ecosistemas y cuya población crece sin control. Si en los próximos 4 años no se hace nada, podemos terminar con más de 500 hipopótamos. Y mientras algunos proponen la eutanasia como solución expeditiva, la senadora del Partido Verde Andrea Padilla rechaza de plano este método de control. Propongo una salida intermedia que es el que cada dirigente, congresista o militante destacado del Partido Verde asuma el patrocinio de uno o varios ejemplares, cubriendo costos de manejo, esterilización, monitoreo y protección en hábitats controlados. Es buena hora que la senadora Padilla y los militantes del Partido Verde pongan el bolsillo donde han puesto el discurso.

Del mismo autor: ¿Estamos al borde de la censura totalitaria?          

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Por Mauricio Botero Caicedo

Nació en la fría y lluviosa Bogotá hace 65 años. Es y ha sido empresario, con relativo éxito ya que la voraz e insaciable Dian no ha logrado doblegarlo. Columnista de El Espectador. Detesta a el modelo 'Estatista' y totalitario que la izquierda pretende imponer. Tampoco cree en el 'Estado Niñera'...